Las piezas de Amelia Taxi, de Uayma y de Víctor Arteaga, de Playa del Carmen utilizan técnicas heredadas por generaciones

Amelia Taxi Chi, de la comunidad de Uayma, Yucatán y Víctor Arteaga, de Playa del Carmen, Quintana Roo, son dos artesanos que relataron cómo ha sido alcanzar el reconocimiento de sus creaciones.

Ambos coincidieron en que el camino hacia la validación de sus creaciones ha sido una travesía marcada por el respeto a la naturaleza y la recuperación de saberes antiguos y han logrado transformar elementos primarios en piezas que trascienden lo utilitario para convertirse en símbolos de una herencia viva que se niega a desaparecer frente a la modernidad.

«Estas técnicas son tradicionales, venimos cuidando, preservando esa cultura, cambiarla sería borrar la memoria de nuestros antepasados ¿no? Venimos trabajando a como nos lo han enseñado nuestros abuelos, nuestros alfareros antiguos; la técnica es solamente la tierra roja, utilizamos únicamente el barro, la tierra blanca y la tierra roja», compartió Amelia Tax Chi, alfarera de cinco generaciones en Uayma, en el marco del anuncio de la Feria Xcaret de Arte Popular Mexicano, realizado en días pasados.

Para Amelia, la alfarería en Uayma enfrentó una crisis profunda con la irrupción masiva del plástico y el vidrio, materiales que por años desplazaron el uso del barro en las actividades cotidianas de la región. Sin embargo, gracias al legado de figuras como Juanita Xul y la labor educativa de su propio suegro, la tradición ha experimentado un resurgimiento. 

Actualmente, dijo, el uso de un nuevo horno libre de humo, facilitado por Grupo Xcaret y Tajín, no sólo ha mejorado la salud de los artesanos al evitar el contacto directo con emisiones tóxicas, sino que también ha permitido alcanzar temperaturas más exactas para perfeccionar el brillo natural de las piezas, el cual se obtiene mediante el pulido manual con piedras suaves y fibras de henequén, sin utilizar barnices ni polímeros.

Por su parte, Víctor Arteaga ha encontrado en la madera un lenguaje espiritual y creativo que desarrolló de manera autodidacta. Relató que su enfoque se centra en la artesanía funcional, creando objetos que van desde tablas con formas orgánicas hasta representaciones de animales, siempre bajo la premisa de no intervenir en la tala de árboles vivos. 

A pesar de los retos que implica trabajar en solitario y la dificultad de encontrar aprendices realmente comprometidos, resaltó que su dedicación lo ha llevado a ser reconocido en importantes plataformas nacionales.

«Es darle una segunda vida, una oportunidad de vida a la madera y conectar tanto con la naturaleza como con un pacto espiritual. Son maderas duras tropicales, muy duras todas, las recojo, las busco en el monte o me las llevan algunas personas, pero mi condición es que sea madera rescatada, que no tiren un árbol para que me la puedan ofrecer», afirmó.

En ambos casos, prevalece la conciencia ambiental y el público comienza a valorar nuevamente los materiales que no dañan el planeta y que, al final de su ciclo de vida, regresan a la tierra sin dejar rastro contaminante.

Con información de La Jornada Maya

Deja un comentario

Tendencias