Armagedón

“Dice, pues, el Señor: Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí”
Isaías 29:13

De los sótanos del adancismo al disfraz de la 4T
Alfredo A. Calderón Cámara
alfredocalderon1960@gmail.com
Muy en su estilo, la diputada federal Betty Milland Pérez decidió volver al territorio con el discurso perfectamente ensayado de quien pretende vender cercanía cuando lo que carga sobre sus espaldas y su sombra huele a ausencia. Sin respetar los tiempos políticos y dejando sentir que vive bajo el puente del sub privilegio, presume recorridos, se toma la foto, escucha dos o tres ciudadanos y arenga avances cómo si esa “aparición fantasmal” bastara para borrar semanas, meses y años de silencio, omisión y conveniencia

El problema de Betty Milland no es que camine. El problema es que camina tarde, no tiene fuerza y lo peor: no levanta, tiene demasiados negativos. Camina cuando se acercan los tiempos electorales. Camina cuando necesita la fotografía. Camina cuando requiere el aplauso. Olvidadiza e indiferente, no caminó cuando Paraíso necesitaba representación firme, voz pública y defensa real; ahí la sociedad se tuvo que rascar con sus propias uñas

La pregunta de los paraiseños es directa y dolorosa: ¿Dónde estaba su diputada federal cuando la refinería ha registrado incendios, incidentes y episodios de preocupación social? ¿Dónde estuvo cuando las comunidades cercanas exigían atención, información y garantías? ¿Dónde estuvo cuando padres de familia, maestros y alumnos de escuelas próximas a la zona industrial necesitaban una voz que los defendiera en la máxima tribuna del Congreso Federal? La respuesta es brutal por sencilla: ¡Betty Milland nunca estuvo!

Esa es la espantosa realidad de Betty Milland: aparece cuando le conviene, calla cuando debe asumir costos y se envuelve en banderas ajenas cuando ya no tiene bandera propia. La misma historia de siempre, hartamente cíclica. La misma Betty Milland que fue impuesta sin mérito político suficiente por Adán Augusto López Hernández como presidenta de la JUCOPO en el Congreso local y ordenaba cerrar las puertas a sus paisanos de Paraíso

La misma que hoy pretende presentarse como defensora del proyecto de Claudia Sheinbaum, aunque durante años su comportamiento político estuvo alineado con los intereses del grupo que ha golpeado, estorbado y confrontado a la presidenta desde dentro del propio movimiento. Ahí está la contradicción: usa a Sheinbaum como escudo, pero su origen político sigue oliendo al adancismo de la “barredora” ¿Ese tipo de autoridades afines al terror social del “adancismo y su barredora” es lo que necesita Paraíso?

Pretende hablar del segundo piso de la Cuarta Transformación, pero su trayectoria la coloca más cerca de los sótanos del oportunismo adancista y las patadas bajo la mesa a los intereses de la silla presidencial que de cualquier piso de transformación verdadera. En las comunidades de Paraíso la gente se pregunta algo todavía más concreto: ¿En qué ha apoyado Betty Milland al gobernador Javier May Rodríguez? La respuesta esperada debería ser al estilo de la presidenta Sheinbaum: “pruebas, pruebas, pruebas”

Porque mientras el gobernador regresa cada mes al territorio, sin vallas, sin filtros y de frente a la gente más vulnerable, la diputada federal aparece apenas cuando el calendario político empieza a calentar. La diferencia es evidente: Javier May suda, camina y gobierna en territorio; Betty Milland hace turismo electoral. Y no basta con repetir que se defienden resultados en infraestructura, programas sociales, educación, salud y desarrollo económico, estadísticas que ni siquiera conoce

Ubiquemos: las palabras de la diputada federal no reparan transformadores, no resuelven apagones, no atienden escuelas, no acompañan comunidades y no sustituyen la presencia política. En Paraíso ha habido comunidades obligadas a cerrar carreteras por quedarse horas y días sin energía eléctrica ¿Y Betty Milland? Ni sus luces. Ironía miserable, porque hasta para hablar de apagones la diputada llegó apagada

La sociedad democrática de Tabasco y Paraíso ya es mayor de edad. Ya no se traga discursos prefabricados, ni frases de campaña envueltas en “amor por México”. La gente sabe distinguir entre quien gobierna con presencia y quien aparece con cálculo. Sabe quién escucha todos los meses y quién sólo vuelve cuando necesita votos. Sabe quién mira de frente y quién manda mensajes desde la comodidad de su propaganda

Paraíso es un pueblo informado, fuerte, trabajador y con identidad. Sus autoridades estatales y municipales han entendido que el territorio no se visita como pasarela, se atiende como responsabilidad. Cada comunidad, cada calle, cada rostro campesino sabe quién ha estado y quién no. Y en esa memoria popular Betty Milland no aparece como representante, sino como ausencia

Por eso su frase sobre la cabecera municipal suena hueca. Dice que no es sólo un punto geográfico, que ahí convergen comunidades, sueños y objetivos comunes. Muy bonito. Muy redondo. Muy de manual de campaña redactado por alguien que cree que el pueblo no piensa. Pero la pregunta sigue intacta y sin una respuesta cuerda o solventada: ¿En qué ha beneficiado realmente a Paraíso que Betty Milland sea diputada federal? “Mmmm, dijo la muda”

Porque Paraíso tiene fuerza, tiene identidad y tiene gente que nunca se rinde. Pero esa gente ha tenido que luchar demasiadas veces sola, abandonada por una diputada que no los representó cuando debía hacerlo. Y en política, la ausencia también vota. La omisión también se cobra. El silencio también tiene memoria. Betty Milland podrá recorrer calles, tomarse fotografías y repetir discursos prestados

Pero en Paraíso ya saben algo fundamental: no todo el que camina el territorio de Tabasco o Paraíso representa al pueblo. Algunos sólo están midiendo el terreno para su próxima ambición, los adelantados que violan los tiempos electorales llevando bajo el brazo el periódico Regeneración, tristemente a la diputada federal la historia la ubica: de los sótanos del adancismo al disfraz de la 4T

SEPTIMO SELLO
Ayer en este espacio, se analizó la sentencia de 60 años -pena máxima- dictada contra Esmelin “N”, el feminicida de Macuspana, análisis que generó no pocos reconocimientos, reflexiones y visiones profesionales. La misma Fiscalía dio los pormenores del sustento de dicha sentencia: “Durante el desarrollo del juicio oral, el personal ministerial presentó y desahogó diversos medios de prueba, entre ellos 15 testimonios de peritos, policías de investigación y testigos, los cuales permitieron acreditar la responsabilidad penal del hoy sentenciado”

Habrá que dimensionar que desde la óptica jurídica, una sentencia condenatoria no termina la batalla legal; apenas inicia una nueva etapa. La vieja máxima señala que “no existe crimen perfecto cuando existe una buena investigación”. Por ello, más allá de la gravedad del crimen que conmocionó a la sociedad, la verdadera prueba apenas comienza para las instituciones

SEPTIMA TROMPETA
Los eventuales recursos de apelación y amparo pondrán bajo escrutinio la calidad de la investigación ministerial, la solidez de las pruebas periciales, la cadena de custodia, la valoración judicial de los indicios y el respeto irrestricto al debido proceso. Si la Fiscalía realizó una investigación técnica, científica y jurídicamente impecable -cómo todo indica que así fue-, los tribunales federales tendrán pocas posibilidades de modificar el sentido de la condena

También, en la apelación se valorará si el Tribunal Superior de Justicia aplicó correctamente los criterios establecidos por la legislación penal y procesal, o si dejó espacios que puedan derivar en una reposición del procedimiento, una reducción de pena o incluso la revocación de la sentencia. La magnitud y crueldad del crimen exigían desde el primer día a los mejores investigadores, criminalistas, peritos y juzgadores

SEPTIMA COPA
En el comunicado oficial la Fiscalía afirmó que el sustento de su veredicto, en el que consiguió pena máxima para el sentenciado, “se refrenda su compromiso de investigar y perseguir los delitos cometidos en contra de las mujeres, garantizando el acceso a la justicia y combatiendo la impunidad mediante investigaciones sólidas y una adecuada representación jurídica ante los tribunales”

La indignación social explicó la necesidad de castigo ejemplar, pero en un Estado de Derecho sólo una investigación sólida y una sentencia jurídicamente blindada pueden garantizar que la justicia sobreviva al paso de los años y a la revisión de los tribunales federales. Porque la verdadera fortaleza de una condena no se mide el día que se dicta, sino cuando resiste todos los recursos legales que intentan derribarla. Esa tortuga tiene todavía demasiada sangre que tirar…

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