*Armagedón*

*“¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo?”

**Amos 3:3* *

Serenarse: en medio de la tensión

**Alfredo A. Calderón Cámara**

alfredocalderon1960@gmail.com**

La frase pronunciada por Claudia Sheinbaum parece sencilla: “hay que serenarse”. Pero políticamente es mucho más profunda. Porque cuando la presidenta tiene que pedir serenidad a los integrantes de su propio movimiento después de la designación de coordinadores estatales rumbo a 2027, significa que las decisiones internas ya provocaron suficiente tensión como para llegar hasta Palacio Nacional**Sheinbaum defendió públicamente el mecanismo de encuestas de Morena y rechazó que las coordinaciones estatales sean producto de un “dedazo”. Explicó que los estudios contienen diez preguntas con ponderaciones diferentes y sostuvo que el método fue concebido precisamente para impedir que la dirigencia partidista seleccionara unilateralmente a las candidaturas. El problema político no está solamente en lo que dijo. Está en lo que todavía no conocemos**Porque una encuesta puede ser un magnífico mecanismo democrático. Pero una encuesta cuya muestra, cuestionario completo, ponderaciones, levantamiento, empresas participantes, resultados individuales y criterios finales no son conocidos públicamente termina exigiendo algo muy poco democrático: fe. Y la democracia no debería funcionar mediante actos de fe**Morena construyó durante años la narrativa de que las encuestas sustituyeron las viejas negociaciones cupulares. En lugar de que el presidente del partido designe al candidato, se pregunta a la población. En lugar de convenciones controladas por grupos internos, se mide competitividad. En lugar del antiguo “dedazo”, existe supuestamente una decisión estadística. Pero existe una enorme diferencia entre utilizar encuestas y construir un procedimiento verificable alrededor de ellas**Una encuesta no posee legitimidad democrática solamente porque alguien pronuncie la palabra “encuesta”. Tiene legitimidad cuando existen reglas conocidas, metodología verificable, controles, trazabilidad y mecanismos suficientes para que quienes participaron puedan comprender cómo se llegó al resultado. Hasta ahora, Morena había definido coordinadores en diez de las 17 entidades que elegirán gubernatura en 2027: Aguascalientes, Baja California, Campeche, Colima, Guerrero, Michoacán, Querétaro, Quintana Roo, Sinaloa y Zacatecas**La presidenta Sheinbaum sostiene que no existe dedazo. La afirmación merece analizarse con cuidado. Hasta ahora no hay evidencia pública suficiente para afirmar, simplemente por la inconformidad de los perdedores, que las coordinaciones hayan sido decididas personalmente por la presidenta o por la dirigencia nacional. Pero tampoco basta la declaración presidencial para cerrar la discusión**La carga política del problema está precisamente ahí. Cuando los resultados detallados permanecen reservados, la ciudadanía no puede reconstruir completamente el procedimiento. El cuestionamiento lógico entonces no es: “demuestren que hubo dedazo”. También debe preguntarse: “demuestren cómo funcionó realmente la encuesta”. El propio debate periodístico de las últimas semanas ha señalado que Morena ha mantenido bajo reserva diversos ejercicios demoscópicos utilizados para sus definiciones de 2027**Eso produce una paradoja. El instrumento diseñado para combatir la sospecha termina produciendo sospechas cuando no puede auditarse públicamente. Porque si la dirigencia conoce la encuesta, los aspirantes conocen solamente fragmentos y el ciudadano conoce únicamente al ganador, entonces el procedimiento corre el riesgo de convertirse en una caja negra. Entra una lista de aspirantes. Sale un coordinador. Y en medio aparece una palabra casi mágica: encuesta. Muy práctico**El llamado de Sheinbaum a serenarse tiene además otra lectura política. La presidenta sostuvo que el proceso no debe entenderse como una cuestión personal porque lo fundamental es el proyecto. El argumento contiene una idea profundamente arraigada en Morena desde sus orígenes: el movimiento debe estar por encima de las aspiraciones individuales. En teoría resulta coherente. Pero en la práctica produce una pregunta incómoda ¿Hasta dónde debe llegar esa subordinación?**Porque una cosa es pedir disciplina después de una competencia transparente. Otra muy distinta es pedir disciplina cuando algunos competidores cuestionan precisamente el procedimiento. La unidad democrática no significa ausencia de inconformidad. Significa que las inconformidades pueden resolverse mediante reglas suficientemente claras para que incluso quien pierde pueda comprender por qué perdió. Cuando la respuesta política frente al descontento es solamente: “serénense”. existe el riesgo de transformar una discusión sobre procedimiento en un problema de conducta personal**El inconforme deja entonces de ser alguien que cuestiona una metodología y comienza a ser visto como alguien incapaz de anteponer el proyecto a su ambición. Ahí aparece una poderosa herramienta de disciplina partidista. El militante puede reclamar. Pero demasiado reclamo puede interpretarse como deslealtad. Puede cuestionar. Pero demasiado cuestionamiento puede considerarse falta de compromiso con el movimiento. Puede aspirar. Pero después debe aceptar que la encuesta habló. Aunque nunca haya visto completamente la encuesta. Ese es el punto delicado. Serenarse en medio de la tensión**SEPTIMO SELLO**El problema dejó además de ser estrictamente morenista. El Partido del Trabajo decidió apartarse temporalmente del proceso de selección después de expresar que sus planteamientos no estaban siendo suficientemente considerados. Reginaldo Sandoval señaló públicamente que el PT se había sentido desplazado, mientras reportes periodísticos ubican las principales tensiones en Baja California, Zacatecas y Quintana Roo. Eso cambia la dimensión del conflicto. Porque una cosa es administrar aspirantes inconformes dentro del mismo partido. Otra es administrar aliados inconformes**SEPTIMA TROMPETA**El militante de Morena puede recibir el llamado: primero el proyecto. Pero el PT tiene organización propia, registro propio, intereses propios y capacidad para decidir dónde construir coaliciones y dónde competir independientemente. Entonces la palabra “unidad” deja de ser únicamente un principio ideológico. Se convierte en una negociación política. Morena necesita decidir cuánto espacio está dispuesto a conceder a sus aliados. Y sus aliados necesitan calcular cuánto poder territorial están dispuestos a sacrificar para mantener la coalición nacional. Así funcionan las alianzas**SEPTIMA COPA**Durante muchos años Morena construyó su legitimidad criticando precisamente las prácticas internas de los partidos tradicionales. El dedazo. Las imposiciones. Los acuerdos cupulares. Las candidaturas negociadas. Los grupos cerrados. Las decisiones tomadas desde las dirigencias nacionales. Por ello, su estándar político necesariamente es más exigente. No porque la ley le imponga una obligación moral distinta. Sino porque su propia narrativa histórica convirtió esas prácticas en símbolos de aquello que prometía superar*

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