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Aplican L-asparaginasa caducada a niños con Leucemia
Alfredo A. Calderón Cámara
alfredocalderon1960@gmail.com
El señalamiento sobre la aplicación de medicamentos caducados a niños con Leucemia linfoblástica aguda en el Hospital del Niño “Rodolfo Nieto Padrón” no puede tomarse como un hecho menor ni administrativo: se trata de una negligencia transgresora eminentemente clínica, ética y de seguridad para la vida del paciente ¡Un indefenso niño que con Leucemia Linfoblástica Aguda que tuvo reacción adversa al serle aplicado el medicamento caducado!

Cuando una jefa de servicio de oncología emite una alerta formal mediante oficio interno: HRAEN/DH/UM/CMI/SO/36/2026 hace dos días -17 de marzo del presente año-; señala algo peor, hay 4 nuevos niños recién diagnosticados y 19 niños más en la lista. Aunque este espacio es de análisis político, este tipo de denuncias son insoslayables ya que se trata de la salud y vida de niños en estado de indefensión, que sus padres confían en los médicos del Hospital del Niño

Lo que queda expuesto no es sólo una falla de abasto, sino una ruptura delicada en la cadena de control de calidad terapéutico a pacientes pediátricos altamente vulnerables. En oncología infantil, cada fármaco, cada dosis y cada tiempo de administración importan. No es burocracia, es vida. Qué extraño descubrimiento: en medicina, la negligencia sí mata ¿Qué explicación dará el colombiano Dr. Madriñan Rivas a los afectados padres de los niños con Leucemia Linfoblástica Aguda ante estos desatinos médicos

En el sector salud, cada falla tiene nombre, responsabilidad y consecuencias. Anote Usted que el dato es brutal: la aplicación de L-asparaginasa caducada en pacientes pediátricos con leucemia linfoblástica aguda -denunciada por la jefa de oncología-. No habla de un analgésico cualquiera. Se trata de un fármaco clave en la supervivencia de niños con cáncer. Su uso exige precisión absoluta, vigilancia estricta y condiciones óptimas, pero las cosas están tan mal que los médicos especialistas se esconden y ni siquiera recetas les dan a los padres de los pacientes

Dimensionemos, alterar cualquiera de estos elementos no sólo compromete la eficacia del tratamiento en los niños con Leucemia Linfoblástica Aguda, sino que abre la puerta a eventos adversos que pueden escalar desde reacciones alérgicas hasta cuadros graves como choques anafilácticos e incluso la muerte. Y aquí lo más grave no es la teoría: es lo redactado en el oficio citado, la jefa de oncología de manera honesta reportó ante el pediatra colombiano Eduardo Madriñan Rivas que hay un evento adverso documentado

En cualquier sistema de salud humanista y funcional, un señalamiento así activa protocolos inmediatos: suspensión del lote, revisión de inventarios, investigación clínica, notificación a farmacovigilancia. Pero en el Hospital del Niño según lo que se describe, la lógica parece invertida: primero se expone al paciente y luego, -si acaso-, se reacciona. En una especie de ruleta clínica juegan con la vida del paciente pediátrico sin que los infantes o sus padres se enteren o hayan apostado

En el caso de la L-asparaginasa, el problema adquiere una gravedad mayor por la naturaleza misma del medicamento. Se trata de un fármaco esencial en protocolos contra la leucemia linfoblástica aguda, un cáncer hematológico que exige precisión terapéutica estricta. Su utilidad clínica radica en privar a las células leucémicas de asparagina, frenando así la supervivencia de cuando menos 23 niños que tienen derecho a la vida y por lo que se ve: están en grave riesgo

Sin embargo, es también un medicamento con perfil de riesgo importante, especialmente por reacciones de hipersensibilidad, pancreatitis y otras complicaciones graves adversas. Si además existe el riesgo -como lo dice la jefa de oncología- de aplicación fuera de vigencia sanitaria, la preocupación añada, ya no sólo es por pérdida de eficacia, sino por alteración en la seguridad del producto, con evidentes consecuencias clínicas impredecibles en niños inmunológicamente demasiado frágiles

El punto más delicado no es únicamente el uso de un medicamento presuntamente caducado, sino la referencia del evento adverso posterior a su administración. En términos clínicos, un evento adverso obliga a trazabilidad inmediata: identificar lote, fecha de caducidad, condiciones de almacenamiento, momento exacto de aplicación, reacción observada, medidas de contención, evolución del paciente y notificación formal a farmacovigilancia

Es decir, no basta con lamentar por escrito el episodio ni esconderlo bajo el escritorio, al parecer deporte favorito en el Hospital del Niño. Brotan los cuestionamientos ¿Qué informará la directora Silvia Gutiérrez Lucatero al Dr. Emmanuel Pablo Caso Torres? ¿Qué auditoría clínica ordenará el encargado del despacho de IMSS BIENESTAR para llegar a la verdad histórica? ¿Qué informe dará Caso Torres ante el gobernador Javier May por este tipo de negligencias tan peligrosas contra esos 23 niños con Leucemia Linfoblástica Aguda en el Hospital del Niño?

Las preguntas son porque es insoslayable que un evento adverso tan grave en oncología pediátrica demanda investigación técnica, documentación completa y, si procede, el deslindar responsabilidades y la suspensión inmediata del producto cuestionado hasta esclarecer riesgos. También es de suma importancia distinguir algo fundamental: en pacientes con leucemia, no administrar un medicamento esencial por desabasto ya representa un daño potencial

Pero administrarlo en condiciones caducadas añade un segundo riesgo todavía más terrible: combinar las graves condiciones de salud de 23 indefensos niños con exposición a toxicidad o ineficacia. Es la peor ecuación posible. En oncología infantil, el tiempo perdido compromete respuesta al tratamiento; el medicamento inseguro compromete la vida misma

Por eso el problema no se reduce a una simple “falta de insumo”, sino a un posible escenario de vulneración clínica integral. Añada usted que la denuncia de desabasto de Ruxolitinib, apunta a otra arista igual de seria: la ausencia del medicamento para pacientes que lo requieren. Aunque su uso depende de indicaciones específicas y protocolos determinados, la falta de disponibilidad en un hospital pediátrico con atención hemato-oncológica revela una fragilidad estructural del sistema asistencial

En medicina oncológica, la continuidad terapéutica no es un lujo ni un favor administrativo: es parte del tratamiento para salvar la vida de niños que por su vulnerabilidad merecen vivir. Cuando el hospital no garantiza oportunidad, suficiencia y seguridad del medicamento, el paciente queda atrapado entre la progresión de la enfermedad y la improvisación institucional. Y la improvisación, en un niño con cáncer, no es una falla menor. Es la peor forma de desidia y abandono

Todo lo demás: discursos, evasivas y sellos oficiales, es inservible cuando un niño está conectado a un tratamiento del que depende su supervivencia. El fondo del asunto no lo entiende la dirección del Hospital y es lo más devastador: en oncología pediátrica, el hospital no sólo administra medicamentos, administra esperanza, tiempo y posibilidad de cura

Si esa confianza se fractura por la caducidad -cómo es evidente-, desabasto o manejo irresponsable cómo también es evidente con el Ruxolitinib, la afectación rebasa lo médico y entra en el terreno de la responsabilidad institucional. De ordenar Caso Torres la investigación por parte de una comisión médica externa y confirmarse los hechos, no sería un simple error operativo, sino una falla sistémica grave en el deber de cuidado hacia pacientes que no pueden defenderse por sí mismos

Y cuando la niñez enferma queda a merced del descuido, la medicina deja de ser refugio y se convierte en amenaza. La heroica intervención de la doctora que emite la alerta rompe ese sepulcral silencio. Y eso, en sí mismo, ya es significativo. Porque en sistemas deteriorados, lo habitual no es denunciar, sino adaptarse

Cuando un médico decide documentar y advertir, lo hace porque la situación ha rebasado el margen de tolerancia clínica y ética. No es un gesto político, es un acto de responsabilidad profesional, es el compromiso con su juramento hipocrático. Lo incómodo es que ese acto obliga al Dr. Emmanuel Pablo Caso Torres a limpiar esa fétida alcantarilla clínica donde se encuentra atrapada la salud de la niñez, sanear e impedir que a los niños con leucemia les sigan aplicando medicamentos oncológicos caducados

Las autoridades del Hospital del Niño no se preguntan ¿Qué pensará el señor gobernador que a la niñez tabasqueña le estén aplicando este tipo de medicamentos oncológicos caducados? ¿Qué explicación darán estas autoridades sanitarias ante los riesgos tan terribles que pueden llevar a la muerte a los niños que en su inocencia caen en manos de médicos que cometen estas negligencias?

Es impostergable que las máximas autoridades tomen el “toro por los cuernos”, deslinden responsabilidades y rescaten el valor de la vida de los niños en el Rodolfo Nieto Padrón, cierto es que hay escases, pero urge erradicar la negligencia y explicarle a la sociedad tabasqueña en su conjunto el por qué abusando de la inocencia de los padres: aplican L-asparaginasa caducada a niños con Leucemia

SEPTIMO SELLO
Desde una perspectiva médica clínica mesurada, el caso exige tres cosas. Primero, una auditoría inmediata de farmacia y oncología, con revisión de inventarios, lotes, caducidades y bitácoras de dispensación. Segundo, una investigación clínica de los posibles eventos adversos asociados a la L-asparaginasa señalada, incluyendo seguimiento de todos los pacientes potencialmente expuestos. Tercero, una acción urgente de garantía de abasto para evitar sustituciones improvisadas, retrasos terapéuticos o uso de medicamentos comprometidos ¡La vida de la niñez no tiene precio!

SEPTIMA TROMPETA
El costo político de este tipo de situaciones no es inmediato, pero es acumulativo. La confianza en el Hospital del Niño no se ha perdido de golpe, lo ha ido erosionando negligencia tras negligencia. Por ello, los padres ya dudan no sólo de la enfermedad, sino del tratamiento que reciben sus hijos, es irrefutable que ¡El daño ya es profundo! Porque en oncología pediátrica, la confianza no es un elemento accesorio: es parte del tratamiento

SEPTIMA COPA
El oficio enviado por la jefa de oncología confirma que la aplicación de medicamentos caducados, no es un error aislado, sino una falla grave de control sanitario. Añada Usted que el desabasto sostenido evidencia de incapacidad de gestión. Si no hay consecuencias, el mensaje será todavía más peligroso: la atención de niños con cáncer y la rendición de cuentas ¡Les vale! Puede esperar. Y en política, cuando la vida de los más vulnerables queda sujeta a la negligencia o a la omisión, el problema ya no es técnico. Es moral. Y ese tipo de facturas no prescribe

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