
Armagedón
“Mas tus ojos y tu corazón no son sino para tu avaricia, y para derramar sangre inocente, y para opresión y violencia”
Jeremías 22:7
Sábanas sucias, agujas vendidas y extorsión en el Hospital del Niño
Alfredo A. Calderón Cámara
alfredocalderon1960@gmail.com
Los señalamientos que emergen del Hospital Regional de Alta Especialidad del Niño “Dr. Rodolfo Nieto Padrón” ya no describen una simple crisis de abastecimiento ni una sucesión de desperfectos aislados. Los testimonios, indican que el Hospital está en una descomposición sistémica en la que convergen negligencia administrativa, fallas sanitarias, opacidad en el manejo de insumos, deterioro de la infraestructura y posibles cobros indebidos a familias que llegan al hospital en uno de los momentos más vulnerables de sus vidas
No se trata únicamente de que falten sábanas, medicamentos, agujas especiales o elevadores. El problema de fondo es que aparentemente se ha quebrado la cadena completa de seguridad del paciente pediátrico. Cuando en un hospital infantil faltan los insumos más elementales, la carencia deja de ser un asunto de almacén y se convierte en un factor de riesgo clínico
Cuando además aparecen versiones de extorsiones, cobros en efectivo, reutilización de material, recetas sin firma y desaparición de medicamentos, el problema rebasa la incompetencia y entra en el terreno de las responsabilidades administrativas, sanitarias y, eventualmente, penales. Entendamos: una sábana sucia no es solamente una imagen vergonzosa. En pediatría, la limpieza hospitalaria no constituye un lujo hotelero. Es parte del tratamiento
Los niños hospitalizados pueden presentar fiebre, vómito, diarrea, secreciones respiratorias, sangrado, heridas quirúrgicas, dermatitis, incontinencia o inmunosupresión. Algunos padecen cáncer, enfermedades hematológicas, alteraciones inmunológicas o infecciones graves. Para ellos, permanecer sobre ropa visiblemente sucia, húmeda o contaminada no representa solamente incomodidad: implica exposición prolongada de la piel y de los dispositivos médicos a fluidos y microorganismos
La escena denunciada es brutal: camas pediátricas con sábanas sucias porque no existen suficientes piezas limpias para sustituirlas. Si esto se acredita, no estamos ante un error doméstico. Estamos ante una falla institucional que afecta directamente la dignidad, la seguridad y el bienestar de niños menores de edad y recién nacidos. Dimensionemos: el problema no es carecer de lavandería propia, sino la apatía y negligencia de las autoridades del hospital por carecer de ropa limpia para los pacientes
La pregunta es ¿Por qué no hay una reserva suficiente ante la ocupación diaria, los cambios por contaminación, las urgencias y los retrasos del proveedor? Entregar, veinte sábanas un día y treinta al siguiente cuando hay alrededor de 300 camas puede sonar a una torpe reacción administrativa, los cambios requeridos por turno y la rotación de pacientes, esas cantidades prueban una total insuficiencia. La ineficiencia es tal que hasta el turno de ayer continuaban existiendo camas con ropa sucia, la respuesta es evidente: les vale
La administración hospitalaria a cargo de César Octavio Solís Zurita no puede funcionar mediante remiendos, llamadas desesperadas y cargamentos improvisados. Parece que, por estar enamorado, olvida que debe contar con un inventario calculado según ocupación, consumo promedio, margen de contingencia, tiempos de lavado y pérdidas por desgaste. No entiende que una sábana no aparece mágicamente porque telefonee al proveedor cuando el problema ya estalló. La previsión -no existe- cuando debería formar parte elemental de su responsabilidad
La impostergable pregunta “¿De cuánto son los negocios?” no debe quedarse como consigna. Debe transformarse en una auditoría documental que el Dr. Pablo Caso debería ordenar: ¿Cuánto se contrató? ¿Con quién? ¿La burbuja? ¿Qué volumen se pagó? ¿Qué volumen se entregó? ¿Quién recibió? ¿Quién firmó? ¿Dónde están las piezas? ¿Por qué los anaqueles estaban vacíos? Ahí debe comenzar una investigación seria. Lo demás son comunicados perfumados intentando tapar el sucio olor del abandono
Las cosas están tan mal que es inaceptable el tráfico de agujas para portacath, empleados ladrones saben que es una emergencia de seguridad clínica; de allí, la especie de extorsión a los afligidos padres y les venden en 600 pesos cada aguja. Detestable hecho que merece investigación y cárcel. El señalamiento se agrava porque son agujas especiales para acceder a los reservorios venosos implantados, deben ser gratis; pero niegan su existencia y extorsionan a los arruinados padres a comprarlas
Un pago entregado “a la mano” a un deshonesto trabajador no puede confundirse con una cuota autorizada. La Ley General de Salud establece la prestación gratuita de servicios, medicamentos y demás insumos asociados para las personas sin seguridad social dentro del esquema de salud para el bienestar. IMSS-Bienestar también presenta oficialmente la gratuidad de medicamentos y suministros como parte de su obligación asistencial
Otro grave problema: el reutilizar agujas para preparar medicamentos no es una solución: es una ruptura de la seguridad. Resulta particularmente delicado que -ante la escasez-, se estén reutilizando agujas “para diluir medicamentos”. Las prácticas seguras establecen que las agujas y jeringas deben emplearse una sola vez. Nadie debe utilizar material previamente usado para ingresar nuevamente a frascos, bolsas o recipientes de medicamentos, porque puede contaminar el contenido y convertir un producto destinado a curar en un vehículo de transmisión
Anote: Los elevadores siguen fuera de servicio. La directora Lucatero no logra comprender que, en un hospital de alta especialidad, son infraestructura clínica. Por ellos se trasladan pacientes en camillas, niños con oxígeno, personas con discapacidad, equipos, medicamentos, ropa, alimentos y personal que debe responder a emergencias. Obligar a trabajadores y familiares a cargar pacientes o equipos por las escaleras, aumenta el riesgo de caídas, lesiones musculoesqueléticas
Cuando averías -como estás- duran meses, ya no puede llamarse falla imprevista. Se convierte en abandono planificado. La Dra. Lucatero sabe que el elevador no funciona, conoce los riesgos, sabe de la caída, accidente y fractura de “Chema” y, aun así, le ha valido y permite que la situación continúe. Eso da una idea perfecta de la valoración de su responsabilidad y del porque el hospital del Niño está casi en ruinas; el panorama es desolador: sábanas sucias, agujas vendidas y extorsión en el Hospital del Niño
SEPTIMO SELLO
Aprovechar la vulnerabilidad de un niño para cobrar un insumo, ocultar un medicamento, negar una receta, reutilizar material o abandonar una cama sucia es una forma ruin de abuso. El Hospital del Niño esta convertido en un mercado clandestino donde el dolor abre oportunidades de negocio; donde una madre con el hijo enfermo tiene que decidir entre comprar una aguja, pagar el transporte o conseguir el medicamento que la institución debía proporcionar
El miedo a las represalias en contra de sus hijos enfermos es el mejor aliado de cualquier red de corrupción hospitalaria. Cuando un hospital pediátrico pierde la ética, la limpieza y el abastecimiento, no sólo se ensucian las camas. Se ensucian sus autoridades. Y cuando la enfermedad de un niño se transforma en oportunidad de negocio, las autoridades del hospital dejan de ser ineficientes para volverse moralmente indefendibles
SEPTIMA TROMPETA
Si familiares están siendo obligados a pagar 600 pesos por una aguja de puerto o a conseguirla por su cuenta, el mensaje que recibe la ciudadanía es devastador: el derecho a la salud depende de la capacidad de pago y no de la obligación del Estado. Cobra suma relevancia la valiente denuncia de la Dra. Silvia Cano, directora de la Fundación Corazones Invencibles Oncopekes, documentado, la fundación ha donado más de 30 agujas para portacath sólo en las últimas dos semanas
Socialmente, el impacto es aún más profundo. Los insensibles extorsionadores del Hospital del Niño no dimensionan que las familias de pacientes pediátricos enfrentan gastos en medicamentos, transporte, alimentación y duermen a la intemperie. Imponerles un pago adicional por un insumo que debe suministrarse sin costo representa una carga económica y emocional que resulta especialmente grave cuando se trata de niños -a veces- sumamente graves
SEPTIMA COPA
Impostergable es que el Hospital del Niño requiere una intervención sanitaria y administrativa externa, no una revisión realizada por las mismas autoridades encargadas de explicar esta ruina y desastre. Debe realizarse un inventario físico y auditoría de medicamentos, agujas Huber, jeringas, material de curación, productos para nebulización, ropa hospitalaria y demás insumos críticos
Ese conteo debe compararse con compras, entradas de almacén, consumos reportados y expedientes clínicos. También deben revisarse los jugosos contratos de lavandería, dónde quedó el dinero del mantenimiento de los elevadores, adquisiciones urgentes y proveedores de material médico. Hay que verificar cantidades, precios unitarios, entregas, facturas, responsables de recepción y posibles penalizaciones omitidas. Regresamos con otros abusos a los pobres niños en odontopediatría y otras áreas, en breve




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