
Armagedón
“Juzgad conforme a la verdad, y haced misericordia y piedad cada cual con su hermano”
Zacarias 7:9
Beneficencia con rostro humano
Alfredo A. Calderón Cámara
alfredocalderon1960@gmail.com
El día de ayer que en el Instituto de Beneficencia Pública del Estado de Tabasco (IBPET), Diana Laura Rodríguez Morales, al entregar prótesis mamaria externa a 21 beneficiarias exhibió algo que suele perderse entre cifras y discursos: la cruzada no termina cuando el paciente sobrevive; para nada, en ese momento es que apenas comienza una segunda batalla, la de la reconstrucción física, emocional y social
Ubiquemos detalles que valen la pena observar sin gritar, pero sin cerrar los ojos: La prótesis como herramienta de salud, no de estética, aunque muchos podrían trivializarlo como un accesorio, la prótesis mamaria externa cumple una función médica clara: corrige el equilibrio corporal tras una mastectomía, previene daños en la columna vertebral y reduce dolores musculares y posturales
Más allá del cuerpo, hay un componente silencioso: la identidad. La pérdida de un seno no es sólo una merma quirúrgica, es -además-, simbólica, porque afecta la percepción de feminidad, autoestima y reintegración social. Cuando una mujer dice “me siento completa”, no está hablando de silicona. Está hablando de recuperar su lugar en el mundo. Un factor de detrimento más que fue superado: el índice de escasez como segunda enfermedad de las damas beneficiadas
El dato más incómodo no es el costo de la prótesis (entre 2,500 y 4,500 pesos). Es lo que lo sustituye cuando por la vulnerabilidad social -la mayor de las veces- no se tiene para las lentejas o papel higiénico y en no pocas ocasiones, carecen de todo. Meditemos: eso no es precariedad, es abandono estructural de la sociedad
El programa de beneficencia deja ver una realidad que no suele aparecer en informes oficiales: sobrevivir al cáncer en contextos de bajos recursos implica una carga adicional que el sistema rara vez cubre. El tratamiento termina, pero las secuelas quedan a cuenta del paciente. Con la entrega de prótesis el Estado no está regalando nada extraordinario. Está cubriendo una deuda básica
Llevar atención a la política social, distinguiendo entre la necesidad real y la narrativa benéfica, el programa del IBPET exhibe que tiene mérito operativo: más de 100 beneficiarias en una primera etapa, cobertura en varios municipios, acceso relativamente sencillo a las mujeres más desamparadas (INE, CURP, valoración médica). Dejan sentir que los servicios sociales hablan de una política pública funcional en escala limitada, que aun dentro de sus limitaciones encaja perfectamente en la lógica del actual gobierno
Atención directa, programas visibles, impacto inmediato y emocional. No obstante, el riesgo está en que estas acciones, siendo valiosas, sustituyan una discusión más profunda: Trabajar con mayor intensidad en el fortalecimiento de la infraestructura integral de rehabilitación oncológica en Tabasco. En una visión de futuro, dado el éxito humanístico alcanzado del programa sobre estas necesidades podría dejar de seguir dependiendo de programas asistenciales e integrarse a políticas estructurales permanentes
La dimensión humana indica que el testimonio de mujeres como María de los Ángeles, que pasó cinco años sin una prótesis, es el verdadero diagnóstico social. No es sólo una historia de gratitud. Es una evidencia de cuánto tiempo puede vivir alguien con una herida no atendida, aunque médicamente esté “curada” al haber superado el cáncer. Y eso incomoda, porque revela que el sistema mide el éxito en sobrevivencia, pero no en calidad de vida
Entendamos: este programa no cambia el sistema de salud, pero sí cambia vidas concretas. Y a veces eso es suficiente para sostener la legitimidad de una política pública. Se puede criticar al gobierno en otras circunstancias; pero, aquí la escena es poderosa: mujeres que vencieron al cáncer recuperando una parte de sí mismas
Esperaron por un tiempo la donación de prótesis como segunda alternativa; lo anterior, es un llamado y una advertencia silenciosa que convendría ocupe un espacio en la agenda pública social del Estado: no debería tomar años, ni depender de la suerte de un programa el recibir en las prótesis una donación así para que las supervivientes del cáncer volver a sentirse completas. Sobrevivir no debería implicar aprender a vivir incompleta. De allí el éxito de un programa de beneficencia con rostro humano
SEPTIMO SELLO
El episodio, más que escandaloso, resulta tristemente predecible: la política mexicana sigue confundiendo duelo con tribuna y diferencias personales con posicionamientos públicos. Las expresiones de Roberto Guzmán Mendoza ante el fallecimiento del ex gobernador Manuel Gurría Ordóñez no sólo rompen una regla básica de civilidad, sino que exhiben algo más profundo: la incapacidad de ciertos actores para distinguir entre crítica política y respeto elemental frente a la muerte
SEPTIMA TROMPETA
Porque incluso en la confrontación, hay códigos. Y romperlos no hace más valiente a quien los rompe; al contrario, lo hace más pequeño. Ahora bien, pretender que el diputado Manuel Gurría Reséndez deba salir de inmediato a responder abre otra discusión igual de incómoda: ¿Hasta dónde lo público debe invadir lo familiar?
La expectativa de una reacción parece más alimentada por el morbo político que por una auténtica necesidad institucional. No todo agravio amerita conferencia, ni todo silencio es cobardía. Reducir el tema a una batalla política también es forzar la narrativa. En esencia, estamos frente a un conflicto entre particulares que, por el peso de los apellidos, se intenta elevar a categoría de asunto público
SEPTIMA COPA
Y ahí es donde aparece el viejo vicio: muchos quieren “subirse” al tema, no para defender principios, sino para exhibirse en la foto del momento, como si la indignación fuera moneda de cambio. Desgarrarse las vestiduras sin tener relación directa con los hechos no es ética, es oportunismo con buena dicción. Y en política, eso abunda más de lo que cualquiera admitiría en voz alta
Al final, lo que queda es una lección sencilla que, al parecer, sigue siendo demasiado compleja para algunos: el respeto no se negocia, y el silencio, cuando es prudente, también comunica. Mientras tanto, el ruido seguirá, porque callar y reflexionar nunca ha sido precisamente el deporte favorito de la clase política
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