*Armagedón**

“Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá”

**Juan 11:25*

*Ferdusi sólo se fue antes…*

*Alfredo A. Calderón Cámara**alfredocalderon1960@gmail.com**A menudo el sufrimiento deja sin esperanza al ser humano, lo deja impotente cuando enfrenta una situación fatal como es la muerte de un amigo o un familiar, esta separación es tan final, tan irreversible, tan evocadora del ser perdido, que nadie puede evitar sumergirse en la evocación del pasado e idealizar la relación vivida**Sin embargo, la muerte no solamente limita la vida, sino que la abarca, la impregna; no sólo la interrumpe sino la consume, no sólo la amenaza sino le da sentido. Cuestionar la muerte es infantil porque las respuestas halladas son incomprensibles o no estamos de acuerdo con ellas**Es un hecho que todos tenemos que morir; somos como agua que se cuela entre los dedos y se derrama al suelo, que no se puede recoger; sin embargo, Dios no quita la vida a nadie, sino que pone los medios para que el desterrado regrese a casa y no siga alejado de Él**Ayer por la tarde el sufrimiento desgarró el corazón de la familia Bastar Mérito, de la mesa de Sanborns Olmeca y demás amigos, las más opuestas emociones: esperanza, desaliento y desilusión enseñaron la innegable realidad: en un Hospital de la ciudad, a sus 91 años de edad don Ferdusi Bastar Mérito, árbol frondoso en su tiempo del cual salieron semillas que dieron frutos, patriarca de generaciones entregaba su alma ante el llamado impostergable del Creador**Longevo de edad, a sus amigos y familiares generacionales él la mayor de las veces los había ido a despedir uno a uno, ahora fue su turno: un ser humano excepcional, alegre, culto, intelectual, un extraordinario amigo de plática amena y jocosa; entendía el columnista por qué René Trosero decía “No te mueras con tus muertos ¡Despídelos! Como despides las aguas del río que van al mar, sabiendo que volverán mañana nubes y serán lluvias sobre tu rostro”**Se entiende que la vida es una peregrinación hacia la muerte, desde el mismo nacimiento la muerte camina detrás y muchas veces demasiado cerca. Amado Nervo fue certero al hilar sus poemas “El ver a tus muertos es de tal manera cercano e inevitable, que no debes alterar con la menor festinación las pocas horas de tu reposo. Ellos, con un concepto cabal del tiempo, cuyas barreras traspusieron de un sólo ímpetu, también te aguardaran tranquilos. Tomaron únicamente uno de los trenes anteriores”**Hoy imaginamos a don Ferdusi desde otra perspectiva, ya no más enfermo, ya no más desgastado ni cansado sino ligado a la mismísima energía de Dios. No hay reclamos al Creador, sino gratitud por haberlo dejado tantos años con una familia y amigos que entienden que por encima del dolor esta su paz, que para que el hombre sea injertado en Dios, los injertos se hacen así: por las heridas, sucede como con las espinas: sufre más el que las pisa que el que las besa, pues Dios no tiene flechas de exterminio, sino llagas de amor. Y manos así –llagadas– no pueden herir, sino acariciar**Hay que aprender que el que se abraza con la cruz vive más alegre que el que la desecha, la cruz en el cuerpo atormenta, en el corazón da vida, Ferdusi, caballero, intelectual y señorón, donde quiera que estés, sé que vives una realidad muy distinta, sólo saltaste dentro del buque que transporta a las playas eternas; sólo cerraste los ojos y dormiste entre los hombres**¿Sentimientos de reclamo? ¿A quién, para qué? ¿Quién conoce los planes de Dios? Débil es la inteligencia del hombre y falsas muchas veces sus reflexiones, basta saber que el cuerpo del hombre es como una vestidura, cuando se ha gastado por la edad o por la enfermedad: el alma lo abandona, hay que entender que: Ferdusi estaba determinado, viviendo cada día, ayer Ferdusi sólo se fue antes…**SEPTIMO SELLO**Anoche, su familia y mayoría de los amigos de Ferdusi vieron cara a cara que no están solos para enfrentar las pruebas, anoche la mayoría entendió que ningún lazo une tan fuertemente los corazones como la compañía en el dolor, cada amigo sabe que la inexorable ley de la vida nos ubica: que temprano o tarde, como una pintura nos iremos borrando, como una flor nos iremos secando; sin embargo, los lazos de amistad permanecen y cada sentimiento tiene su significado y su valor**La muerte no pide permiso, tampoco explica. Llega, corta y deja al hombre frente a su límite más incómodo: entender que no controla nada. La partida de Ferdusi Bastar no sólo abre un vacío en su familia y en quienes compartimos su mesa, sus palabras, sus sonrisas y su tiempo; también obliga a mirar de frente esa verdad que evitamos mientras podemos: la vida es breve y su valor no está en su duración, sino en la huella que se deja**SEPTIMA TROMPETA**A sus 91 años, no se extingue una vida, se consuma una historia. El teapaneco fue un árbol que dio sombra, que dio fruto, que vio partir a muchos antes que él, y que ahora, con la serenidad de quien ya cumplió, simplemente se adelanta en el camino inevitable. El dolor que hoy se siente no es debilidad, es memoria viva. Es la prueba de que hubo vínculo, de que hubo afecto, de que hubo presencia real. Porque nadie llora lo que no significó nada**Pero la muerte, aunque duela, no es ruptura total. Es transformación. No interrumpe la vida, la completa. No la destruye, la revela en su sentido más profundo: el tránsito. Como bien se ha dicho, no hay que morir con los muertos. Hay que despedirlos. Dejarlos ir como el agua que corre hacia el mar, entendiendo que lo que fue auténtico no desaparece, sólo cambia de forma**SEPTIMA COPA**Hoy no se piensa en un hombre enfermo o cansado, sino en un espíritu liberado de la carga del tiempo. No hay reclamo posible ante lo que es ley universal. La inteligencia humana se rebela, pero la vida —y la fe— terminan imponiendo una verdad más serena: nadie se pierde cuando ha vivido con sentido. Ferdusi no se fue del todo. Se adelantó. Y eso, aunque duela admitirlo, también es una forma de consuelo. Ya descansa en paz nuestro estimado amigo*.

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