Armagedón

“El muda los tiempos y las edades; quita reyes, y pone reyes; da la sabiduría a los sabios, y la ciencia a los entendidos”
Daniel 2:21

Ninguna mayoría es eterna
Alfredo A. Calderón Cámara
alfredocalderon1960@gmail.com
La lección del poderoso voto lanzado desde Estados Unidos es: ninguna mayoría es permanente. Existe una conclusión de alcance más amplio en las elecciones estadounidenses. Los movimientos políticos que construyen mayorías importantes suelen enfrentar la tentación de interpretar sus victorias como una autorización permanente. La fuerza electoral puede confundirse con una aceptación incondicional de todas las decisiones del gobierno

Los dirigentes pueden considerar que el respaldo obtenido en una elección seguirá vigente aunque cambien las circunstancias económicas, sociales o internacionales. Pero las democracias funcionan mediante autorizaciones temporales. Los electores pueden respaldar a un gobierno en una elección y expresar su inconformidad dos años después. Pueden votar por un partido en el ámbito nacional y por otro en el estatal

Pueden conservar sus convicciones ideológicas y rechazar decisiones específicas de sus representantes. Por eso resulta indispensable distinguir entre la legitimidad de origen y la evaluación continua del desempeño gubernamental. Donald Trump ganó las elecciones presidenciales de 2024 y obtuvo el mandato constitucional correspondiente. Los resultados de noviembre de 2026 no anulan aquella elección. Pero tampoco pueden considerarse irrelevantes

La renovación del Congreso forma parte de los mecanismos mediante los cuales la sociedad estadounidense distribuye el poder político y establece nuevos contrapesos. En ese sentido, el resultado constituye una expresión institucional de los cambios registrados en las preferencias del electorado. Pero sí demuestra que el respaldo electoral del presidente no fue suficiente para preservar las mayorías republicanas ni para garantizar la continuidad de sus aliados en posiciones estratégicas. Y esa diferencia importa

Porque la influencia política no se mide exclusivamente por la capacidad de reunir multitudes o dominar la conversación pública. También se mide por la capacidad de construir acuerdos, conservar mayorías y responder a las expectativas de los ciudadanos. Las elecciones intermedias han modificado esas condiciones. Donald Trump llegó a las elecciones intermedias con la intención de convertir su liderazgo en el principal factor de movilización republicana

Solicitó a los electores votar como si él estuviera en las boletas. Participó activamente en la promoción de candidatos. Defendió su programa político. Y buscó que las elecciones fueran interpretadas como una ratificación de su administración. Sin embargo, la jornada produjo un resultado diferente. Los demócratas conquistaron la gubernatura de Texas y el escaño senatorial disputado en ese estado. También consiguieron victorias importantes en otras entidades tradicionalmente republicanas y, según las proyecciones confirmadas, obtuvieron el control de ambas cámaras del Congreso

Los sondeos de salida identificaron un electorado preocupado por la economía, inconforme con el rumbo nacional y dividido respecto a decisiones fundamentales de política exterior. En conjunto, estos acontecimientos permiten interpretar las elecciones como una expresión significativa de desgaste de la administración presidencial. No constituyen una explicación única de todas las derrotas republicanas. Tampoco permiten anticipar con certeza los resultados de 2028. Pero modifican de manera sustancial las condiciones bajo las cuales Trump deberá ejercer los últimos dos años de su mandato

El presidente conserva la Casa Blanca. Su movimiento continúa siendo una fuerza política importante. El Partido Republicano mantiene presencia territorial e institucional. Sin embargo, la oposición contará con mayores instrumentos para fiscalizar, negociar y limitar determinadas iniciativas del Ejecutivo. Esa es la consecuencia institucional más profunda de la jornada. Entendamos: Trump no perdió la presidencia el 3 de noviembre. Perdió las mayorías legislativas que facilitaban su ejercicio del poder

Y junto con esas mayorías, quedó sometida a examen una estrategia política basada en la identificación de sus candidatos con su liderazgo personal. La experiencia estadounidense recuerda que las victorias electorales no representan cheques en blanco y que ninguna organización política puede considerar indefinida la confianza de sus electores. La legitimidad de un gobierno procede de las urnas, pero su desempeño continúa siendo evaluado por la ciudadanía durante todo el mandato

Cuando un presidente convierte una elección en un homenaje a su figura, también acepta el riesgo de que los ciudadanos la transformen en un mecanismo de rendición de cuentas. Donald Trump pidió que los estadounidenses imaginaran su nombre en las boletas. Los resultados demuestran que esa invitación no produjo la respuesta electoral que esperaba. Porque en democracia el poder puede convocar a las urnas para solicitar respaldo, pero no puede determinar anticipadamente el juicio de los ciudadanos

Y cuando el plebiscito se convierte en castigo, la consecuencia más importante no es solamente quién gana o pierde una elección. Es quién conserva el poder para decidir, quién adquiere facultades para vigilarlo y qué límites establece nuevamente la voluntad ciudadana. La oposición a Trump puede resultar suficiente para explicar una parte de la movilización electoral, pero gobernar una mayoría legislativa exige establecer prioridades, construir acuerdos y responder por decisiones concretas

Reuters ha señalado precisamente esa dificultad: el control del Congreso permitirá a los demócratas ejercer mayores contrapesos, pero también los expondrá a nuevas responsabilidades políticas frente a ciudadanos inconformes con la economía. Por eso, las consecuencias de noviembre no recaen exclusivamente sobre el presidente. También alcanzan a quienes consiguieron las victorias

Los resultados expresan una demanda de cambio, pero no constituyen un programa legislativo detallado ni una autorización ilimitada para cualquiera de los partidos. El desempeño de ambos poderes durante los próximos dos años tendrá importancia para la discusión política rumbo a 2028. La lección de este ejercicio electoral es que ninguna mayoría es para siempre

SEPTIMO SELLO
El derrumbe electoral republicano, la pérdida del Congreso y las consecuencias de convertir una elección en un referéndum sobre el poder presidencial, Estados Unidos acaba de experimentar una transformación importante en su equilibrio político. Las elecciones intermedias del 3 de noviembre de 2026 han producido derrotas republicanas en territorios históricamente conservadores y, de acuerdo con las proyecciones de Associated Press, han entregado a los demócratas el control de la Cámara de Representantes y del Senado

SEPTIMA TROMPETA
El acontecimiento rebasa una disputa ordinaria entre dos partidos. Se desarrolla en el segundo mandato de Donald Trump, quien decidió colocar su liderazgo en el centro de la contienda electoral y pidió a sus simpatizantes que votaran imaginando que él mismo aparecía en las boletas. La estrategia suponía que su influencia personal sería suficiente para movilizar al electorado republicano y proteger a sus candidatos de las dificultades que enfrentaban en sus respectivos estados

SEPTIMA COPA
En el ámbito local, repetidos reclamos de parte de algunos de nuestros lectores, ha recibido el columnista sobre la edición de la segunda parte de los contratos otorgados por el ex titular de la SOTOP, Daniel Casaús Ruz y donde sus amigos del círculo cercano salieron como el jibarito: “locos de contento”, reclaman que compraron palomitas y nada. Ya está lista, no tarda, atendido el reclamo

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