Armagedón

“Como la justicia conduce a la vida, así el alma que sigue el mal lo hace para su muerte”
“Proverbios 11:19″

“El poder sin alma de Euclides
Alfredo A. Calderón Cámara
alfredocalderon1960@gmail.com
La novedad del mes: ¡En Cárdenas: el gobierno cobra hasta por divertirse sanamente! En el Tabasco que el gobernador Javier May Rodríguez intenta reconciliar con la paz, el trabajo y la confianza, aparece Cárdenas convertido en laboratorio de autoritarismo: el alcalde Euclides Alejandro, manejado como un títere por su director de Finanzas, Rimmi Sanders Cornelio ha decidido declarar la guerra no al crimen ni a la corrupción, sino a las fiestas familiares

Mientras en los hechos a nivel estatal May Rodríguez predica y practica la concordia y koinonía social; en Cárdenas, el poder municipal impone un castigo inadmisible e irrazonable a los más vulnerables. Una escena tan ilógica como absurda —una parrillada en la puerta de una casa— se ha convertido en símbolo de una política pública que criminaliza la convivencia y convierte la alegría en delito

Sí señor: ¡La escena del delito: una parrillada! El video que circula en redes sociales tomado el domingo muestra la crudeza del nuevo orden cardenense tres patrullas llenas de policías arman un operativo para detener en “flagrancia” a un joven y una indefensa mujer de la tercera edad, ambos son esposados de manera aberrante por agentes municipales por el terrible y aterrador “delito” de asar carne en la entrada de su casa

¡Anarquía total de la autoridad! No hubo orden de aprehensión, ni delito flagrante, ni alteración del orden público. Sólo un asador, una familia y la intromisión de un Estado municipal que, bajo la máscara del orden, aplica lo que parece más ¡Un impuesto a la felicidad social! Los policías actuaron con la torpeza típica de los abusos rutinarios: no explicaron, no mostraron documento alguno que amparara sus acciones, sólo arbitrariamente ejecutaron órdenes invisibles arbitrarias y contundentes

¿Frente a qué está la sociedad cardenense? ¿El nuevo “imperio” de las banquetas de Euclides? Según trascendió el alcalde habría girado una disposición interna —sin publicar en ningún diario oficial ni respaldar con reglamento alguno— donde se establece que toda fiesta o reunión requiere autorización de la Dirección de Finanzas a cargo de Rimmi Sanders Cornelio, previo pago de 7 mil pesos

Corre en redes sociales que: La prohibición alcanza incluso los velorios, los eventos religiosos, las ceremonias escolares y cualquier tipo de convivencia donde se use una calle o banqueta. Además, quien obstaculice una banqueta frente a su domicilio será acreedor a una multa de 90 UMA, es decir, más de 10 mil pesos, y hasta 36 horas de arresto administrativo. En otras palabras: la calle deja de ser espacio público y se convierte en propiedad temporal del Ayuntamiento, el ciudadano tendrá acceso siempre que pague por ello

¡El abuso como política pública! El caso del asador es apenas el primer fruto de esta semilla autoritaria. El gobierno de Cárdenas ha puesto en marcha una maquinaria recaudatoria disfrazada de disciplina social. No hay decreto formal ni consulta pública, sólo el capricho del alcalde convertido en reglamento. El mensaje es claro: “quien no paga, delinque; quien se alegra sin permiso, desafía la autoridad. Quien atraviesa la calle sin permiso también paga las consecuencias”

Lo que en otros municipios es motivo de convivencia sana y paz social, en Cárdenas se trata como un crimen. Es el retorno de los viejos caciques municipales, esos que creen que mandar es lo mismo que humillar, en realidad ¿Qué pensará el alcalde con estas aberrantes acciones? Es evidente que está situación se le salió de control y tendrá que recular o culpar a las redes sociales por dar a conocer la injusta, ilegal y arbitraria actitud de su policía

Cada calle tiene dos banquetas y en Tabasco el contraste es que mientras desde una banqueta el gobernador Javier May predica paz, desde la otra Euclides Alejandro impone miedo, terror y zozobra a la sociedad que gobierna. El contraste no podría ser más evidente. Mientras Javier May promueve un discurso de reconciliación, respeto y construcción de la paz —basado en la confianza ciudadana y el trabajo conjunto—, Euclides Alejandro actúa como una sombra grotesca

El gobernador habla de “una sociedad unida que construye paz”; el alcalde de Cárdenas construye mordazas locales y persigue a sus ciudadanos con reglamentos que no existen. Donde el gobierno estatal busca dignificar al pueblo, el municipal lo convierte en humillado súbdito. No es casualidad que Euclides aspire a ser gobernador. Lo inquietante es que su ejercicio local parece un ensayo general de lo que sería su gobierno: un Estado punitivo, con alcaldes convertidos en jueces, policías en cobradores y ciudadanos tratados como sospechosos delincuentes

Euclides Alejandro a su favor tiene que es un hombre trabajador, pero su estilo político recuerda —en una versión pobremente imitada— a Layda Sansores, la gobernadora de Campeche famosa por su temperamento volcánico y sus decisiones teatrales. Sólo que Euclides no tiene la astucia política de Sansores: sólo copia la represión sin el discurso. Su intolerancia no nace de la firmeza, sino lamentablemente: de la inseguridad de quien no sabe gobernar sin aplastar ni imponer

Resulta sumamente grave que no exista documento oficial alguno que sustente la medida aplicada de manera infame a esta familia. Nadie sabe si el Cabildo ha sesionado sobre el tema, o si el reglamento de policía y buen gobierno ya fue reformado. Todo se sostiene en la interpretación y aplicación unilateral de la ley en la mente del director de finanzas municipal: usando la intolerancia y la anarquía en la obediencia de los mandos operativos. Eso no es gobernar

Esa es la maligna marca de los gobiernos autoritarios: mandan por voz y castigan por reflejo. No necesitan leyes, sólo miedo y terror social. Y en Cárdenas, ese miedo ya empezó a sembrarse entre comerciantes, familias y ciudadanos que no saben cuándo una carne asada o una fiesta infantil puede terminar con esposas y un expediente administrativo que atropella el derecho y la dignidad

Como dice la Biblia, “maldito sea el que oprime al pobre y bendito el que hace justicia al inocente”, Cárdenas merece saber quién merece respeto y quién merece juicio. Porque en este abuso cometido, el video muestra que no es entre partidos ni contra delincuentes, sino entre la razón y la soberbia ejercida contra una sociedad vulnerable. Entre la paz que predica Javier May y el poder sin alma de Euclides Alejandro

SEPTIMO SELLO
Toda esta parafernalia social desatada por la intolerancia del alcalde cardenense es grave ¿Ya olvidaron que apenas el lunes 13 de octubre a doña Eduarda Montoya, una señora de la tercera edad que a sus 65 años cometió el delito de cruzar la calle, siendo atropellada por una camioneta de Tránsito Municipal de Cárdenas con número económico HC 03-636 —conducida por el agente Zacarías “N”— quién sin piedad alguna aplastó y quebró la cabeza bajo la llanta ¿Sirvieron de algo las condolencias de Euclides Alejandro?

¡Para nada! Las evidencias así lo demuestran: ahora el atropello es peor, porque es contra otra indefensa mujer de la tercera edad y un joven que su “delito” fue asar carne en su banqueta en un festejo familiar sano, -sin siquiera estar ingiriendo bebidas embriagantes- el video exhibe como fueron detenidos y esposados como vulgares delincuentes y la sociedad cardenense aterrada se pregunta ¿Hasta cuándo parará la anarquía de Euclides Alejandro?

SEPTIMA TROMPETA
Más allá de lo anecdótico, el caso tiene implicaciones legales profundas. La Constitución protege la libertad de reunión, el uso del espacio público y la inviolabilidad del domicilio. Ningún alcalde puede crear impuestos o sanciones sin la aprobación del Cabildo ni sin publicarlas oficialmente. El decreto invisible de Euclides Alejandro no sólo viola derechos fundamentales; exhibe una peligrosa tendencia: la de transformar la autoridad en dueño del municipio y a los ciudadanos en arrendatarios humillados y aplastados en su propia libertad

SEPTIMA COPA
Tabasco ha conocido gobernantes autoritarios, pero también pueblos que saben resistirlos. Cárdenas no merece un liderazgo que reprima a los suyos, la sociedad no le dio la confianza del voto a Euclides para vivir bajo esa anarquía. En tiempos donde la delincuencia organizada y la corrupción siguen amenazando la seguridad, ver a la policía municipal arrestar ancianos por asar carne es un insulto a la inteligencia y una afrenta a la justicia

La historia no recordará a Euclides Alejandro por sus obras amañadas o la maquinaria que compró; sino por las heridas sociales que está dejando a su paso y las escenas grotescas de doña Eduarda Montoya cruelmente muerta bajo las llantas de la camioneta de la policía o el estrambótico video de un cumpleaños interrumpido por esposas en los brazos de una anciana de la tercera edad y un joven, ambos ciudadanos inocentes, atropellados por patrullas llenas de policías cometiendo abusos de autoridad. Perenne etiqueta en la frente del alcalde.

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