
A. DÍAZ//
Libros de Texto, totalmente politizados//
Cada seis años, el gobierno en turno, suele cambiar lo eslóganes. Logotipos, colores, tipografía; en fin, todo el diseño institucional.
Lo mismo pasa con planes, programas y políticas públicas. Es el caso de los libros de texto gratuitos.
Fue el 12 de febrero de 1959, cuando el presidente López Mateos, emitió el decreto para crear la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos (Conaliteg).
Según, no habría ya, distingos entre niños de escuelas primarias públicas y privadas, rurales y urbanas.
Así, el 1º de septiembre de 1959, el presidente ordenó que se imprimieran 16 millones de ejemplares de libros de texto, que se entregarían en 1960.
Para cumplir, la comisión presidida por el escritor Martín Luis Guzmán, convocó a escritores y pedagogos para que «participaran en la redacción de los libros de texto, cuadernos de trabajo gratuitos e instructivos correspondientes a los seis grados de la educación primaria» (Conaliteg, 1959).
Fue la culminación de un largo recorrido, desde mitad del siglo XIX, surgiendo el Estado mexicano; como editor, autor y distribuidor de un material educativo gratuito, único y obligatorio.
La primera Conaliteg se conformó con personas de las esferas intelectual, académica, política, magisterial, de formadores de opinión y empresarios, encabezados por el escritor Martín Luis Guzmán Franco.
Éste fue acompañado, entre otros, por: Miguel Ángel Menéndez Reyes, poeta, periodista y diplomático; Arturo Arnáiz y Freg (Historiador y jefe del Departamento de Prensa y Publicidad de la SCOP); Agustín Arroyo Ch. (ex gobernador de Guanajuato y gerente general de PIPSA, S.A.).
También: Alberto Barajas (doctor en Matemáticas, coordinador de Ciencias en la UNAM y presidente del Consejo Consultivo de la Comisión Nacional de Energía Nuclear), José Gorostiza (poeta tabasqueño), Gregorio López y Fuentes (escritor y periodista) y Agustín Yáñez.
El 16 de enero de 1960, se entregaron en la escuela rural Cuauhtémoc, del municipio de El Saucillo, en San Luis Potosí, a la niña María Isabel Cárdenas, los primeros libros de texto gratuitos:
La primera generación de libros de texto (1960) llevaban en la portada héroes de la independencia y la revolución para infundir patriotismo en la niñez mexicana. En la segunda (1962), se comenzó a utilizar la imagen de “La Patria”, de Jorge González Camarena.
El 20 de febrero de 1980, por decreto presidencial, la CONALITEG se convirtió en un “organismo descentralizado, con personalidad jurídica y patrimonio, propios”.
Para 1994, la Dirección General de Materiales y Métodos Educativos, dependencia de la Subsecretaría de Educación Básica, se encargó de los proyectos en torno a los LTG.
Actualmente, es la misma Subsecretaría de Educación Básica, la encargada de todo el proyecto de LTG.
Lo cierto es que, a través de toda su historia, los Libros de Texto Gratuitos, han sufrido cambios en la imagen y contenido; que van desde el diseño de la imagen de los libros, hasta adecuaciones en el campo pedagógico. En todos, se han presentado cambios controvertidos, con sus respectivas protestas.
Ahora, no es la excepción, y estamos ante una álgida polémica, vivamente politizada, por ambos lados. Unos criticando los errores y “horrores” pedagógicos y de procedimiento, al instaurarlos, casi en secreto.
Otros, mediática, política y jurídicamente, lo que consideran, “comunismo”, “adoctrinamiento”, pero también errores de forma y de fondo. En aras de modernizar la educación, se recurrieron a excesos.
Por ello, hay, jurídicamente hablando, una suspensión definitiva, emitida por una jueza, de la impresión de los nuevos libros de primaria y secundaria.
La razón esgrimida, es que, los materiales se diseñaron, sin apegarse a los planes de estudio vigentes y sin consultar a la comunidad educativa.
Ya el presidente AMLO respaldó el contenido de los libros y aseguró que nada detendrá su distribución. Sin embargo, la SEP, reservó esa información, por cinco años.
No obstante, acotó, que serán revisados, durante conferencias vespertinas, a partir de esta semana.
Mientras, los educandos, que ven con alegría la entrega de sus libros, esperan impacientes, mientras los adultos, debaten por el contenido de esos libros; sin importarles si los mismos incluyen, todo lo que sus padres y tutores desearían. Es tema político.
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