Armagedón

“¿Por qué estáis amedrentados, hombres de poca fe?”
Mateo 8:26

Incertidumbre paraiseña ¿Qué sigue?
Alfredo A. Calderón Cámara
alfredocalderon1960@gmail.com
De nueva cuenta en la Refinería Dos Bocas en Paraíso: Otra “incidencia controlada” más. Curioso es cómo lo controlado se repite tantas veces y en tan poco tiempo que empieza a parecer un patrón. Analicemos: confirmado el evento por Petróleos Mexicanos, -aunque se quiera- ya no puede leerse como un evento aislado

La explosión de ayer es parte de una secuencia que, en términos políticos y sociales, empieza a generar tres tensiones claras: confianza, operación y narrativa pública. La recurrencia repercute ya como un problema político, no sólo técnico. Los antecedentes recientes muestran: incendios en fase de pruebas, fugas de gas, explosiones menores en la barda perimetral, fallas en estabilización y ahora, un incendio en la bodega de coque

En ingeniería y en política esto puede entrar en la curva de arranque de una refinería. Para las familias de la fila de cruces que comienza a crecer: para ellos no hay “curva de aprendizaje” que aguante, sólo llanto, dolor y desolación. Para los paraiseños ya es preocupante tantos eventos sin costo. Ubiquemos con seriedad, sin gritos; pero, sin maquillaje

Cada día es más difícil soslayar lo obvio, cada incidente erosiona la credibilidad institucional, la percepción de control del Estado y la narrativa de “obra estratégica bajo dominio técnico”. La agenda nacional se le complica a la presidenta Sheinbaum que tiene demasiados sobresaltos nacionales como para estar apagando cuestionamientos que se contraponen: la seguridad industrial va sobre el discurso de soberanía energética

Dimensionemos: Dos Bocas no es cualquier instalación. Es uno de los símbolos emblemáticos de la 4T. Su propósito declarado no ha cumplido metas y objetivos: reducir importaciones, fortalecer soberanía energética, reconfigurar la política energética nacional. Hay -además-, un problema incómodo: la soberanía energética no se sostiene sólo con infraestructura, se sostiene con operación segura, continua y confiable

Cuando los “incidentes” se vuelven recurrentes, la refinería que está en el “buche” de Paraíso genera retortijones de pánico en la sociedad, el discurso entra en tensión con la realidad operativa y esa contradicción, tarde o temprano, contamina la agenda pública en los tres órdenes de gobierno, la crisis se vuelve política. Imperdonable sería cerrar los ojos a la realidad

El impacto social inmediato provoca miedo contenido, no crisis abierta, ayuda que no hubo lesionados. Eso importa, y mucho. Pero socialmente los videos virales desde múltiples ángulos circulando en redes sociales exhibe trabajadores evacuando y la inocultable realidad, proximidad con zonas habitadas y muelles que generan: percepción de riesgo constante, normalización del incidente -“otra vez”-, y lo que es peor, desconfianza silenciosa en condiciones de seguridad

En Paraíso y zonas cercanas, esto no es un debate ideológico. Es una pregunta básica: ¿Qué tan seguro es trabajar o vivir cerca? Fueron más de 18 mil millones de dólares que deberían garantizar a México calidad total en la construcción y operación de la Refinería; sin embargo, los acontecimientos pegan de frente contra el control informativo que camina en la acera de enfrente de la credibilidad

Cierto es que ayer la respuesta oficial de Pemex fue rápida, pero limitada, muy limitada: “no hay lesionados”, “situación bajo control” sin causas detalladas. Ese tipo de comunicación sirve para contener el momento, pero no para construir confianza. Sin caer en amarillismos indeseables: cuando hay repetición de eventos y ausencia de explicaciones técnicas claras: crece la especulación, se amplifica el efecto de los videos y eso debilita la narrativa oficial de Pemex

Soslayar que estamos en la era digital, “es pegarse un balazo en el pie”; los videos compiten directamente con los comunicados y van generando un costo político acumulado. Entendamos, un sólo incidente: es manejable. Pero, cinco o seis en cadena: es acumulativo. El costo no es inmediato, pero sí progresivo; crecen, además, los cuestionamientos sobre la viabilidad operativa, crece también la presión sobre Pemex como operador

El tema es “carnita fresca” para la una oposición política que no descansa y cruje los dientes, los eventos generan dudas en el trabajo realizado por las compañías extranjeras: cobraron y se fueron, los eventos no derriban el proyecto, pero sí desgasta su legitimidad técnica. El incendio en la zona de coque no es, por sí mismo, una crisis. Pero sí es una señal dentro de una serie. Y las series, cuando no se corrigen, se convierten en tendencia

El verdadero problema no es que ocurran incidentes en una refinería en arranque. Eso pasa y se entiende. El problema es cuando empiezan a parecer rutina y la única constante es decir que todo está bajo control. Pemex llegará a un punto en que la sociedad de Paraíso dejará de discutir si está controlado y empezará a preguntar si alguien realmente tiene el control ¿Fundamento principal de sus cuestionamientos? La incertidumbre paraiseña que muerde ¿Qué sigue?

SEPTIMO SELLO
Lo descrito ayer que sucede en el Hospital del Niño Rodolfo Nieto Padrón no es un problema aislado ni reciente. Dejo al descubierto que es un cuadro sistémico con varios componentes que, combinados, generan riesgo clínico alto y sostenido. La interrupción del servicio de radioterapia impacta directamente en la supervivencia infantil. El fallo del acelerador lineal no es un “detalle técnico”. Es crítico. La radioterapia es un pilar del tratamiento oncológico pediátrico (tumores sólidos, algunos hematológicos)

SEPTIMA TROMPETA
La interrupción o retraso en radioterapia: disminuye tasas de control tumoral, aumenta riesgo de recaída -cómo se ha dado en decenas de casos- comprometiendo, además, la supervivencia global. Añada usted que los aceleradores lineales del ISSET y del Hospital Regional de Alta Especialidad Juan Graham Casasús también están fuera de operación, el problema deja de ser hospitalario y se convierte en fallo regional de cobertura oncológica. Eso, en términos médicos, se llama colapso de la red de tratamiento

SEPTIMA COPA
Hay evidencia de crisis en el clima organizacional: factor clínico indirecto pero determinante. El miedo a represalias y el silencio institucional tienen un efecto clínico real: la disminución oficial en la notificación de errores -crece el miedo a las represalias; por ello, ocultan eventos adversos que impiden mejora continua. En la medicina moderna, esto se reconoce como fallo en cultura de seguridad del paciente. Y cuando esa cultura falla, los errores no se corrigen, se repiten

Las fallas se incrementan, ayer se dio la reducción de personal de limpieza con el evidente riesgo infeccioso elevado. Este punto parece menor, hasta que familiares y pacientes ubican dónde están: un hospital pediátrico con pacientes inmunosuprimidos. Por lo mismo, reducir intendencia implica: mayor carga microbiana ambiental, incremento de infecciones nosocomiales creciendo el riesgo directo en pacientes oncológicos. En términos clínicos: esto puede traducirse en sepsis, complicaciones y mortalidad evitable. El Dr. Pablo Caso Torres seguro es que tiene la última palabra a este problema.

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