
Armagedón
“Porque nada hay oculto que no haya de ser manifestado; ni escondido, que no haya de salir a luz”
Lucas 8:17
Bermúdez y Adán cuesta abajo
Alfredo A. Calderón Cámara
alfredocalderon1960@gmail.com
En Tabasco, los renglones torcidos de la justicia que han comenzado a enderezar su camino, pronuncian, a diario un nombre que durante años camino blindado por el poder: Hernán Bermúdez Requena. No sólo como funcionario, no como operador, sino como imputado por uno de los crímenes más oscuros que puede cargar el Estado sobre su conciencia: la desaparición forzada
Y cuando la ley se atreve a tocar ese nervio, lo que tiembla no es un hombre, es todo el andamiaje que lo sostuvo, eso pega y mancha en línea directa a los dos ex gobernadores: Adán Augusto López y Carlos Manuel Merino. Entendamos: aquí no estamos frente a un error administrativo ni a un exceso aislado. Estamos ante la posibilidad de que el aparato de seguridad, diseñado para proteger, haya sido utilizado para desaparecer personas
Ubiquemos, en términos políticos en Tabasco eso es sumamente grave; ahora bien, en términos jurídicos: peor, porque no es sólo una desviación: es una traición estructural. La ley es clara, implacable, casi bíblica en su severidad: de 40 a 60 años de prisión, con agravantes que pueden empujar la condena aún más alto si la víctima es una indefensa mujer. La sanción no sólo castiga al individuo, castiga la perversión del poder
Pero doña política —esa vieja maestra del maquillaje y el disimulo— intentará lo de siempre: aislar, reducir, encapsular. Convertir el caso en una historia individual para salvar la narrativa colectiva. Como si un secretario de Seguridad operara en la clandestinidad de sí mismo. Como si la cadena de mando fuera una ficción decorativa. Como si los silencios no tuvieran dueño
La desaparición forzada, por definición legal, no ocurre en el vacío. Requiere estructura, consentimiento, tolerancia o encubrimiento. Es un delito que deja huella en la víctima, pero también en la institución. Y esa huella no se borra con comunicados ni con prudencias discursivas. Es una etiqueta de corrupción que arrastra al abismo. Aquí es donde la política empieza a incomodarse. Porque si Bermúdez termina con 60 años de cárcel, no deberá caer sólo
Arrastra preguntas que nadie quiere responder en voz alta: ¿Quiénes sabían? ¿Quiénes permitieron tal desaguisado y abuso contra la sociedad? ¿Quiénes miraron hacia otro lado mientras el poder se convertía en sombra y terror de las víctimas? Las responsabilidades penales son individuales, sí, pero las responsabilidades políticas son expansivas. Y esas no prescriben en la memoria pública día a día se alimentan y este caso apenas lleva 8 meses de la detención de Bermúdez Requena
Añada Usted: el proceso jurídico apenas comienza. Dos meses para la investigación complementaria. Dos meses donde la Fiscalía tendrá que decidir si esto se queda en expediente o se convierte en historia judicial. Pero el daño político ya está hecho. Porque cuando un exjefe de la seguridad pública enfrenta cargos por desaparición forzada y otras 19 órdenes de aprehensión, el discurso de control, de orden, de gobernabilidad, se desmorona como yeso mojado
Ubiquemos: Hernán Bermúdez fue nombrado secretario de Seguridad en 2019 por Adán Augusto López Hernández, entonces gobernador de Tabasco, y permaneció en el cargo hasta enero de 2024. Ese dato, que algunos querrán presentar como simple antecedente administrativo, en realidad es la clave política del caso: nadie llega, se mantiene y concentra tanto poder en seguridad sin respaldo político
Por eso, aunque jurídicamente hoy el procesado sea Bermúdez Requena, políticamente el expediente sigue rosando a Adán Augusto y Carlos Manuel, quienes le dieron investidura, confianza y margen de maniobra. Decir que no sabía lo que estaba haciendo, no borra la mancha, al contrario, la fija más. Aquí aparece el problema de fondo: en seguridad, la “distancia política” casi siempre llega tarde
Cuando el funcionario era útil, era hombre de confianza y se sentaba a la mesa a las ambrosías del reino. Cuando cae, de pronto se vuelve un lobo solitario, un accidente, una anomalía, una mala manzana en un costal imaginariamente limpio. Qué alivio para la clase política inventar monstruos huérfanos. Pero Bermúdez Requena como secretario de Seguridad no se mandaba sólo, era parte fundamental del engranaje del sistema de seguridad de los gobiernos de López Hernández y Merino Campos
Si además arrastra señalamientos de presuntos vínculos con La Barredora, grupo ligado según reportes periodísticos al CJNG, el costo político se vuelve todavía más severo, porque ya no hablamos sólo de fallas de control, sino de una probable penetración criminal en las estructuras del poder público. También hay que leer el mensaje institucional del gobernador May Rodríguez: la Fiscalía estatal abrió esta nueva ruta penal justo cuando el proceso previo seguía avanzando y después de que la defensa había pedido la duplicidad del término constitucional
Eso indica que las autoridades no quieren reducir el caso a una sola causa penal, sino construir un cerco judicial más amplio. El propio gobernador Javier May ha dejado abierta la posibilidad de nuevas imputaciones al señalar que tanto la Fiscalía estatal como la federal tendrían elementos para integrar más acusaciones. Traducido al idioma menos hipócrita de la política: esto no ha terminado, y el expediente todavía puede crecer
Entonces queda lo esencial: encontrar la verdad histórica. Esa que incomoda, que divide, que no negocia. Esa que tarde o temprano —como advierte el evangelio— termina por salir a la luz. En Tabasco, esa luz ya empezó a encenderse. Y no todos están listos para verla. De una u otra vertiente el razonamiento es el mismo: Bermúdez y Adán siguen dando tumbos cuesta abajo, en caída libre
SEPTIMO SELLO
Conforme avanzan los tiempos y procesos, intentemos meter en la misma licuadora de la justicia: la intriga palaciega y la geopolítica, seguro saldrá un smoothie medio indigesto, indudable es que tiene algo de sustancia. Porque el proceso contra Hernán Bermúdez Requena no puede leerse como una vendetta personal del gobernador Javier May Rodríguez
Su origen es más estructural: responde a una presión social acumulada por la inseguridad y a la necesidad institucional de recuperar credibilidad en el aparato de justicia. En ese sentido, la actuación de la Fiscalía busca enviar una señal de legalidad más que de ajuste de cuentas. Sin embargo, el caso inevitablemente pega en la agenda pública en dimensión política nacional
SEPTIMA TROMPETA
La figura de Adán Augusto López Hernández no deja de convulsionarse, sigue bajo escrutinio indirecto, no por imputación formal, sino por contexto de responsabilidad política. Y ahí es donde el timing comienza a ser interpretado como mensaje: en política, los silencios y las distancias también comunican. Respecto a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, más que un interés personal en prolongar la incomodidad de actores internos
Es una lógica de control político: permitir que los procesos sigan su curso sin intervenir abiertamente, pero tampoco contenerlos, funciona como mecanismo de equilibrio dentro del propio bloque gobernante. El escenario de una eventual extradición a Estados Unidos es, por ahora, hipotético, pero políticamente sensible. De concretarse, elevaría el caso a una dimensión internacional y podría generar efectos expansivos, sobre todo si se abren líneas de investigación vinculadas a redes más amplias
SEPTIMA COPA
Ahí sí, el asunto dejaría de ser local para convertirse en un problema sistémico. En síntesis: el caso Bermúdez transita de la exigencia social de justicia a un tablero político donde cada movimiento se interpreta, se mide y se capitaliza. Y en ese tablero, nadie está completamente a salvo del rebote
Quizás un día México se levante con la noticia que ante las presiones, Bermúdez Requena fue otro regalo más al país del norte, no lo descarte porque ahí si Adán Augusto y Carlos Manuel Merino tendrán que poner a remojar sus barbas y ni siquiera con doble dosis de Clonazepam podrán dormir
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