Armagedón

“No fortalecisteis las débiles, ni curasteis la enferma; no vendasteis la perniquebrada”
Ezequiel 34:4

Juan Graham en aprietos, “aguanten vara: Tosca”
Alfredo A. Calderón Cámara
*alfredocalderon1960@gmail.com
Con el relevo en la dirección general del Hospital Juan Graham el 16 de junio del presente y la llegada de Heriberto Tosca Córdova, la mayoría de empleados pensó que la degradación de dicho nosocomio se detendría, el razonamiento decía que no todos los problemas habían nacido con él; pero, es indudable que desde que asumió el cargo sí tiene la responsabilidad administrativa de conocerlos, documentarlos y corregirlos

A casi tres meses de habérsele “dado el beneficio de la duda” y entender que el Hospital Juan Graham es demasiado importante para Tabasco como para permitir que la precariedad termine normalizándose detrás del esfuerzo admirable de sus trabajadores. Se entiende que puede tener un acelerador lineal de última generación que hoy atiende alrededor de 70 pacientes diarios, un avance real que debe reconocerse

Pero un hospital moderno no se construye comprando solamente tecnología espectacular. También necesita que funcionen los elevadores y no hay manera. Tampoco en Urgencias funciona el clima, no hay medicamentos, siguen los problemas de las camillas; lo más terrible, el ambiente de acoso laboral que impide a los empleados hablar, que cuando alguien informe que existe un peligro, la respuesta institucional jamás sea simplemente pedirle que aguante

En medicina existen circunstancias en las que aguantar un poco más no significa resistencia. Revisemos: hay hospitales donde una falla administrativa provoca molestias. Hay otros donde una falla de mantenimiento cuesta dinero. Pero en un hospital de alta especialidad, donde existen pacientes graves, inmunocomprometidos, oncológicos, posquirúrgicos y personas conectadas a equipos de soporte vital, la improvisación puede terminar convirtiéndose en daño clínico

Por eso lo que trabajadores del Hospital Regional de Alta Especialidad “Dr. Juan Graham Casasús” están denunciando no debería reducirse a una inconformidad laboral ni a la eterna disputa entre empleados y funcionarios. Las quejas describen un cuadro que, de confirmarse en toda su extensión, tendría tres dimensiones simultáneas

Un problema de seguridad del paciente, un problema de seguridad del trabajador y un problema de conducción hospitalaria. Y cuando las tres fallas se encuentran dentro del mismo edificio, ya no estamos hablando de un aire acondicionado descompuesto, un elevador parado o un teléfono que no sirve. Estamos hablando de un sistema que comienza a trasladar al trabajador las consecuencias de aquello que la institución no ha podido resolver. Esa es la parte verdaderamente grave

Una de las denuncias más insistentes proviene del servicio de Urgencias. Trabajadores aseguran que llevan semanas laborando bajo temperaturas elevadas, con olores desagradables, ventilación deficiente y una carga considerable de pacientes. En los turnos mencionados se habrían atendido más de 50 personas. Ese número, aislado, no permite declarar técnicamente una saturación, pero combinado con deficiencias ambientales, falta de equipos y presión asistencial, el dato adquiere otro significado

Porque el trabajador sanitario no desarrolla una actividad sedentaria. Camina. Carga. Moviliza enfermos. Utiliza equipos de protección. Canaliza. Administra medicamentos. Realiza procedimientos. Debe conservar concentración durante horas. Y un ambiente excesivamente caluroso puede producir fatiga, deshidratación, irritabilidad, cefalea y disminución del rendimiento físico y cognitivo. Estudios entre trabajadores sanitarios han encontrado precisamente deterioro del desempeño físico y mental asociado al estrés térmico

Por eso afirmar que el aire acondicionado de un hospital es un lujo equivale a no entender cómo funciona un hospital. El control ambiental forma parte de la seguridad asistencial. Un dato particularmente incómodo quien pretenda negar las fallas: el pasado 24 de agosto de 2026, el coordinador estatal de IMSS-Bienestar, Pablo Emmanuel Caso Torres, informó públicamente que se contemplaba renovar equipos de aire acondicionado en distintas áreas del Juan Graham, además de construir dos rampas en el área de emergencias

Entonces alguna necesidad de infraestructura existe. La discusión correcta ya no debería consistir en determinar si los trabajadores “se están quejando demasiado”. La pregunta es: ¿Qué áreas están afectadas, desde cuándo, qué temperaturas están registrando? ¿Cuáles son las medidas provisionales y cuándo quedarán reparadas definitivamente? Eso se resuelve con termómetros, bitácoras de mantenimiento, órdenes de servicio, contratos y fechas. Nadie informa ni sabe, ahí los discursos no funcionan ante la realidad

Mucho más preocupante resulta la denuncia de que la Unidad de Terapia Intensiva también carece de aire acondicionado adecuado. Aquí ya existe una referencia normativa extraordinariamente clara. La NOM-025-SSA3-2013, relativa a organización y funcionamiento de las unidades de cuidados intensivos, establece que deben contar con un sistema de control térmico ambiental y ventilación capaz de mantener una temperatura estable de 24 a 28 grados centígrados, humedad de entre 30 y 60 por ciento, además de condiciones específicas de circulación y renovación del aire

Esto significa qué si efectivamente una UCI se encuentra trabajando sin capacidad de mantener esos parámetros, no estamos discutiendo si médicos y enfermeras sienten calor. Estamos discutiendo el cumplimiento de una condición técnica requerida para una unidad crítica. Y eso merece verificación inmediata. No dentro de tres meses. No cuando llegue otro presupuesto. No cuando se termine el oficio ¡Inmediata!

Una terapia intensiva aloja precisamente a personas con menor margen fisiológico para soportar alteraciones ambientales: ancianos, pacientes ventilados, personas con infecciones graves, pacientes cardiológicos, neurológicos, pos operados complejos, enfermos inmunocomprometidos ¿Quieren más? La climatización y ventilación hospitalarias también cumplen funciones relacionadas con control de humedad, partículas, olores y contaminantes, así como con determinados mecanismos de prevención de transmisión aérea

Los sistemas HVAC hospitalarios existen, entre otras razones, para controlar temperatura y humedad, remover aire contaminado y proteger a pacientes susceptibles. Por eso una UCI no puede manejarse bajo la filosofía del “aguanten tantito”. Mucho menos bajo el “aguanten vara”, del director Heriberto Tosca. Si semejante frase realmente fue pronunciada como respuesta institucional ante un problema de climatización hospitalaria, sería inadmisible. Porque aguantar no es un protocolo clínico. Juan Graham en crisis, “aguanten vara: Tosca”

SEPTIMO SELLO
Las denuncias señalan que llevan meses fuera de servicio y que personal de camillería estaría siendo presionado para subir o bajar pacientes delicados utilizando escaleras. Hay antecedentes públicos que obligan a tomar el asunto con seriedad. Desde 2023 trabajadores habían denunciado deficiencias y falta de mantenimiento en elevadores del hospital. Pero existe además una cuestión básica de seguridad clínica. La NOM-016-SSA3-2012 señala que las dimensiones de accesos, pasillos y puertas del servicio de urgencias deben permitir la movilidad fácil y expedita de camillas, equipos y personal

Por definición, transportar por escaleras a un enfermo que debería desplazarse horizontalmente en camilla introduce peligros adicionales. Puede caer el paciente. Puede caer un trabajador. Puede desplazarse una vía intravenosa. Puede desprenderse un catéter. Puede perderse una línea de oxígeno. Puede producirse una descompensación mientras el equipo se encuentra en un espacio donde maniobrar una emergencia resulta mucho más difícil

SEPTIMA TROMPETA
Todo ello se vuelve todavía más complejo con pacientes obesos, inconscientes, intubados, politraumatizados o hemodinámicamente inestables. La evidencia sobre seguridad ocupacional hospitalaria es contundente: levantar, trasladar y reposicionar manualmente a pacientes es una de las principales causas de lesiones musculoesqueléticas entre trabajadores sanitarios. NIOSH recomienda programas específicos de movilización segura y dispositivos auxiliares precisamente para disminuir lesiones tanto al personal como a los enfermos. Entonces aparecen dos víctimas potenciales de una misma falla: el paciente y el trabajador

Resultaría administrativamente absurdo ahorrar la reparación de un elevador para terminar produciendo una caída de un paciente, una lesión lumbar incapacitante o ambas cosas. También podría parecer menor la queja sobre los nuevos colchones. No lo es. Los trabajadores señalan que determinados materiales dificultan deslizar las sábanas y trasladar pacientes entre cama y camilla, aumentando el esfuerzo físico requerido. Eso debe evaluarse técnicamente

SEPTIMA COPA
Un colchón hospitalario no se selecciona sólo porque sea nuevo, se vea limpio o aparezca correctamente en una factura. Debe ser funcional para la población que atenderá y para los procedimientos de movilización realizados diariamente. Mover repetidamente un paciente de 70, 90 o 120 kilogramos mediante tracción manual no es una actividad inocua. Las guías internacionales de movilización segura insisten precisamente en reducir el levantamiento manual y utilizar dispositivos de transferencia cuando sea posible

Incluso confiar únicamente en una supuesta “buena técnica para cargar” resulta insuficiente frente a determinados pesos y condiciones clínicas. Si enfermeras y camilleros terminan cada jornada con dolor lumbar porque el equipo adquirido dificulta en lugar de facilitar las transferencias, entonces alguien debe preguntarse: ¿Quién evaluó esos colchones antes de comprarlos? ¿Qué criterios técnicos se utilizaron? ¿Quiénes participaron? ¿Enfermería, camilleros, hicieron pruebas, se valoró ergonomía? Se adquirieron equipos para cumplir con la compra, ha quedado demostrado: no necesariamente para resolver el problema

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