Armagedón

“¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce y lo dulce por amargo!”
Isaías 5:20

En Cárdenas, los “sondeos patitos” no funcionan
Alfredo A. Calderón Cámara
alfredocalderon1960@gmail.com
En Cárdenas, los tiempos electorales empiezan a mover piezas, a sacar del clóset ambiciones viejas y a disfrazar de vocación de servicio lo que muchas veces no son más que cálculos anticipados. No es novedad. La política tabasqueña es así, cuando se acerca el reloj de la sucesión, de pronto florecen los benefactores, los recorridos, las brigadas, los apoyos “sociales” y las encuestas milagrosas. Todo muy espontáneo, -por supuesto-. Como si la caridad electoral no tuviera calendario

En ese escenario se vuelve a colocar Miguel Moheno Piñera, ahora desde el PVEM, partido que en no pocas ocasiones ha funcionado más cómo bisagra o franquicia de oportunidad que como vehículo doctrinario real. Moheno no es un rostro nuevo ni un fenómeno emergente, para nada. Es, más bien, un eterno aspirante, un trepador tricolor, amarillo y ahora verde que de partido en partido se ha mantenido vigente

Aunque en su trayectoria arrastra datos centrales e historia de vida muy negativos mediante maniobras sus posiciones políticas han llegado por la vía plurinominal. Es decir, por la ruta de la negociación cupular, no por el veredicto directo, áspero y sin anestesia de las urnas. Esos detalles no son menores

Un dato, no es un político de trabajo serio, aunque anunció en febrero de 2025 el proyecto de brigadas médicas gratuitas itinerantes en Cárdenas, Tabasco, los resultados o logros específicos del programa —cómo número de personas atendidas, impacto en la salud comunitaria o avances concretos— sólo tienen parecidos a “viajes intergalácticos”; pues nadie sabe o no han sido reportados públicamente en los resultados de búsqueda disponibles

Entiéndase: una cosa es administrar presencia política desde la comodidad de una lista partidista, y otra muy distinta es meterse de lleno en el lodo social de un municipio agraviado, contradictorio, dolido por el abuso oficial y desconfiado ante la inusitada postura de este dadivoso “ángel verde”. Todavía no se entiende que gobernar Cárdenas no es posar para la fotografía ni vender con sonrisas climas, láminas o pollos bajo el brazo

La falta de sensibilidad social impide comprender que gobernar Cárdenas exige leer el malestar real de una sociedad que no sólo padece rezagos, sino también arbitrariedades, abusos de poder, decisiones autoritarias y una evidente fractura entre gobierno y ciudadanía. Ahí está precisamente uno de los nudos del problema. Moheno intenta construir capital político mediante labores sociales de escritorio, apoyos sin presencia asistencial, pero le gana el pánico de defender a la sociedad y hacer enojar a Euclides Alejandro

Definir posiciones y colocarse del lado de la sociedad podría darle visibilidad. Podría ayudarle a instalar nombre, a tejer estructura, a generar simpatías parciales en colonias o comunidades. Pero “lo que natura no da, Salamanca no lo presta”, una cosa es presencia y otra legitimidad. Una cosa es atención de escritorio y otra autoridad moral. Una cosa es vender o repartir ayudas y otra ponerse realmente del lado de la gente cuando el poder abusa

Porque si algo resalta en el contexto cardenense es el contraste entre la promoción del aspirante y el silencio frente a los excesos del poder municipal. El gobierno de Euclides Alejandro ha sido señalado en la percepción pública por una forma arbitraria de ejercer la autoridad, por una dureza que no es respaldada por sensibilidad política ni por disposición al diálogo social dado que las arbitrarias puñaladas se han dado contra quienes le dieron el voto y la confianza

Ante ese escenario, un Moheno Piñera que quiere gobernar no puede limitarse a hacer trabajo paralelo, como si viviera en una realidad alterna o separada. El diputado Moheno no puede pretender cosechar simpatía sin asumir postura frente al dolor cívico de la población. Y ahí es donde su indefinición exhibe una debilidad seria. Su aspiración verde le impide o al menos lo inhibe, de plantarse con claridad en defensa de la sociedad lastimada. No tiene compromiso con nadie

Prefiere una astuta prudencia calculada antes que el riesgo de la confrontación. Prefiere cuidar su proyecto de escritorio antes que incomodar al poder. Y ese tipo de conducta, aunque electoralmente es comprensible, socialmente resulta costosa. La gente puede tolerar muchas cosas en política, pero detecta con rapidez cuando alguien quiere gobernarla sin hacer compromisos ni ser capaz de acompañarla en sus agravios. El abandono social tiene sus costos

En otras palabras: no basta con mandar a las comunidades apoyos menores si no se llega también con voz, con posición y con valentía ante la arbitrariedad. El cariño popular no se obtiene sólo por la dádiva de regalar un pollo verde. Se gana cuando el aspirante demuestra que entiende el abuso, que lo denuncia y que está dispuesto a defender, ser la voz y representar desde la tribuna del Congreso a quienes no tienen micrófono

La política social sin compromiso cívico termina siendo apenas una tibia estrategia de colocación personal. Además, hay otro factor que pesa en contra: el menosprecio implícito a la inteligencia ciudadana. En muchos equipos políticos todavía sobreviven viejas fórmulas de laboratorio: encuestas pagadas, boletines inflados, propaganda de percepción, aplausos de utilería. Se pretende construir la idea de inevitabilidad, como si la repetición del nombre fuera equivalente a la aceptación social

Ubiquemos: en municipios con fuerte desgaste político, la gente ya aprendió a desconfiar de esas manipulaciones, maquillajes u operaciones. Las “encuestas patito” no entusiasman, irritan. No convencen, delatan. Cuando el pueblo sabe que el sondeo obedece al bolsillo del interesado, el resultado no genera adhesión, sino burla. Ese fenómeno tiene una lectura más profunda

La crisis de confianza en los instrumentos de medición no sólo golpea a los candidatos, también revela el deterioro general del vínculo entre sociedad y clase política. La ciudadanía ya no cree fácilmente en narrativas prefabricadas. Ya no se deja impresionar con el primer lugar comprado. Ya no confunde publicidad con respaldo. Y eso obliga a cualquier aspirante serio a construir algo más sólido que una percepción manufacturada

Dicho de otro modo: en torno a Moheno parece haber voluntad, estructura básica y persistencia, pero no necesariamente contundencia. Hay promoción, pero no estatura social. Hay movimiento, pero aún no hay profundidad. En Cárdenas donde el agravio social puede convertirse en combustible electoral, quedarse en la superficie puede ser fatal. En Cárdenas, “los sondeos patitos” no funcionan

SEPTIMO SELLO
Desde una óptica social, el caso Moheno retrata un dilema clásico de la política local: el asistencialismo como sustituto de la representación. Dar apoyos sirve para aliviar necesidades inmediatas, pero no reemplaza la obligación de articular un proyecto de gobierno. Un municipio no se gobierna con entregas esporádicas, sino con visión sobre seguridad, empleo, servicios públicos, obra pública, gobernabilidad, relación con sectores productivos, manejo de conflictos y trato digno a la ciudadanía

Cuando la política se reduce a pequeños gestos de ayuda, corre el riesgo de infantilizar a la población y de tratarla como clientela, no cómo comunidad política. Hay -además-, un elemento humano y político delicado en la última parte del planteamiento: las presiones internas y el temor a que el propio aspirante busque salidas alternas o termine replegándose por razones personales o de salud

SEPTIMA TROMPETA
Ese componente introduce incertidumbre y aunque entre sus fieles lo nieguen, no existe plena certeza sobre la solidez de su ruta. Y eso importa. Porque en política no sólo cuenta la intención de competir, también cuenta y mucho: la resistencia mental, emocional, física y estratégica ante “los viajes y demonios del pasado” para sostener la aptitud hasta el final. Un proyecto que depende demasiado de factores de estabilidad personal, puede tambalearse cuando arrecian los conflictos reales

SEPTIMA COPA
Políticamente, el riesgo para Moheno Piñera es quedar atrapado en una zona gris. No ser suficientemente opositor para capitalizar el descontento, ni suficientemente oficialista para recibir un respaldo pleno de las estructuras del poder. No ser visto como ruptura, pero tampoco como solución. En esa franja intermedia muchos aspirantes terminan diluidos: hacen ruido, levantan expectativa, ocupan conversación, pero no logran encarnar una verdadera esperanza de cambio. Uf, está “hicotea en verde”, todavía tiene mucha sangre que tirar.

Deja un comentario

Tendencias