CAYUCO
Enrique Muñoz González

“Cuando el crimen decide
quién puede gobernar,
la democracia solamente
sirve para contar votos.”

Anónimo

EL NARCO PUEDE DINAMITAR
LA ELECCIÓN DE 2027

El problema del narcotráfico en México dejó hace mucho tiempo de ser solamente un asunto de policías persiguiendo delincuentes.

Hoy es un problema de Estado, soberanía, instituciones, dinero y poder político. Y, puede convertirse en la bomba que estalle precisamente cuando Morena se prepare para enfrentar las elecciones de 2027.

El gobierno de Claudia Sheinbaum tiene enfrente dos presiones que avanzan peligrosamente una contra otra: por un lado, organizaciones criminales cada vez más violentas y sofisticadas; por el otro, un gobierno de Donald Trump que ya dejó claro que no piensa contemplar desde Washington cómo los cárteles mexicanos continúan enviando drogas hacia Estados Unidos.

El margen para los discursos se está terminando.

La administración estadounidense está golpeando no solamente cargamentos, armas y operadores criminales, sino también dinero, empresas, facilitadores y redes financieras. El propio embajador estadounidense Ron Johnson afirmó recientemente que el objetivo es atacar los recursos que permiten a los cárteles reorganizarse y seguir operando.

Ahí comienza el verdadero dolor de cabeza para México.
Porque seguir la droga conduce al traficante.
Pero seguir el dinero puede conducir mucho más lejos.

Puede llevar a empresarios, prestanombres, funcionarios, policías, autoridades municipales, operadores financieros y eventualmente políticos.

Por eso resulta interesante el planteamiento difundido en X por @GhalebKrame y que sirve como punto de partida para esta reflexión: la infiltración que debería preocupar no sería exclusivamente la del llamado narcopolítico, sino también la eventual existencia de redes criminales dentro de corporaciones encargadas precisamente de combatirlas.

La tesis merece ser investigada, no convertida automáticamente en sentencia.
Un político permanece tres o seis años en un cargo.
Un integrante de una institución de seguridad puede permanecer décadas.

Si durante ese tiempo una organización criminal logra penetrar estructuras de inteligencia, seguridad o procuración de justicia, el problema ya no consiste solamente en comprar una patrulla municipal.

Consiste en penetrar al Estado.
Y entonces aparece una pregunta brutal:
¿Quién investiga a quienes investigan?
México lleva décadas combatiendo al narcotráfico. Han pasado presidentes, procuradores, fiscales, secretarios de Seguridad, generales, almirantes y comandantes.

Han sido capturados capos.
Han caído toneladas de droga.
Se han destruido laboratorios.
Y, sin embargo, los cárteles siguen teniendo capacidad para reclutar, corromper, controlar territorios y modificar sus métodos de violencia.

Incluso han incrementado el uso de coches bomba, drones cargados con explosivos y artefactos improvisados. El reciente atentado en Ojo caliente, Zacatecas, dejó al menos 11 lesionados, mientras autoridades y especialistas han advertido sobre el aumento de estas tácticas.

¿Entonces qué está fallando?
No puede responderse únicamente que faltan soldados.
México ha militarizado buena parte de su estrategia de seguridad.

Tampoco puede decirse simplemente que no existen detenciones. El propio gobierno reportó el 4 de septiembre que, desde febrero de 2025, la Operación Frontera Norte acumulaba 14 mil 270 detenidos, 9 mil 829 armas aseguradas, 9.4 toneladas de cocaína y 53.6 toneladas de metanfetamina, además de miles de laboratorios y áreas de concentración localizados. (Gobierno de México⁠)

Son cifras importantes.
Pero una cosa es contar detenidos y decomisos.
Otra muy distinta es desmantelar las estructuras políticas, financieras e institucionales que permiten sobrevivir al crimen organizado.

TRUMP YA METIÓ EL PIE EN LA PUERTA

Aquí entra Donald Trump.

A Claudia Sheinbaum puede disgustarle la presión estadounidense. Puede denunciar injerencismo y defender, correctamente, que ninguna potencia extranjera tiene derecho a violentar la soberanía mexicana.

Pero existe una realidad imposible de esconder:
Washington está presionando.
Y Palacio Nacional lo sabe.

La propia Presidenta reconoció recientemente que existen reuniones entre el Comando Norte estadounidense y las secretarías mexicanas de Defensa y Marina, aunque aseguró que México ha rechazado operaciones que pudieran afectar la Constitución o la soberanía nacional. (Gobierno de México⁠)

Eso significa que la discusión dejó de ser hipotética.
Estados Unidos quiere resultados.
México quiere cooperación sin intervención.
Y los cárteles continúan operando en medio de esa cuerda floja.

El gobierno mexicano incluso ha retomado una cooperación más estrecha con la DEA después del profundo distanciamiento ocurrido durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador.

La paradoja es extraordinaria.

Durante años la DEA fue presentada desde Palacio Nacional casi como un intruso incómodo.
Ahora México necesita compartir inteligencia con Estados Unidos porque el monstruo criminal creció demasiado.

2027: LA ELECCIÓN QUE QUIERE EL NARCO

Pero el verdadero peligro viene caminando hacia junio de 2027.
No estamos hablando solamente de diputados.

En México estarán en juego más de 20 mil cargos públicos, y especialistas ya advierten sobre el incremento de la violencia política y el interés del crimen organizado por penetrar particularmente los gobiernos municipales.

En 2026 ya se habían documentado decenas de hechos violentos contra actores políticos locales.
El narcotráfico no necesita conquistar Palacio Nacional.

Eso sería demasiado visible.
Le basta algo mucho más práctico:
Controlar municipios. Imponer policías.
Financiar candidatos. Eliminar adversarios. Comprar campañas.
Amenazar familias.

Decidir quién aparece en una boleta y quién debe renunciar antes de registrarse.
El crimen organizado no necesita ganar elecciones. Necesita fabricar candidatos obedientes.

Y el propio gobierno federal parece reconocer la gravedad del problema.

En el mes de mayo, Claudia Sheinbaum anunció una propuesta para crear una Comisión de Verificación de Integridad de Candidaturas, vinculada al INE, que permitiría consultar información de la UIF, CNBV, CNI y FGR para detectar posibles riesgos de vínculos de aspirantes con la delincuencia organizada. (Gobierno de México⁠)

La pregunta inevitable es:
¿Por qué fue necesario llegar hasta allá?
Porque evidentemente existe temor de que el narcotráfico intente sentarse en las boletas de 2027.

EL ENEMIGO PODRÍA ESTAR ADENTRO

Y regresamos al texto que detonó esta columna.
México necesita investigar no solamente al narcopolítico.

También debe investigar seriamente cualquier posible red de corrupción dentro de policías, fiscalías, aduanas, estructuras municipales y, cuando existan indicios concretos, instituciones armadas.

Sin excepciones. Sin vacas sagradas.
Sin utilizar el uniforme como certificado automático de inocencia ni la acusación como condena anticipada.

Porque si algún integrante de una institución destinada a combatir al crimen trabaja para el crimen, entonces cada operativo puede convertirse en información entregada al enemigo.

Cada investigación puede ser filtrada.
Cada captura puede frustrarse.
Y cada decomiso puede terminar siendo solamente una pequeña cuota dentro de un negocio gigantesco.

Por eso 2027 puede convertirse en una pesadilla para Claudia Sheinbaum.
No necesariamente porque Morena vaya a perder las elecciones.

Sino porque antes deberá demostrar que quienes lleguen a las boletas fueron elegidos por los partidos y los ciudadanos, no seleccionados previamente por los cárteles.

Ese será el verdadero examen democrático. Donald Trump seguirá presionando. La DEA seguirá investigando.
El Departamento del Tesoro seguirá buscando dinero.
Los cárteles seguirán defendiendo territorios.

Y mientras Washington jale la cuerda desde el norte y las organizaciones criminales la jalen desde dentro, Claudia Sheinbaum tendrá que decidir hasta dónde está dispuesta a llegar.

Porque combatir al narcotráfico mientras solamente se detiene a sicarios es relativamente sencillo.
Lo verdaderamente peligroso comienza cuando se sigue la ruta del dinero, se abren expedientes y aparecen apellidos conocidos.

Ahí veremos si la lucha contra el narcotráfico es realmente una política de Estado o simplemente otro discurso de Palacio Nacional.

México no puede llegar a las elecciones de 2027 preguntándose solamente quién ganará.

La pregunta mucho más aterradora será:
¿quién decidió previamente quién podía competir?

Porque el día en que un cártel pueda escoger candidatos, financiar campañas, intimidar electores o comprar autoridades, ya no estaremos hablando de infiltración del narcotráfico.

Estaremos hablando de algo infinitamente más grave:
un Estado disputado desde adentro.
Y entonces Trump dejará de ser el mayor problema de Claudia Sheinbaum.
El verdadero problema estará en casa.

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cayuco1957@gmail.com

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