Oaxaca es un estado lleno de tradiciones que pese al tiempo persisten en los 570 municipios y 8 regiones; una de las más antiguas y que ha sobrevivido por más de 500 años, es la boda de la “niña princesa” en la localidad chontal de San Pedro Huamelula, una unión con una lagarta que representa a la etnia ikoots con el presidente municipal, Daniel Gutiérrez Peña, quien representa a los chontales.
En esta localidad, ubicada en la región de la Costa año con año, el alcalde en turno se casa con la niña, cuyo nombre cambia año con año y que en este 2026 se llama, Ana Cinthia Ramírez Ahumada; de acuerdo Hugo Lenin González García, integrante de los mareños quienes presentan a la lagarta, esta proviene de San Mateo del Mar y llegó a esta municipalidad tras viajar por las playas del Istmo de Tehuantepec y subió por el río, encontrándose con el rey chontal, tras lo cual se enamoran y unen a las dos culturas, los chontales y los huaves.
Para los habitantes de Huamelula explicó, esta unión y sobre todo la presencia de la niña princesa, es una forma de llamar a la abundancia, que se tengan buenas cosechas, lluvia y pesca, para que este sea un año prospero para todos en este municipio, pero por sobre todo que se mantenga un equilibrio entre los humanos y la madre naturaleza.
Indicó que las festividades en honor a San Pedro comienzan desde el 29 de junio con la llegada de la niña princesa, donde se le vistió con indumentaria istmeña y bautizó, para este 30, comienza a recorrer las casas de los mareños y los huaves de la comunidad, quienes hacen una cooperación económica con la niña princesa.
Para José Méndez Martínez originario de esta comunidad, el recibir a la niña princesa en su hogar es una bendición, pues ella trae consigo la abundancia, lluvias, cosecha y pesca; pero además paz; tras este recorrido, regresa a la casa del Capitán de los mareños, donde se ofrece una comida y se viste de novia.
Tras esto, parte en comitiva acompañada de su familia (los mareños) hacia el palacio municipal donde se encuentra encuentra con el novio, quien año con año es el presidente municipal en turno y que en esta ocasión corresponde a Daniel Gutiérrez; ya en la presidencia municipal se realiza una “negociación” entre los ikoots y los chontales, donde los huaves presentan una ofrenda de comida al novio y a los regidores.
Tras esto, vuelve a retomarse la negociación donde el presidente solicita a los mareños demuestren la virtud de la lagarta; sin embargo los huaves le recuerdas que ya estuvo con ella e incluso, tenía un beso de ella en la manga, tras lo cual le ponen una multa de 400 pesos y se realiza la boda.
Finalmente, la pareja se presenta ante la comunidad en la cancha municipal donde bailan y sellan su matrimonio con un beso ante los huaves y chontales, quienes celebran la unión y de las dos etnias y piden por la buena fortuna.
//Con información de La Jornada




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