Armagedón

“En toda labor hay fruto; más las vanas palabras de los labios empobrecen”
Proverbios 14:23

De la foto al voto: la distancia de Loly Zubieta
Alfredo A. Calderón Cámara
alfredocalderon1960@gmail.com
La publicación de Dolores “Loly” Zubieta Ruiz recorriendo la colonia Municipal de Tenosique, entregando el periódico Regeneración y agradeciendo “de corazón” el supuesto cariño recibido en los hogares, no es un hecho ni leve ni menor. Es una postal política. Y como toda postal, muestra sólo lo que quiere mostrar: sonrisas, fotos cuidadas, cercanía escenificada y una narrativa de pueblo que intenta parecer espontánea, aunque huela a cálculo desde lejos

El problema no es que camine. Caminar no es delito. El problema es creer que caminar sustituye gobernar, convencer, entender, escuchar y responder. El problema es confundir presencia física con legitimidad política. Porque una cosa es tocar puertas y otra muy distinta es abrir conciencia pública. Una cosa es entregar propaganda y otra entregar soluciones. Una cosa es posar con vecinos y otra lograr que esos vecinos crean, voten y confíen

En Tenosique hay una frase que pesa más que cualquier encuesta: “todos nos conocemos”. Y ahí empieza el verdadero juicio político. En los pueblos, la memoria no se borra con una foto. La gente sabe quién llega por convicción y quién llega por cálculo. Sabe quién camina cuando necesita votos y quién aparece cuando hay problemas. Sabe quién se acuerda del ciudadano sólo cuando el calendario electoral empieza a oler a candidatura

Dolores Zubieta ha intentado instalarse como figura recurrente en la política municipal. Ha sido identificada públicamente como aspirante y candidata eterna a la alcaldía de Tenosique, además de haber tenido trayectoria legislativa local y federal suplente. Pero una trayectoria no siempre construye autoridad moral. A veces sólo revela obstinación e insistencia. Y la insistencia, cuando no viene acompañada de reflexión profunda y autocrítica, se convierte en terquedad política

La pregunta de fondo es brutal: ¿Cuántas veces puede una figura caminar las mismas calles, hablar con la misma gente y seguir sin entender por qué esa misma gente no termina de confiarle el poder municipal? Porque ahí está el dato político más incómodo: la calle la recibe, pero la urna la corrige. La foto la acompaña, pero el voto la limita. El saludo existe, pero la confianza no necesariamente. Y en política, el saludo no gana elecciones; la confianza sí

La entrega del periódico exhibe una práctica cada vez más desgastada: la política de reparto, de volante, de periódico, de consigna impresa. Es la política rupestre: caminar con papeles bajo el brazo como si el ciudadano viviera incomunicado, el político ubica mal a la sociedad como si no existieran redes, conferencias mañaneras, transmisiones oficiales, medios públicos, propaganda digital y una saturación diaria de mensajes gubernamentales

¿De verdad alguien cree que la sociedad necesita que le lleven más propaganda a la puerta? ¿De verdad creen que una familia que enfrenta precios altos, inseguridad, desempleo, servicios públicos deficientes o abandono institucional está esperando otro periódico partidista para resolver su vida? La respuesta social ya está en la calle. Una señora en silla de ruedas lo resumió con una pregunta demoledora a Gerardo Corona en Paraíso: “¿Más mentiras escritas?”. Esa frase vale más que una encuesta

Ahí está la fatiga ciudadana. Ahí está el hartazgo. Ahí está el choque entre el discurso y la realidad. Ahí está el México profundo diciéndole a la clase política que ya no quiere papeles: quiere resultados. La política rupestre cree que la gente todavía vota por repetición. Cree que si se repite mil veces una marca, una consigna o una foto, la ciudadanía terminará aceptando el relato

Pero Tenosique no es una pared vacía para pegar propaganda. Tenosique es memoria, conversación, agravio, esperanza y decepción acumulada. El reparto de periódicos también revela una pobreza de propuesta. Cuando un aspirante no tiene diagnóstico, entrega periódico. Cuando no tiene proyecto, reparte consigna. Cuando no tiene autoridad pública, presume cercanía. Cuando no tiene resultados contundentes, se refugia en la marca partidista

Y esa es una señal peligrosa para cualquier municipio: que la ambición personal dependa más del arrastre nacional que de la credibilidad local. Porque Morena, como marca, es cierto tiene la mayor fuerza nacional. Pero la fuerza de una marca no convierte automáticamente a cualquier aspirante en líder. El partido puede abrir puertas, pero no puede fabricar confianza donde la historia personal no alcanza. El movimiento puede tener narrativa nacional, pero cada municipio cobra su propia factura

En Tenosique, el problema de Loly Zubieta no parece ser de visibilidad. Es de credibilidad. La conocen. La han visto. La han escuchado. La han observado. Y precisamente por eso la resistencia ciudadana tiene más peso. No se trata de desconocimiento; se trata de evaluación social. La política seria exige leer el territorio, no sólo recorrerlo. Leer el territorio significa entender qué duele, qué falta, qué indigna, qué espera la gente

Recorrerlo sólo para tomarse fotos es turismo electoral. Y la sociedad ya distingue entre quien escucha para resolver y quien escucha para publicar. El municipio no necesita aspirantes eternos atrapados en la nostalgia de su propia candidatura. Necesita liderazgos capaces de decir qué harían en realidad si llegaran al poder

Qué harían con los servicios públicos: la basura, el agua, las calles, la seguridad, el empleo, el comercio, las comunidades, el campo, la juventud y la frontera. Tenosique necesita menos periódico y más proyecto. Menos pose y más capacidad. Menos consigna y más gobierno; hasta el momento, la única realidad ficticia es de la foto al voto: esa es la distancia de Loly Zubieta

SEPTIMO SELLO
La frase “estos momentos son los que de verdad cuentan” suena emocional, pero políticamente es débil. Lo que de verdad cuenta no es la foto con vecinos. Lo que cuenta es si esos vecinos viven mejor. Lo que cuenta es si hay resultados. Lo que cuenta es si hay una propuesta municipal seria. Lo que cuenta es si el ciudadano encuentra en esa figura una respuesta o simplemente otra aspiración reciclada

El fondo del asunto es que la política de Dolores Zubieta parece detenida en una época prehistórica: la época en que bastaba caminar, sonreír, entregar propaganda y repetir que se estaba cerca del pueblo. Pero el pueblo ya no es ingenuo. El pueblo compara. El pueblo recuerda. El pueblo murmura. El pueblo castiga. Y cuando el pueblo castiga tres veces, no está confundido: está enviando un mensaje

SEPTIMA TROMPETA
La verdadera tragedia política de los aspirantes rupestres es que confunden movimiento con avance. Caminan mucho, pero no necesariamente llegan a ningún lado. Hablan con muchos, pero no necesariamente convencen a nadie. Publican mucho, pero no necesariamente construyen verdad. Reparten periódicos, pero no reparten soluciones. Tenosique merece una política más adulta. Una política que no trate al ciudadano como receptor pasivo de propaganda. Una política que no use la cercanía como escenografía

Una política que entienda que la dignidad de la gente no se conquista con papeles impresos, sino con respeto, resultados y congruencia. Dolores Zubieta puede seguir caminando. Está en su derecho. Puede seguir entregando periódicos. Puede seguir tomándose fotos. Puede seguir escribiendo mensajes de gratitud en redes. Pero la pregunta que ella misma debe hacerse y que seguirá ahí, fría, incómoda y democrática: si tanto cariño recibe en las casas, ¿Por qué ese cariño no se convierte en confianza mayoritaria en las urnas?

SEPTIMA COPA
Ahí está el punto. La urna no se conmueve con frases bonitas. La urna no comparte publicaciones. La urna no posa para Facebook. La urna responde con una verdad seca: sí o no. Y hasta ahora, Tenosique parece haberle respondido más de una vez que una cosa es abrirle la puerta y otra entregarle el municipio. La política antediluviana cree que todavía basta con tocar puertas

La política moderna sabe que primero hay que tocar la realidad. Y mientras Dolores Zubieta, Bernardo Barrada, Jesús Alejandro Almeida y otros sigan creyendo que repartir periódicos equivale a construir liderazgo, seguirán caminando calles que ya los conocen, saludando ciudadanos que sólo los miden y buscando en la propaganda lo que no han logrado sembrar en la confianza pública. Porque en política, como en la vida, no todo el que camina avanza. Pobres, algunos como el carrusel sólo dan vueltas

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