
Armagedón
“El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos”
Santiago 1:8
Moheno y su ecologismo decorativo
Alfredo A. Calderón Cámara
alfredocalderon1960@gmail.com
Cuando el discurso verde se topa con petróleo crudo en el mar, ocurre algo curioso: la ecología se vuelve optativa, el silencio, política pública y Miguel Moheno sólo se enrolla. El Partido Verde Ecologista de México ha construido durante años una imaginativa narrativa de defensor del medio ambiente que, en teoría, debería activarse con urgencia ante cualquier desastre ecológico actual
En la práctica, esa bandera suele ondear sólo cuando no incomoda al poder. Y ahí es donde el caso reciente en costas de Tabasco exhibe algo más que negligencia y omisión: revela la naturaleza profundamente pragmática —por no decir acomodaticia— del partido y sus diputados de papel higiénicos. El derrame de hidrocarburo no fue menor. Afectó zonas pesqueras, encendió alarmas sociales y dejó un rastro visible que ni la versión oficial del “barco fantasma” logró disipar
En un escenario así, lo mínimo esperable del legislador del Verde —más aún si aspira a gobernar un municipio costero como es Cárdenas— habría sido levantar bandera ecologista, posicionarse, exigir claridad, incomodar si es necesario. Pero, no, para nada, Miguel Moheno Piñera ¡Otra vez lo hizo! Al más puro estilo de quien no tiene ningún compromiso con la sociedad cardenense, optó por la ruta más antigua de la política mexicana: desaparecer estratégicamente
Una y otra vez, no es un desliz menor, es una definición de carácter político. Porque cuando el costo de hablar es rozar y confrontar al poder y el beneficio de callar y servir de alfombra es conservar relaciones, los diputados del PVEM optan por la comodidad del mutismo. El problema es que ese cálculo: desnuda la verdadera jerarquía de prioridades: primero sus intereses y su “carrera política”, después el partido y al final, muy al fondo, cuidar el maltrato a los perritos que dicen defender
El contraste es todavía más incómodo cuando la voz crítica proviene de la oposición. Que un actor como Nelson Vaca tome la iniciativa en un tema que debería ser bandera natural del Verde, no sólo exhibe ausencia, sino sustitución. Nelson Vaca en los hechos está ocupando el espacio que el ecologismo oficial decidió abandonar. Mientras tanto, la agenda del Verde parece distraída en celebraciones ajenas —como el caso de Tamiahua—
Le siguen en reciclar perfiles cuestionables, lo que termina por reforzar la percepción de que el partido funciona más como tapete electoral que como proyecto ideológico coherente. Y entonces surge la pregunta incómoda: ¿Qué tipo de liderazgo están ofreciendo para un municipio como Cárdenas? Moheno Piñera debería aprender que un edil -aspira y aspira- no sólo administra, también fija postura, enfrenta crisis y asume costos
Un político cómo Miguel Moheno que una y otra vez se esconde bajo la alfombra ante un problema ambiental difícilmente va a confrontar problemas más complejos cuando tenga el poder en sus manos. El reclamo cada día se nota y generaliza más: en política, el silencio no es neutral. Es una forma de tomar partido. Y en este caso, el Verde parece haber decidido —una vez más— que es mejor no incomodar al sistema, aunque eso implique traicionar su propia razón de ser
Nada nuevo bajo el sol o más bien, bajo la mancha de petróleo. De allí la observación y el natural cuestionamiento al PVEM en Tabasco, con episodios como el reciente derrame en costas, con su silencio cómplice entra peligrosamente en la segunda categoría. Porque no se habla de una abstracción ideológica ni de debates de café: hubo hidrocarburo flotando en el mar, pescadores afectados, ecosistemas golpeados
La pregunta es natural y lógica ¿Qué confianza puede generar un proyecto político que evita el conflicto cuando más se necesita firmeza? Ubiquemos: la política, al final, es una prueba constante de carácter. Y en este episodio, el Verde no sólo falló en su discurso, falló en su esencia. Quizás porque no afectaba a “perritos o elefantes marinos”. En síntesis, un partido que no defiende el medio ambiente cuando arde, no es verde: es oportunista con marketing ecológico. Y eso, por más que lo disfracen, la gente lo termina oliendo, igual que el petróleo en la orilla
Es decir, exactamente el tipo de crisis donde un partido que presume “ecologista” debería aparecer primero y más fuerte. Pero no. El diputado Miguel Moheno Piñera sigue optando por la invisibilidad selectiva. Cuando el problema incomoda al poder, aparece el diputado Moheno; cuando hay reflectores inofensivos, se sonríe para la foto, para portadas y espectaculares
En el derrame petrolero no pidió investigación, no fijó postura pública sólida, no acompañó el reclamo social. En resumen: no hizo lo mínimo esperable de alguien que milita en un partido cuya bandera es, en teoría, la defensa del medio ambiente. Pretende gobernar Cárdenas, pero su perfil ecológico está más deslavado que nunca
El PVEM lleva años atrapado en una horrenda y cínica contradicción estructural: quiere capitalizar la narrativa ambiental sin incomodar a sus aliados políticos, incluso cuando esos aliados están en el centro del problema. Es el dilema de querer ser “verde”, pero sin ensuciarse las manos tiene un resultado socialmente ofensivo. Resultado: un ecologismo timorato, funcional para las fotos de campañas, inútil para crisis reales, en resumen: Moheno y su ecologismo decorativo
SEPTIMO SELLO
Cuando un exsecretario de Seguridad termina frente a un juez por desaparición forzada, no estamos ante una nota más del boletín institucional. Estamos frente al colapso de una narrativa: la del Estado que presume control mientras uno de sus propios operadores aparece del otro lado de la ley. El caso de Hernán Bermúdez Requena no es solo jurídico, es profundamente político. Porque la acusación no gira en torno a un error administrativo ni a un exceso menor, sino a uno de los delitos más graves del catálogo penal mexicano
Y ese tipo de imputaciones no se construyen en el vacío: arrastran estructuras, silencios y, sobre todo, responsabilidades compartidas. La FGT hace lo que institucionalmente corresponde: presentar datos de prueba, solicitar medidas cautelares, sostener la prisión preventiva. Todo dentro del marco del debido proceso, con el discurso inevitable de “cero impunidad”. El procedimiento es correcto en forma. El problema es el fondo: ¿Cómo llegó un perfil con este nivel de señalamientos a ocupar la cúspide de la seguridad pública estatal? ¡Adán Augusto no quiere contestar!
SEPTIMA TROMPETA
Ahí es donde la política deja de ser espectadora y se convierte en protagonista incómoda. Porque Bermúdez no surgió de la nada. Fue parte del engranaje del poder durante el gobierno de Adán Augusto López Hernández, señalado como su principal impulsor político. Y eso abre una pregunta que nadie quiere formular en voz alta, pero que flota como evidencia no dicha: si el operador está bajo proceso por vínculos criminales, ¿Qué nivel de conocimiento, tolerancia o negligencia hubo en la cadena de mando?
El actual gobernador Javier May Rodríguez opta por la línea institucional: prudencia, respeto al debido proceso, confianza en que las carpetas se fortalecerán. Es la postura políticamente correcta y también la más segura. Nadie se dispara al pie en público. Pero a esa prudencia legalmente impecable, la sociedad no solo quiere expedientes sólidos, quiere explicaciones reales. Y luego está el elemento que incomoda aún más: la posible conexión con estructuras criminales como “La Barredora”
SEPTIMA COPA
Si eso se confirma en sede judicial, el caso dejaría de ser un escándalo individual para convertirse en evidencia de infiltración del crimen en el aparato estatal. No es poca cosa. Es el tipo de asunto que redefine la credibilidad de todo un sistema de seguridad. Mientras tanto, el proceso avanza como marcan los tiempos legales: ampliación del término constitucional, prisión preventiva, audiencias diferidas. El lenguaje técnico intenta domesticar la gravedad del asunto
Pero la realidad es menos elegante: estamos viendo cómo un hombre que alguna vez tuvo el control de la seguridad pública ahora enfrenta acusaciones por desaparecer personas. Eso no es ironía. Es síntoma. Y aquí viene lo incómodo: el discurso de “cero impunidad” solo tendrá valor si este caso no se queda en la figura del exfuncionario caído
Si no escala, si no toca redes, si no incomoda a quienes lo sostuvieron, entonces será apenas otro sacrificio político útil para limpiar la fachada. Porque en México ya conocemos ese libreto: se castiga al operador y se archiva la estructura. La verdadera prueba no es si Bermúdez es vinculado a proceso. Eso es apenas el inicio. La prueba real es si el sistema está dispuesto a investigarse a sí mismo sin anestesia. Y ahí, curiosamente, es donde casi siempre se acaba el valor
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