Armagedón

“Y se les dieron vestiduras blancas, y se les dijo que esperasen todavía un poco de tiempo”
Apocalipsis 6:11

¿Cuántos niños más tienen que agonizar esperando?
Alfredo A. Calderón Cámara
alfredocalderon1960@gmail.com
La ausencia de radioterapia en Tabasco aplasta la esperanza de decenas de niños oncológicos y deja ver que el tiempo también enferma. No todo colapso sanitario hace ruido. Algunos avanzan en silencio, con la puntualidad de un reloj biológico que no negocia. La ausencia de un servicio funcional de radioterapia en Tabasco no es solo un déficit de infraestructura

Es un factor clínico que altera pronósticos, modifica curvas de supervivencia y empuja a los pacientes pediátricos hacia escenarios menos favorables. Dicho sin rodeos: aquí el enemigo de los niños no es sólo el cáncer, también lo es la infamia, el abandono, la indiferencia y la apatía de las autoridades que tienen cómo cómplice al tiempo. Entiéndase: en oncología, la radioterapia no es complementaria en muchos casos: es pilar terapéutico

La radioterapia forma parte de esquemas curativos en tumores sólidos pediátricos y adultos, y su indicación suele estar cuidadosamente sincronizada con cirugía y quimioterapia. Alterar ese calendario no es un detalle administrativo, es una intervención clínica involuntaria. Cada semana de retraso se traduce en progresión tumoral, pérdida de control local o necesidad de intensificar tratamientos posteriores, con mayor toxicidad y desenlaces fatales

Desde una perspectiva médica, el problema se puede descomponer en tres dimensiones críticas: 1. Continuidad terapéutica: Los protocolos oncológicos están diseñados bajo ventanas de tiempo específicas. Interrupciones o demoras en radioterapia rompen esa continuidad. En términos clínicos, eso puede implicar menor eficacia del tratamiento, aumento del riesgo de recaída o necesidad de terapias más agresivas después. Lo peor, quienes lo sufren hasta expirar son los indefensos niños

2. Carga sistémica y peregrinaje del paciente y la familia. El traslado a otras entidades no es solo logístico, es fisiológico y psicológico. Pacientes pediátricos sometidos a viajes prolongados, cambios de ambiente y desgaste emocional presentan mayor vulnerabilidad: fatiga, desnutrición, estrés y menor adherencia al tratamiento. La enfermedad deja de ser solo biológica y se convierte en una carga integral

3. Oprobiosa la inequidad en el acceso a la salud a niños tan enfermos. Cuando el acceso depende de la capacidad de trasladarse, el sistema deja de ser universal. En la práctica clínica, esto genera tres tipos de pacientes: los que logran continuar tratamiento, los que quedan rezagados y los que en la espera sus vidas y fuerzas expiran. Dolorosa realidad: no sólo por los diagnósticos, sino por la geografía y ausencia de recursos. Esa es una distorsión grave del principio de equidad sanitaria

Para que la sociedad entienda la gravedad del problema que tienen esos niños a los que el cáncer se come sus vidas, tres veces más rápido que cualquier enfermedad: la radioterapia, además, no es un servicio que pueda improvisarse. Requiere aceleradores lineales calibrados, físicos médicos, oncólogos radioterapeutas, personal técnico capacitado y estrictos controles de seguridad

No es una máquina que se enciende y listo. Es un sistema complejo donde cada día de inoperatividad significa pacientes en espera, listas que crecen, decisiones clínicas que se toman bajo presión y niños que agregan sus nombres a la dolorosa lista de: descansen en paz. Lo anterior describe el escenario en Tabasco no sólo como ausencia de discurso, sino disonancia entre planeación y ejecución

Dimensionemos: la banalidad anuncia avances que sólo existen en sus escritorios y no se quiere entender que el impacto clínico en la vida de los niños no se mide en comunicados sino en tiempos de inicio de tratamiento, en tasas de abandono, en evolución de los pacientes. Y ahí es donde la realidad suele ser menos indulgente que la narrativa institucional

Hay algo particularmente delicado en el contexto pediátrico. En niños con cáncer, el margen terapéutico es más estrecho y las decisiones deben ser más precisas. Retrasar radioterapia en ciertos tumores infantiles no solo complica el tratamiento, modifica -lo saben y lo saben bien- de forma irreversible el pronóstico. No es dramatismo. Es literatura médica básica acompañada de dolor extremo en la indefensión infantil

La conclusión es incómoda pero necesaria: la falta de radioterapia funcional no es un problema administrativo pendiente, es una variable clínica activa que ya está influyendo en resultados de salud. Y en medicina, cuando una variable afecta el pronóstico, deja de ser secundaria. Pablo Caso, Gutiérrez Lucatero y demás negligentes pueden seguir diciendo promesas si quieren. Peo, todos ellos saben que el cuerpo enfermo de un niño no negocia con promesas. El tumor tampoco y la pregunta es ¿Cuántos niños más tienen que agonizar esperando?

SEPTIMO SELLO
Hay lugares donde el pecado no sólo se comete: se administra. Cosas de la vida, el Hospital del Niño, que debería ser santuario de alivio, se ha convertido, según la denuncia que obra en manos del columnista: en una cueva de saqueadores, madriguera de vivales y oficina de la infamia

Allí, donde el dolor de los padres debería imponer respeto, habría quienes encontraron una veta de negocio, una cantera de cobre, herramientas, chatarra y poder mezquino para llenarse los bolsillos mientras los niños esperan atención. No es sólo corrupción: es una forma de canibalismo moral. El señalamiento contra los ladrones no es menor ni anecdótico

Lo que se describe sucede en los intestinos del Hospital del Niño es grave, dibuja algo peor que un empleado abusivo: perfila a un cacique de pasillo, a un pequeño tirano de mantenimiento que, bajo el amparo del miedo, las represalias y la omisión de sus superiores, habría secuestrado un área estratégica del hospital para operar robo, nepotismo y control interno

SEPTIMA TROMPETA
Cuando en una institución pública el ambiente se nutre del miedo que sirve para callar el saqueo y la vigilancia sirve para cazar filtraciones, no estamos frente a una falla administrativa. Estamos frente a una estructura de podredumbre. Donde lo más indecente no es sólo el robo de cableado, cobre y materiales. Lo más indecente es la normalización. Testimonios han establecido que la directora y el administrador, han preferido mirar al techo mientras se desmantela la confianza pública, la apatía y la inacción los vuelve piezas del mismo mecanismo de descomposición

Porque en el servicio público, el que tolera la mugre cuando tiene obligación de limpiarla, termina oliendo igual que el basurero. Luego viene el nepotismo, esa vieja lepra burocrática mexicana donde el mérito estorba y la familia manda. Es la clásica república del compadrazgo: la esposa, el hijo, la hermana, la parentela, el círculo íntimo incrustado como si el hospital fuera herencia familiar y no patrimonio de la sociedad. Nada degrada más una institución que verla convertida en cocina doméstica de intereses privados

SEPTIMA COPA
Basta revisar el padrón para darse cuenta que los puestos se reparten por cama, apellido o conveniencia, el hospital deja de funcionar como sistema de salud y empieza a operar como negocio de clan. Aquí el asunto sube de nivel, porque ya no hablamos sólo de abusos laborales o de redes familiares. La denuncia remata en un hecho gravísimo: el presunto desmantelamiento de la caja de pastillas que controla los aires acondicionados del quirófano central

Eso ya no es rapiña de bodega. Esto se acerca a la irresponsabilidad criminal. Jugar con el sistema que permite mantener operable un quirófano pediátrico no es travesura de raterillos ni picardía sindical. Es poner la vida y los procedimientos de los niños en riesgo, suspender cirugías y someter la salud de niños a la ruleta de la negligencia. Quien mete las manos ahí, mete las manos en la vida de menores enfermos

La escena es grotesca: a los familiares de pacientes se les niega acceso, pero a la mafia interna, -según la denuncia-, nadie la toca; se colocan cámaras no para blindar el patrimonio, sino para detectar quién habla con el periodista; se presume disciplina contra la base trabajadora, pero se tolera impuntualidad, ausencias y privilegios al hijo del jefe. Es el mundo al revés, esa especialidad de la burocracia podrida donde el inocente es vigilado y el saqueador es protegido

¿Qué hace o piensa hacer el encargado Dr. Pablo Caso? ¡Pareciera que nada! Tampoco hizo nada ante la denuncia de la jefa de Oncología Perla Citlalli Simón que se estaban aplicando medicamentos oncológicos caducados en los niños con Leucemia Linfoblástica Aguda. Vale la pena el análisis del oficio donde la valiente Simón González hace una lista de seis pacientes pediátricos entre 13 y 3 años que siguen esperando radioterapia, algunos con recaídas y preguntar ¿Cuántos siguen vivos?

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