
Cayuco
Enrique Muñoz González
“La corrupción desmoraliza
y es lo peor que le puede
pasar a una sociedad”.
Adela Cortina
RESTAURANTEROS SE SIRVEN CON
LA CUCHARA GRANDE EN PEMEX
En Tabasco pasan cosas extraordinarias.
Mientras cientos de empresarios de la construcción sobreviven entre licitaciones canceladas, pagos retrasados y una economía que no termina de despegar, hay quienes descubrieron una fórmula mucho más rentable: cambiar las mezcladoras por las parrillas, los planos por los menús y los cascos por los mandiles.
Porque, según las denuncias difundidas en redes especializadas sobre Pemex, hoy parece ser más negocio tener un restaurante que una empresa del ramo petrolero.
Dos casos recientes llaman poderosamente la atención. Ambos involucran a conocidos empresarios restauranteros tabasqueños que, por alguna razón. Pemex tendría que explicar con absoluta claridad, porque han logrado quedarse con contratos multimillonarios.
Las denuncias fueron difundidas por el periodista @Linozentella_ y por Antonio Carrera, de la cuenta @opinarperforando, espacios que desde hace años siguen con lupa los movimientos internos de la petrolera.
Y lo que exponen no es poca cosa.
EL MILAGRO DE LOS 69 MILLONES
De acuerdo con la información publicada por Lino Zentella, Comercializadora Sin Frontera (COMERSINF), ligada a los propietarios del restaurante Rodizio, obtuvo un contrato por casi 70 millones de pesos para suministrar accesorios y misceláneos a equipos de extracción.
Hasta ahí podría parecer una adjudicación más. El problema comienza cuando se revisan los detalles.
La empresa ganó la licitación después de que su único competidor fuera descalificado. Posteriormente, cuando llegó el momento de cumplir con requisitos fundamentales para formalizar el contrato, COMERSINF no pudo presentar la póliza obligatoria que garantizaba la ejecución financiera del servicio.
En cualquier proceso serio, esa omisión habría significado la eliminación inmediata.
Punto final. Gracias por participar.
Pero en Pemex, al parecer, existen reglas para unos y privilegios para otros.
Según la denuncia, apareció entonces la mano salvadora de Joran Gil Jiménez, conocido en los pasillos de la petrolera como “El Baña Gatos”, quien habría operado para conseguir una prórroga extraordinaria y evitar que el negocio se cayera.
Si esto ocurrió como se relata, la pregunta es brutal:
¿Desde cuándo un funcionario tiene facultades para doblar los tiempos administrativos y rescatar empresas que no cumplen con los requisitos que sí se exigen al resto de los participantes?
Porque si cualquier proveedor común hubiera incumplido, hoy estaría fuera de la licitación. Pero cuando existen influencias, compadrazgos y operadores internos, parece que el reglamento se vuelve una sugerencia.
Más grave aún: la empresa arrastra antecedentes relacionados con inconsistencias financieras derivadas de contratos anteriores por cientos de millones de pesos.
Aun así, terminó firmando.Y terminó cobrando.Y terminó ganando.
Demasiadas casualidades para un solo expediente.
EL REYNA DE LOS MARISCOS Y
DE LOS CONTRATOS EN PEMEX
La segunda historia parece escrita por un guionista especializado en humor negro.
Resulta que los propietarios de un conocido restaurante de mariscos también encontraron una veta de oro en Pemex.
La empresa Servicios Industriales de la Sierra, vinculada a los dueños de El Reyna Mariscos, obtuvo una licitación para rehabilitar y dar mantenimiento a motores industriales Waukesha por más de 180 millones de pesos.
Sí, leyó usted bien. Más de 180 millones de pesos.
La pregunta surge sola.
¿Qué experiencia técnica tiene una empresa relacionada con el negocio restaurantero en la rehabilitación de motores industriales de alta complejidad?
¿Dónde adquirieron esa especialización?
¿En la cocina?
¿Entre los cócteles de camarón?
¿En la barra de mariscos?
Pemex tendría que responder.
Porque la percepción pública es devastadora.
Mientras empresas con décadas de experiencia en el sector energético batallan para obtener contratos, compañías vinculadas al negocio gastronómico parecen navegar con extraordinaria facilidad por los complejos procesos de contratación de la petrolera.
Por si fuera poco, la empresa ya había recibido anteriormente otro contrato similar por más de 137 millones de pesos.
Es decir, no estamos hablando de un golpe de suerte.
Estamos hablando de una racha de éxitos difícil de ignorar.
LOS MISMOS NOMBRES,
LOS MISMOS CONTRATOS
Hay otro dato que no pasa desapercibido.
En ambos expedientes aparecen funcionarios que participan en los procesos de contratación.
Los nombres se repiten.
Las firmas se repiten.
Los beneficiarios parecen repetirse.
Y cuando los mismos actores aparecen una y otra vez alrededor de contratos millonarios, las preguntas dejan de ser una exageración y se convierten en una obligación pública.
Porque el dinero que está en juego no pertenece a ningún funcionario.
No pertenece a ningún empresario.
No pertenece a ningún grupo político.
Es dinero de los mexicanos.
EL GRAN BANQUETE
Mientras miles de tabasqueños luchan todos los días por mantener abiertos sus negocios, mientras proveedores legítimos esperan oportunidades y mientras Pemex sigue arrastrando problemas financieros monumentales, hay quienes parecen haber encontrado la mesa principal del banquete.
Y no llegan como invitados.
Llegan directamente a la cabecera.
Por eso estas denuncias no pueden quedarse flotando en redes sociales.
Si son falsas, Pemex debe desmentirlas con documentos, expedientes y absoluta transparencia.
Pero si son ciertas, entonces estamos frente a algo mucho más grave que simples contratos.
Estaríamos viendo cómo el tráfico de influencias, los favoritismos y las relaciones de poder siguen teniendo más peso que la capacidad técnica, la competencia económica y la legalidad.
Quiero pensar que el gobernador Javier May ya conoce estas denuncias.
Y quiero pensar también que la presidenta Claudia Sheinbaum tendrá interés en saber por qué algunos restauranteros parecen estar encontrando en Pemex un negocio mucho más rentable que vender cortes de carne o platillos de mariscos.
Porque una cosa es administrar restaurantes. Y otra muy distinta administrar contratos públicos por cientos de millones de pesos.
La diferencia debería explicarse.
Y cuanto antes.
Denuncias y sugerencias:
cayuco1957@gmail.com



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