Fauna nuestra

Nombre científico: Mayamysis bacalarensis
Localización: Laguna de Bacalar y el norte de la Bahía de Chetumal
Descubridores: Manuel Elías Gutiérrez y Diana Estela González Trejo
Método de detección: Trampa de luz
Características: Ojos pedunculados, ausencia de proyección rostral y un marcado dimorfismo sexual

Un hallazgo científico realizado en el sur de Quintana Roo abrió una nueva ventana al conocimiento de la biodiversidad de la península de Yucatán, ya que investigadores lograron describir un nuevo género y especie de misidáceo, un pequeño crustáceo perteneciente al zooplancton, que hasta ahora solo ha sido localizado en la laguna de Bacalar y el norte de la Bahía de Chetumal.

El descubrimiento fue realizado por Manuel Elías Gutiérrez, investigador de El Colegio de la Frontera Sur (Ecosur), Unidad Chetumal, junto con su estudiante Diana Estela González Trejo, del Tecnológico Nacional de México (TecNM), campus Chetumal, quienes identificaron al organismo como Mayamysis bacalarensis, una especie que aparentemente es microendémica de esta región del Caribe Mexicano.

El zooplancton está conformado por organismos que viven suspendidos en el agua y que, debido a su tamaño o capacidad de desplazamiento, no pueden oponerse a corrientes fuertes. Aunque desempeñan un papel fundamental en los ecosistemas acuáticos, gran parte de su diversidad en México continúa siendo poco conocida y numerosas especies permanecen sin descripción científica formal.

Entre los organismos zooplanctónicos de agua dulce más estudiados se encuentran los rotíferos, cladóceros y copépodos. Sin embargo, los misidáceos representan un grupo mucho menos común en ambientes continentales. De las mil 235 especies conocidas en el mundo, más del 90 por ciento habita en ecosistemas marinos.

En el océano estos organismos constituyen una parte importante de las cadenas alimenticias y son conocidos por formar parte del llamado “krill”, alimento fundamental para diversas especies marinas, incluidas algunas ballenas. Hasta ahora, únicamente se habían registrado 118 especies de misidáceos en ambientes de agua dulce o salobre. 

En la península de Yucatán los registros previos se limitaban a cenotes y sistemas subterráneos. El hallazgo en Bacalar representa la primera evidencia de un misidáceo de agua dulce viviendo en aguas abiertas. Los ejemplares fueron recolectados mediante un método poco convencional conocido como trampa de luz, una técnica que atrae a los organismos sin generar las perturbaciones que producen las redes de arrastre utilizadas habitualmente en estudios de zooplancton.

“Estos organismos resultaron ser un género y especie nuevos”, explicaron los investigadores, quienes determinaron que la distribución de Mayamysis bacalarensis está restringida a la laguna de Bacalar y al norte de la Bahía de Chetumal, sin registros en otros cuerpos de agua de la península.

A simple vista, los misidáceos se asemejan a pequeños camarones. La nueva especie presenta características particulares que permitieron diferenciarla de otros grupos conocidos. Entre ellas destacan sus ojos pedunculados, la ausencia de una proyección rostral y un marcado dimorfismo sexual.

Los machos poseen un tercer par de pleópodos extraordinariamente desarrollado, aunque los investigadores aún desconocen la función exacta de estas estructuras durante la reproducción. Las hembras, por su parte, cuentan con un marsupio o bolsa incubadora donde se desarrollan los huevos hasta que emergen los juveniles.

Los análisis genéticos revelaron además que se trata de un linaje muy distinto al de otros misidáceos conocidos. Aunque su origen evolutivo es marino, los científicos estiman que esta especie se separó de sus ancestros hace al menos tres millones de años, desarrollándose de manera independiente en la región.

Pese a la importancia del hallazgo, todavía existe poco conocimiento sobre la función ecológica que desempeña esta especie en los ecosistemas donde habita. Los investigadores consideran que probablemente se alimenta de detritos acumulados en el fondo o de partículas suspendidas en el agua, aunque esta hipótesis aún debe ser comprobada.

El descubrimiento también ha puesto sobre la mesa nuevas interrogantes sobre la salud ambiental de la laguna de Bacalar. Durante el episodio de eutrofización registrado en 2020, cuando el sistema lagunar sufrió cambios drásticos en la calidad del agua tras el paso de la tormenta tropical Cristóbal y el cuerpo de agua adquirió una tonalidad café, las poblaciones de estos organismos disminuyeron de forma considerable.

Los misidáceos son considerados bioindicadores, es decir, organismos capaces de reflejar cambios en las condiciones ambientales de los ecosistemas donde viven. Además, forman parte de las redes tróficas al servir de alimento para otros organismos acuáticos, por lo que su presencia o ausencia puede aportar información valiosa sobre el estado de conservación de los cuerpos de agua.

Para los investigadores, el hallazgo representa apenas el inicio de una nueva línea de estudio, ya que aún se desconoce gran parte de la biología, comportamiento, reproducción y función ecológica de Mayamysis bacalarensis, lo que abre un amplio campo para futuras investigaciones.

“Hasta antes de este descubrimiento, los mísidos de agua dulce solo se habían registrado en cenotes subterráneos de la península de Yucatán. A partir de este hallazgo surgen muchas nuevas preguntas sobre el papel que desempeñan y su biología, pues apenas los hemos descubierto”, señalaron.

El descubrimiento confirma que la laguna de Bacalar continúa siendo un ecosistema de enorme valor biológico y científico, capaz de albergar especies desconocidas para la ciencia y de ofrecer nuevas pistas sobre la evolución y adaptación de la vida acuática en la región.

Con información de La Jornada Maya

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