Armagedón

“Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen”
Romanos 1:28

Goteras, humedad y quimioterapias pasadas por agua
Alfredo A. Calderón Cámara
alfredocalderon1960@gmail.com
Aunque este espacio es de análisis político, las denuncias del Hospital del Niño no dejan de llegar y reclaman el espacio. Ni modo: va. En oncología pediátrica, la presencia de goteras, inundaciones, humedad persistente y proliferación de hongos dentro de una sala de quimioterapia constituye un problema de bioseguridad de máxima relevancia clínica

No se trata únicamente de una deficiencia de infraestructura: en niños con cáncer, estas condiciones ambientales pueden convertirse en un factor de riesgo directo para complicaciones potencialmente mortales, dada la vulnerabilidad extrema del paciente oncológico pediátrico, eso es lo que por meses no han querido entender las máximas autoridades de dicho nosocomio

Aunque el periodista no estudio pediatría oncológica, para que nuestros lectores comprendan, se recurrió a los sabios consejos de un profesionista en la materia dictan que los niños que reciben quimioterapia presentan una inmunosupresión profunda y variable. Muchos desarrollan: neutropenia severa, disminución de linfocitos, alteración de barreras mucosas, desnutrición secundaria, daño pulmonar inducido por los tratamientos recibidos

Esto significa que microorganismos ambientales que para una persona sana serían inocuos pueden provocar infecciones invasivas graves en estos pacientes. En pediatría oncológica, el ambiente hospitalario es parte del tratamiento. La calidad del aire, la limpieza de superficies y el control de humedad son elementos clínicos, no sólo administrativos. Por ello, las goteras e infiltraciones representan un grave inicio de riesgo biológico

Ubiquemos: lo que las máximas autoridades del Hospital del Niño no quieren entender es que las goteras representan mucho más que agua cayendo del techo. En hospitales, especialmente en áreas críticas, indican: deterioro estructural, posible contaminación de plafones y ductos, acumulación de microorganismos, alteración de sistemas de ventilación. Cuando el agua se filtra en techos y paredes: aumenta la humedad relativa del ambiente, se favorece el crecimiento de mohos microscópicos y se liberan esporas al aire

En las salas de quimioterapia esto es especialmente peligroso porque los pacientes permanecen varias horas inhalando el ambiente contaminado ¿Qué provoca la humedad y hongos: consecuencias respiratorias y sistémicas? La humedad persistente favorece colonias de hongos como: Aspergillus fumigatus, Candida, Mucor, Penicillium y Cladosporium

*Estas son de las complicaciones más temidas en oncología pediátrica. Las esporas del Aspergillus pueden inhalarse fácilmente y alojarse en pulmones debilitados. En niños inmunosuprimidos, el hongo puede: invadir tejido pulmonar, penetrar vasos sanguíneos, diseminarse al cerebro, hígado o corazón ¿Habrá alguna estadística sobre cuántos niños han sufrido por las negligencias criminales que ahí se cometen?

El riesgo aumenta cuando las goteras provocan inundaciones ya que dentro o cerca de áreas hospitalarias ya que generan un escenario todavía más delicado como puede ser la proliferación acelerada de bacterias y hongos, contaminación de pisos y paredes, daño en materiales porosos. En salas de quimioterapia, esto incrementa el riesgo de infecciones nosocomiales, particularmente en niños con catéteres venosos centrales

Durante sesiones prolongadas de quimioterapia algunos medicamentos oncológicos afectan directamente el pulmón, por lo que un ambiente contaminado por la humedad puede acelerar: neumonitis, fibrosis pulmonar e insuficiencia respiratoria. Estas infecciones relacionadas con ambientes contaminados deben obligar incluso a suspender las quimioterapias o prolongar hospitalizaciones. Por estos motivos es de suma importancia que no debe haber goteras o humedad, las evidencias en el Hospital del Niño muestran que es una constante ¿Por qué no se impermeabiliza?

Las fotografías exhiben que las cubetas están a un lado de los sillones donde se aplican las quimioterapias y eso los pediatras oncólogos saben que en los lactantes y niños menores tienen riesgos adicionales por sus vías respiratorias más estrechas, sus pulmones en desarrollo, tienen una menor reserva inmunológica y una mayor susceptibilidad a toxinas ambientales ¿Dónde están los recursos para impermeabilizar las salas de quimioterapia infantil? Esas son las respuestas que debe dar la Dra. Lucatero

Todos en el Hospital del Niño saben que el entorno deteriorado en esas condiciones afecta emocionalmente a los niños, padres incluso al personal médico que lucha con todas sus fuerzas para salvar las vidas de los pequeños. No es posible que las máximas autoridades del Hospital no quieran entender que las goteras, malos olores, humedad visible o áreas inundadas transmiten

Sensación de inseguridad, abandono institucional, pérdida de confianza. Eso en oncología pediátrica, donde el acompañamiento emocional es esencial, el entorno físico influye directamente en la experiencia terapéutica. El columnista al revisar los estándares hospitalarios y bioseguridad se enteró que las áreas de quimioterapia deben cumplir criterios estrictos: control de humedad, ventilación adecuada, filtros especiales, mantenimiento preventivo y vigilancia microbiológica

Luego entonces, la presencia persistente de humedad y hongos puede interpretarse como una falla importante de infraestructura y control sanitario y en hospitales modernos, cualquier evidencia de moho en áreas de pacientes inmunocomprometidos suele activar: protocolos epidemiológicos, cierre temporal de áreas, descontaminación y nada de eso se cumple. No se trata de ser amarillista, pero es evidente que los pacientes pediátricos oncológicos niños no reciben el respeto que merecen

A todo lo anterior añada Usted que el 17 de marzo del presente, por escrito la jefa de Oncología Perla Citlalli Simón informó que se estaban aplicando medicamentos oncológicos caducados en los niños con Leucemia Linfoblástica Aguda, denuncia escrita en el oficio HRAEN/DH/UM/CMI/SO/24/2026 donde la valiente Simón González hace una lista de seis pacientes pediátricos entre 13 y 3 años que siguen esperando radioterapia por orden de prioridad, algunos con recaídas ¿Qué explicación darán al Dr. Farid Adán Pacheco y Orozco?

El Dr. Pacheco y Orozco es un profesionista consciente que en oncología pediátrica prevalece el principio preventivo, que bajo ningún motivo se pueden estar cometiendo estos abusos contra niños indefensos. Que incluso cualquier riesgo potencial amerita intervención inmediata debido a la extrema fragilidad de los pacientes

No se necesita ser un especialista para entender que en el Hospital del Niño en términos pediátricos y epidemiológicos, permitir exposición prolongada de niños con cáncer a ambientes con goteras, humedad o hongos puede representar una amenaza seria para su seguridad, continuidad terapéutica y supervivencia. Que por ningún motivo debe haber quimioterapias pasadas por agua

SEPTIMO SELLO
Por burocracia hospitalaria, durante años la directora Gutiérrez Lucatero ignoró oficios, reportes y quejas verbales de médicos y enfermeras; pero una fotografía de un techo colapsándose sobre un área médica de urgencias tuvo un efecto devastador porque convirtió en una negligencia institucional imposible de maquillar. El desastroso hueco de urgencias no sabe mentir. Un detalle demasiado incómodo para los profesionistas que tenían que trabajar bajo estas lamentables condiciones

Ya es del dominio público en los pasillos del Hospital del Niño que, derivado del compromiso que tiene con la salud y la institución pediátrica, al enterarse el doctor Farid Pacheco reaccionó con incomodidad no sólo por la indolencia y daño físico del inmueble, sino por lo que representa: riesgo sanitario, omisión de mantenimiento preventivo y, sobre todo, la inocultable evidencia de “normalizar tan penosas condiciones de trabajo”

SEPTIMA TROMPETA
Se entiende que un director recién llegado suele tolerar errores operativos menores, pero no puede heredar bombas de tiempo estructurales que pueden explotar mediáticamente o terminar en tragedias humanas, máxime tratándose de un área tan delicada como urgencias de pediatría. Ni la dirección ni la administración del hospital entendieron por meses que un hueco en el techo dentro de un hospital pediátrico no es un detalle estético. Era una alerta roja. Ayer desesperada la Dra. Gutiérrez Lucatero ante la inminente visita el viernes del Dr. Farid Pacheco ¡Mandó a cerrar el milenario hueco!

El hecho que los empleados de mantenimiento hayan sido movilizados “de urgencia para tapar el hueco” después de circular mediáticamente el reporte en redes sociales confirma que dicho problema sí era conocido, totalmente visible y había sido indolentemente ignorado por meses. Entendamos: cuando una institución reacciona en horas ante algo que llevaba meses deteriorado, queda exhibido que no faltaba capacidad de actuar, sino faltaba voluntad o presión suficiente

Aunque lo nieguen las autoridades del Hospital del Niño, así funciona dicha administración: el mantenimiento empezó cuando apareció el miedo. Filosofía institucional basada en “a ver si aguanta otro temporal y ya no llueve tanto”. Lo que hace el miedo de tener mañana la visita del Dr. Farid Pacheco al nosocomio. Los profesionales de la medicina como Pacheco y Orozco muchas veces prefieren no anunciar recorridos precisamente porque buscan ver el estado real de operación antes de que maquillen áreas, escondan desperfectos o improvisen limpiezas relámpago. Uf, el hueco ya fue maquillado

SEPTIMA COPA
La voz de varios empleados dice lo siguiente: “los baños están rotos, las llaves de los lavabos de los baños no sirven, se tienen que tapar el pase de agua porque si no se tira el agua. Ningún baño tiene papel higiénico -cada quien tiene que traer su propio papel de su casa- no hay jabón para lavarse la mano, no hay una cisterna grande para almacenar agua la que esta es chica y cuando se termina todo el hospital se queda sin agua y a veces están los médicos operando y no hay agua” ¿Alguien los escuchará?

Ante tantas denuncias por meses no escuchadas es donde comienzan los verdaderos problemas para una administración cuestionada: ya no basta el discurso, la esperanza de cientos es que las nuevas autoridades empiecen a pedir informes, auditar contratos, bitácoras y evidencia de reparaciones. El punto de fondo sigue siendo el mismo: en un hospital infantil, cualquier deterioro grave deja de ser un asunto político y se convierte en un asunto ético

Urge entender que detrás del concreto roto hay niños enfermos, médicos trabajando bajo riesgo y familias confiando en un sistema que debería protegerlos. Y cuando el techo empieza a abrirse y romperse, también se abre y se rompe la credibilidad institucional

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