Cayuco

Enrique Muñoz González

«Servirse de un cargo público para enriquecimiento personal resulta no ya inmoral, sino criminal y abominable».

Cicerón.

OCTAVIO ROMERO DEPREDADOR
DE PRESUPUESTOS DE GOBIERNO.

La corrupción gubernamental no es otra cosa que el abuso sistemático del poder público para el saqueo privado. Sobornos, desvío de recursos, nepotismo y extorsión son los tentáculos de un monstruo que devora presupuestos vitales, pulveriza el estado de derecho y dinamita la confianza ciudadana en las instituciones.

Y si de saqueo hablamos, el agrónomo Octavio Romero Oropeza aparece hoy por todos lados. Ojalá fuera para el bien del «pueblo sabio», pero no.

Toda su trayectoria como servidor público está manchada por la sospecha, el tráfico de influencias, el nepotismo, la sombra del huachicol y, ahora, el fraude inmobiliario a costa de las llamadas «Casas del Bienestar» y el Infonavit.

Las alarmas están encendidas: voces internas aseguran que se gesta un fraude monumental contra los derechohabientes, ya que el dinero de la subcuenta de vivienda de los trabajadores está siendo arriesgado deliberadamente para financiar edificaciones a modo.

Su nuevo feudo en el Infonavit está sirviendo para lo mismo que sirvió Pemex: para beneficiar a la red de empresarios que se convirtieron en sus contratistas favoritos.

Para consumar esta depredación presupuestal, Romero Oropeza aplicó la misma fórmula de siempre: trasladó a su «cártel» de incondicionales de Pemex y desempolvó a viejos operadores de cuando fue Oficial Mayor en el Gobierno del Distrito Federal.

La maquinaria del desvalijamiento está aceitada.
Veamos los fríos y alarmantes datos financieros al primer trimestre de este 2026: La cartera vencida del Infonavit bajo la gestión de Octavio Romero escaló a la escalofriante cifra de $410,180 millones de pesos.

Este boquete financiero es más del DOBLE de la cartera vencida de TODA la banca comercial junta, la cual se ubica en $181,441 millones de pesos.
El colapso del Infonavit es 226% mayor que el del sistema bancario privado.

Esto significa, en plata pura, que los ahorros de vivienda de millones de trabajadores y las aportaciones patronales están en riesgo real de esfumarse.

¿ Qué esperan los sindicatos para pegar el grito en el cielo? Se está jugando con el patrimonio de las familias mexicanas. El director general dejó a Pemex hundido en una deuda histórica e impagable, y ahora repite la dosis en el Infonavit. Abran los ojos: estamos ante un depredador profesional de presupuestos públicos.

Durante mucho tiempo pensé que Octavio Romero era simplemente un lastre, una dolorosa carga para Andrés Manuel López Obrador. Hoy reconozco mi error: no era un estorbo, sino un eficiente operador financiero.

Un proveedor de recursos públicos diseñado para fortalecer la economía de la «familia real» del expresidente, enriquecer a sus socios empresariales, engrosar cuentas bancarias y, por supuesto, financiar campañas electorales.

Si a esto le agrega usted, amable lector, que sus auditorías como Oficial Mayor en la CDMX y en Pemex fueron sepultadas bajo el manto de la impunidad absoluta donde jamás se transparentó un solo resultado, el cuadro se completa con su reciente desplante en el Infonavit, donde simplemente no autorizó que su declaración patrimonial fuera pública.

El que nada debe, nada esconde; pero el agrónomo prefiere la sombra.
El cinismo es total: al llegar al instituto, nombró en la Contraloría Interna a un personero de su entera confianza, pero sólo por unos meses. ¿La razón? Catapultarlo después a un cargo clave en el programa de vivienda y dejar la Contraloría acéfala por más de un año.

Una ventanilla de fiscalización vacía es el escenario ideal para las fechorías. Si camina como pato, nada como pato y grazna como pato… es un pato.

Cuando Octavio apareció en la escena política, no era nadie; escasamente rozaba la clase media. Se dio a conocer en Tabasco a través del programa radiofónico Telereportaje, usando el mote de el “Jodí” de joder, para lanzar diatribas contra el gobierno en turno. Después, encontró su mina de oro al cobijo de López Obrador.

Su calidad moral siempre ha estado en entredicho. Su primer gran escándalo no fue político, sino el de un padre irresponsable: el reclamo público de una hija nacida fuera de matrimonio que le exigía la pensión alimenticia. Jamás respondió. Por cierto, si el director del Infonavit no se ha enterado por andar ocupado en los negocios públicos, por esa vía ya es abuelo.

Su permanencia en el gabinete es un verdadero insulto al discurso de la presidenta Claudia Sheinbaum, quien presume una agenda de defensa y apoyo a las mujeres, pero en los hechos, cobija y sostiene a esta clase de lacras. De lo que se salvó Tabasco.
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