
C ayuco
Enrique Muñoz González
“A la presidenta este país
ya se le fue de las manos.
El país se nos está yendo.
El crimen se ha vuelto parte
del paisaje”.
Carlos Manzo
MARINA DEL PILAR UNA BOMBA
DESTRUCTORA PARA MORENA .
.El tiempo, ese juez implacable de la política, terminó por darle la razón a los demonios del pasado. Los tambores de guerra que resonaban en Baja California desde 2022 no eran simples pataletas de pasillo.
Aquel 17 de agosto, cuando el entonces senador del PT, Jaime Bonilla, acusó desde la tribuna de la Comisión Permanente a Marina del Pilar de pactar con el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), el oficialismo prefirió voltear la mirada.
Bonilla no se guardó nada: afirmó que los bloqueos y la quema de vehículos en el estado eran el cobro de factura de un cártel traicionado por la gobernadora. Sentenció, además, que el esquema de seguridad estatal era una copia calca del de Genaro García Luna.
En ese momento, las huestes de Morena cobijaron a su mandataria y tildaron el ataque de bajeza política. Hoy, el escenario apesta a descomposición.
Debido a la filtración de los recientes audios en los que se escucha a Marina del Pilar implorar reuniones con agencias estadounidenses, confesar su pánico a una extradición y ofrecer información de seguridad a cambio de oxígeno, el pasado ha vuelto para cobrar la factura completa.
La defensa de la gobernadora es de una ingenuidad pasmosa: reconoce que las voces son reales, pero se dice víctima de una “trampa” tendida por Bonilla. Niega la traición a la patria; Bonilla, por su parte, se burla de la coartada.
La realidad es cruda y se desmenuza en cuatro frentes que tienen a la mandataria contra las cuerdas:
Crisis total de confianza: El escándalo ya desbordó la humillante cancelación de su visa estadounidense.
La duda que hoy carcome a la opinión pública es demoledora: ¿Por qué una gobernadora en funciones busca desesperadamente la interlocución con supuestos agentes extranjeros y qué estaba dispuesta a entregar a cambio?
La fractura interna en el paraíso guinda es una realidad. El odio jurado entre Marina del Pilar y Jaime Bonilla no solo dinamita la gobernabilidad local, sino que pone en riesgo de muerte la alianza Morena-PT en Baja California de cara a las elecciones de 2027.
La guerra civil en la 4T está declarada.
La narrativa de la traición avanza, aunque la gobernadora jura y perjura que todo quedó en una plática y que jamás entregó información sensible, la oposición ya huele la sangre.
Ofrecer datos de inteligencia estatal a un gobierno extranjero, por simple supervivencia personal, es una puñalada directa a la lealtad institucional.
El blindaje de cristal, desde la Ciudad de México, apareció con el secretario Omar García Harfuch ha salido a apagar el fuego declarando que los audios no constituyen prueba suficiente de un delito penal. Un espaldarazo tibio y de mera forma, que apenas sirve para mantener el barco a flote mientras la marea sube.
Esta es, sin duda, la crisis más grave en la meteórica y hoy tambaleante carrera de Marina del Pilar. Su credibilidad está en ruinas, la división interna de su partido es total y el debate sobre los límites de su prudencia diplomática la deja muy mal parada. Esto ya no es un pleito de lavadero con Bonilla; es una amenaza directa a la estabilidad de la 4T en la frontera.
Por si el escándalo de los audios no fuera suficiente para hundirla, la gobernadora carga con un lastre de alcoba que apesta a complicidad: su exesposo, Carlos Alberto Torres Torres.
Es inverosímil pensar que la mandataria ignoraba los pasos de su cónyuge, lo que políticamente la convierte en cómplice silenciosa de su entorno.
La Fiscalía General de la República (FGR) mantiene abierta una investigación formal contra Torres Torres, derivada de una denuncia interpuesta en 2025. Se le indaga nada menos que por narcotráfico, tráfico de armas, lavado de dinero y delincuencia organizada.
Fuentes periodísticas apuntan a que la carpeta de investigación lo vincula directamente con una red de sobornos al servicio de «Los Rusos», una de las facciones más violentas del Cártel de Sinaloa.
Aunque el exesposo alega inocencia y acusa una «caza de brujas» mediante denuncias anónimas, el Departamento de Estado de los Estados Unidos no se anda con rodeos: en 2025 les revocó la visa a ambos. Washington no necesita emitir comunicados para hacerse entender; el mensaje fue contundente y sepulturero.
Marina del Pilar camina sobre un campo minado que ella misma sembró. Entre el espionaje, la sombra del narcotráfico y la sospecha de la traición, el gobierno de Baja California se le deshace entre las manos.
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