CAYUCO
Enrique Muñoz González
“Cuando los ciudadanos se cansan de pagar los errores de sus gobernantes, las urnas terminan cobrando las facturas que el poder se negó a reconocer”.
TRUMP PIERDE : ¿SHEINBAUM GANA O MORENA SE COMPLICA EL 2027?
Donald Trump acaba de recibir uno de los golpes políticos más importantes y duros de su carrera. Los estadounidenses acudieron a las urnas y le quitaron a los republicanos el control de las dos cámaras del Congreso.
Una derrota que modifica el equilibrio del poder en Washington y abre interrogantes sobre sus consecuencias para México.
La pregunta que debemos hacernos es sencilla, pero de enorme trascendencia: ¿la derrota de Trump beneficia al gobierno de Claudia Sheinbaum y a Morena, o representa el comienzo de nuevas presiones políticas rumbo a las elecciones mexicanas de 2027?
Los resultados del martes 3 de noviembre son históricos. Los demócratas recuperaron la Cámara de Representantes y el Senado, conquistando posiciones que durante décadas parecían prácticamente imposibles.
Texas eligió a un senador demócrata por primera vez desde 1988. Kansas hizo lo mismo por primera vez desde 1932 y Carolina del Sur terminó con casi tres décadas sin elegir a un demócrata para el Senado.
No estamos hablando de estados tradicionalmente liberales. Son territorios conservadores que habían sido pilares electorales del Partido Republicano.
En Texas ganó James Talarico; en Kansas, Adam Hamilton. Dos victorias que ayudan a dimensionar el tamaño del cambio político estadounidense.
De acuerdo con Reuters y Associated Press, el costo de la vida, la guerra contra Irán y las preocupaciones por la corrupción fueron factores centrales en el resultado electoral.
Trump ganó la Presidencia en 2024 prometiendo recuperar la prosperidad económica, combatir la inflación y devolverle a Estados Unidos su grandeza.
Dos años después, millones de ciudadanos expresaron su inconformidad con el rumbo del país.
Sus políticas arancelarias encarecieron productos importados y provocaron tensiones comerciales.
La guerra contra Irán contribuyó al incremento de los combustibles y alimentó la incertidumbre económica.
A ello se sumaron cuestionamientos sobre conflictos de interés, negocios familiares y decisiones presidenciales que provocaron controversias incluso entre sectores conservadores.
Pero hay otro elemento que no debe pasar inadvertido: Trump convirtió la lealtad personal en un factor determinante para respaldar candidatos republicanos.
Y las elecciones demostraron que contar con el apoyo del presidente no garantiza la confianza de los ciudadanos.
LA DERROTA DE TRUMP Y SUS CONSECUENCIAS PARA MÉXICO
A partir del 3 de enero de 2027, Trump tendrá que gobernar con un Congreso controlado por los demócratas.
Ya no contará con la misma facilidad para impulsar reformas legislativas, aprobar presupuestos o conseguir la ratificación de sus nombramientos.
Los demócratas también podrán abrir investigaciones sobre las decisiones de su administración y los posibles conflictos de interés de funcionarios y familiares.
Sin embargo, sería un error pensar que Trump quedará políticamente inmovilizado.
El presidente estadounidense conservará importantes facultades ejecutivas, particularmente en materia migratoria, seguridad nacional y relaciones internacionales.
¿Y México? Aquí comienza la parte verdaderamente interesante. Claudia Sheinbaum ha tenido que administrar una relación complicada con un presidente que utiliza los aranceles, las deportaciones y las amenazas comerciales como instrumentos de presión diplomática.
Con un Congreso demócrata, la presidenta mexicana podría encontrar nuevos interlocutores para buscar acuerdos y contener algunas decisiones de Washington.
Pero cuidado. Los demócratas no son necesariamente aliados políticos de Morena, ni están dispuestos a ignorar los problemas de México.
La lucha contra el narcotráfico, el tráfico de fentanilo, el lavado de dinero y la presencia de organizaciones criminales seguirán formando parte de las prioridades estadounidenses.
Y existe una diferencia importante: mientras Trump acostumbra convertir sus amenazas en espectáculos mediáticos, el Congreso puede ejercer presión mediante investigaciones, comparecencias y decisiones presupuestarias.
No sería extraño que legisladores demócratas exigieran explicaciones sobre la cooperación bilateral, el combate al crimen organizado y los resultados de las autoridades mexicanas.
Eso no significa que existan investigaciones específicas contra funcionarios mexicanos derivadas de estas elecciones. Significa que el nuevo equilibrio legislativo abre posibilidades de fiscalización que antes encontraban menos espacio político.
¿MORENA GANA O PIERDE CON LA DERROTA REPUBLICANA?
Para Morena, el escenario tiene dos caras.
La primera es económica.
Si el nuevo Congreso contribuye a moderar las tensiones comerciales, México podría encontrar condiciones más favorables para las inversiones, las exportaciones y la generación de empleos.
Eso ayudaría al gobierno de Sheinbaum, especialmente cuando la economía mexicana necesita certidumbre.
Pero tampoco debemos olvidar que los demócratas estadounidenses tienen sus propias exigencias laborales, ambientales y comerciales.
La revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá seguirá siendo uno de los asuntos fundamentales de la relación bilateral.
La segunda cara es política y de seguridad.
Durante años, Morena ha construido parte de su discurso alrededor de la defensa de la soberanía nacional y el rechazo a las presiones extranjeras.
Con Trump, ese discurso encuentra un adversario claramente identificable.
Pero cuando las exigencias sobre seguridad, narcotráfico o cooperación provienen también de legisladores demócratas, la discusión deja de reducirse a los enfrentamientos personales con el presidente republicano.
El gobierno mexicano tendrá que responder con resultados verificables.
Y aquí aparece una contradicción que Morena deberá resolver: defender la soberanía nacional no elimina la obligación de combatir la delincuencia, garantizar seguridad y rendir cuentas a los ciudadanos.
EL MENSAJE DE LAS URNAS QUE MORENA NO DEBERÍA IGNORAR
Hay una enseñanza particularmente importante en las elecciones estadounidenses.
Los republicanos tenían la Presidencia, controlaban el Congreso y contaban con una poderosa estructura política.
Sin embargo, perdieron ambas cámaras.
¿Por qué?
Porque una parte significativa del electorado dejó de evaluar las promesas y comenzó a juzgar los resultados.
El costo de los alimentos, los combustibles, la vivienda y las preocupaciones por la corrupción pesaron en las decisiones de millones de ciudadanos.
En México, Morena enfrentará sus propias elecciones intermedias en junio de 2027. Y, aunque las circunstancias políticas son distintas, existe una pregunta que cualquier partido gobernante debería hacerse:
¿Hasta dónde alcanza la popularidad de un liderazgo cuando los ciudadanos comienzan a exigir resultados concretos?
Los programas sociales, la organización territorial y la identificación partidista son factores importantes en la competencia electoral mexicana.
Pero no sustituyen la seguridad pública, los servicios médicos, el empleo ni el crecimiento económico.
En Tabasco, por ejemplo, el gobernador Javier May Rodríguez enfrenta demandas relacionadas con la inseguridad, la atención hospitalaria, las oportunidades de trabajo y la inversión productiva.
Los ciudadanos no viven de los discursos pronunciados en Palacio Nacional ni de las estadísticas que se presentan durante las conferencias de prensa.
Viven de sus ingresos, de la tranquilidad de sus familias y de la calidad de los servicios públicos.
La experiencia estadounidense demuestra que incluso los estados considerados bastiones de un partido pueden registrar cambios electorales profundos.
Eso no significa que vaya a repetirse el mismo resultado en México. Significa que ninguna fuerza política debería considerar permanente el respaldo ciudadano.
LA NUEVA RELACIÓN ENTRE WASHINGTON Y PALACIO NACIONAL
Claudia Sheinbaum tendrá que desarrollar una estrategia diplomática más amplia.
No bastará con mantener comunicación con Donald Trump.
También será necesario fortalecer los vínculos con los nuevos dirigentes del Congreso, los gobernadores estadounidenses y los sectores empresariales interesados en conservar la integración económica de América del Norte.
México necesita defender sus intereses comerciales, proteger a sus migrantes y preservar su soberanía.
Pero también necesita demostrar que puede enfrentar sus problemas internos sin esperar que las soluciones lleguen desde Washington.
Los demócratas no llegan al Congreso para resolver los problemas de México.
Llegan con una agenda estadounidense y con la obligación de responder a los electores que les dieron la victoria.
Confundir sus intereses con los del gobierno mexicano sería un error de cálculo.
EL PODER NO ES ETERNO
Donald Trump conserva la Presidencia, pero perdió el control legislativo que facilitaba buena parte de su agenda.
Su partido tendrá que enfrentar una nueva realidad política.
Mientras los demócratas asumirán la responsabilidad de demostrar que pueden transformar el descontento electoral en decisiones de gobierno.
Para México, el cambio representa oportunidades diplomáticas, pero también riesgos comerciales y nuevas exigencias en materia de seguridad.
Para Morena, la lección es todavía más profunda. El poder político no es un cheque en blanco.
Ni la popularidad presidencial, ni las estructuras territoriales, ni el control de las instituciones garantizan por sí solos la permanencia de un partido.
Los ciudadanos pueden respaldar durante años a una fuerza política y modificar su decisión cuando consideran que sus necesidades no están siendo atendidas.
Trump acaba de comprobarlo en las urnas. Y, mientras México se prepara para las elecciones de 2027, convendría recordar que los gobiernos pueden ganar elecciones con promesas, pero necesitan resultados para conservar la confianza ciudadana.
Porque cuando los gobernantes comienzan a creer que el poder les pertenece, los electores todavía conservan la última palabra.
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