TP 220526 Libro José Carlos
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Erwin Macario

Nuevo poemario de José Carlos
A los 90 años del natalicio de José Carlos Becerra, el pasado jueves 21, Adelor Gómez Flores, Humberto Mayans y la palabra y música de Virginia Cabrera, Erwin Córdoba, al piano y Roberto Alfaro, al violín, trajeron la nostalgia, y el anunció de otro libro con 23 poemas inéditos.
Y supimos —recordamos, también— mucho del “poeta de la ausencia, la nostalgia y la pérdida”, como le llamó José Lezama Lima, en carta que José Carlos no leyó.
El nuevo poemario será editado por el Seminario de Cultura Mexicana, Ediciones Monte Carmelo y Gabo Libros —anunció Mayans—, con manuscritos resguardados por María Cristina y Deifilia, hermanas del bardo, que no fueron entregados para la edición de El otoño recorre las islas. Obra poética 1961-1970, editada en 1973 por José Emilio Pacheco y Gabriel Zaid, con prólogo “Los dedos en la llama” de Octavio Paz.
Antes de Relación de los hechos (1967), Becerra había publicado Oscura palabra (1965), que le dieron, en 1969, la beca Guggenheim, que lo llevó a Londres donde escribió Fotografía junto a un tulipán, prólogo de libro dedicado a Andrés Calcáneo Díaz, y tres libros que se hubieran perdido a su muerte, si los amigos y familiares de José Carlos no hubiesen actuado al leer una nota confusa de Excelsior, del 29 de mayo de 1970.
El escueto cable de ANSA, en tercera página: “El arquitecto mexicano Carlos Becerra Ramos murió en un accidente de carretera, en las cercanías de San Vito de los Normandos. Tenía 34 años de edad (sic)”.
Adelor lo narra en el libro que presentó este jueves en Gabo Libros, José Carlos Becerra: morir por la belleza: “la terrible noticia circuló pronto dentro la comunidad tabasqueña, de la que formaban parte dos jóvenes amigos del poeta y su familia, Humberto Mayans y quien esto escribe, ambos de inmediato establecimos comunicación con el poeta arlos Pellicer…(quien) llamó a sus amigos de la Secretaría de Relaciones Exteriores para obtener información de la embajada de México en Italia, para ayudar a la familia Becerra Ramos”. Y se trajo a Villahermosa.
De no ser así, “el cónsul de México en Nápoles hubiera sepultado el cadáver en la fosa común de Brindisi y rematado en subasta pública las pertenencias de Becerra, entre ellas los manuscritos de sus tres libros inéditos”, leo en Wilkipedia.
La Venta, Fiestas de invierno y Cómo retrasar la aparición de las hormigas, se hubiesen perdido para la literatura mexicana. Pero no el próximo poemario.

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