
Cayuco
Enrique Muñoz González
“No calientes tanto el horno del odio
que termines quemándote tú mismo.”
Dale Carnegie
EL GOBIERNO DE CLAUDIA SHEINBAUM ODIA A LAS MADRES BUSCADORAS
De manera casi mágica, la CNTE decidió retirarse de sus protestas justo cuando amenazaban con afectar eventos de relevancia internacional. Durante semanas provocaron caos en la Ciudad de México y, sobre todo, lograron atraer y agrupar a diversos movimientos de inconformidad social.
Desde el principio fue evidente que la movilización de la CNTE tenía mucho de simulación política. Había que combatir fuego con fuego. Así, las marchas que sí responden a causas genuinas terminaron relegadas, mientras el gobierno federal recuperaba el control de la agenda pública y del discurso cotidiano.
Entre esas protestas estaban las madres y padres buscadores de personas desaparecidas. Ellos no buscan privilegios ni posiciones políticas; buscan algo mucho más elemental: que las autoridades los escuchen y hagan su trabajo.
Sin embargo, al llegar el momento del partido inaugural del mundial y de los eventos masivos, fueron precisamente las madres buscadoras quienes terminaron golpeadas, empujadas y maltratadas. Lo que las autoridades no hicieron con los maestros de la CNTE, sí lo hicieron con mujeres que llevan años buscando a sus hijos.
No logro entender por qué este gobierno parece sentir tanta animadversión hacia las madres buscadoras.
No las atiende.
No las escucha.
No les hace caso.
Y ahora, además, las reprime.
El supuesto rostro tolerante y humanista del régimen morenista parece haberse desvanecido para mostrar una faceta mucho más autoritaria.
La historia nos ha enseñado que todo poder que deja de escuchar a las víctimas termina recurriendo a la fuerza para silenciarlas.
Las madres buscadoras representan una realidad incómoda para el gobierno de Morena. Cada fosa encontrada, cada resto identificado y cada historia documentada contradicen el discurso oficial de la presidenta Claudia Sheinbaum, que la situación está bajo control.
Yo tengo una explicación. Llegar a los cuerpos de los desaparecidos es acercarse a la verdad. Y la verdad suele ser incómoda para quienes ejercen el poder.
Las madres buscadoras se ven obligadas a entrar en territorios dominados por el crimen organizado, a investigar donde las autoridades no investigan y a descubrir lo que el gobierno de Morena prefieren mantener oculto.
Quizá por eso incomodan tanto.
También porque son un movimiento auténtico, imposible de comprar y difícil de controlar. A diferencia de otros grupos que negocian espacios, presupuestos o posiciones políticas, ellas no tienen otra exigencia que encontrar a sus hijos.
La salida de la CNTE del Zócalo para dar paso al Fan Fest dejó una imagen reveladora: cuando hay voluntad política, los espacios se liberan de inmediato. Cuando se trata de las madres buscadoras, la respuesta suele ser la indiferencia o la represión.
Produce tristeza ver cómo quienes deberían recibir apoyo institucional terminan enfrentando obstáculos oficiales. Los políticos, con demasiada frecuencia, pierden sensibilidad frente al dolor ajeno. Solo quien ha vivido la desaparición de un ser querido puede comprender la desesperación de buscar durante años sin respuestas.
Las madres buscadoras son el rostro más doloroso del fracaso de la estrategia de “abrazos, no balazos”. Son la evidencia humana de que la crisis de desapariciones sigue abierta, más de 133 mil tienen nombres, apellidos, historias y pruebas de que amplias regiones del país han sido rebasadas por la violencia criminal desde hace mucho tiempo.
Por eso resultan tan incómodas para el poder.
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