
Armagedón
“Oíd ahora esto, pueblo necio e insensible, que tienen ojos y no ven, tienen oídos y no oyen”
Jeremías 5:21
Puntos de vista distintos
Alfredo A. Calderón Cámara
alfredocalderon1960@gmail.com
Ayer se comentaba en este espacio el tema de la Reforma Electoral: la política mexicana tiene una curiosa costumbre: todos hablan en nombre de “los ciudadanos”, aunque la mayoría de los partidos llevan años viviendo del presupuesto público. Entre el ruido del discurso hay algunos puntos que sí merecen un análisis serio. Ubiquemos, la estrategia de Movimiento Ciudadano es la tercera vía
MC intenta mantener la narrativa que lo ha acompañado desde hace años: no aliarse con el PRI ni con el PAN. La frase de “con el PRI ni a la esquina” no es improvisada. Es parte de una estrategia muy clara: presentarse como la oposición “limpia”, distinta tanto del viejo sistema (PRI) como de la oposición tradicional (PAN). El cálculo político es simple: Si se alían con PRI y PAN, pierden su narrativa de renovación
Si se acercan demasiado a Morena, desaparecen como oposición. Así que optan por lo único que les queda: la identidad de “tercera vía”. En teoría suena atractivo. En la práctica, el sistema político mexicano sigue siendo muy difícil para partidos medianos sin alianzas amplias. Luego sigue el argumento del dinero electoral y el dato que mencionan sobre el gasto electoral toca una de las heridas más viejas del sistema
La enorme brecha entre lo que se gasta y lo que se reporta oficialmente. Diversas organizaciones han señalado repetidamente que gran parte del dinero en campañas no pasa por la contabilidad oficial. Eso significa dos cosas incómodas: el financiamiento público no eliminó el dinero ilegal del crimen organizado o del huachicol. Es insoslayable que los partidos reciben dinero del Estado y además buscan financiamiento paralelo. El resultado es un sistema caro y todavía vulnerable
Ahora, el argumento de que podrían ahorrarse 45 mil millones de pesos es políticamente atractivo para MC, aunque hay que tomarlo con cautela. Ese tipo de estimaciones depende de cómo se rediseñe todo el modelo electoral, no sólo de recortar presupuesto. La pelea real es la legitimidad de la reforma; entendamos, el discurso de MC intenta instalar la idea que la reforma impulsada desde el gobierno carece de consenso político
Ese argumento es clave porque en materia electoral, históricamente en México se ha buscado algo parecido a reformas amplias y negociadas, justamente para que el árbitro electoral tenga legitimidad. Cuando una reforma se percibe como impuesta por una mayoría, inevitablemente genera sospechas. Aunque también hay que decirlo: los partidos hablan mucho de consenso, hasta que tienen los votos suficientes para no necesitar ese consenso. Simple y sencillo: la naturaleza humana aplicada a la política. Nada sorprendente
Aparece otra pieza clásica del discurso político contemporáneo: todos los partidos dicen representar a “los ciudadanos sin partido” ¿Es eso real? La idea de facilitar candidaturas ciudadanas o abrir el acceso al poder suena bien, pero el obstáculo no es solo legal. El verdadero problema es estructural, las campañas caras, el control territorial de partidos, las estructuras clientelares, pero, sobre todo: la influencia del crimen organizado en ciertas regiones. Cambiar las reglas no resuelve automáticamente ese ecosistema
La triste y lamentable realidad incida que hay una oposición fragmentada. El momento político revela lo que ya todos los ciudadanos saben: la oposición mexicana sigue profundamente dividida. PRI intenta reagrupar fuerzas. PAN rechaza alianzas con MC. Movimiento Ciudadano insiste en su independencia. Mientras tanto, el partido en el poder enfrenta a tres oposiciones que compiten entre sí. En política eso tiene un nombre muy poco romántico: ventaja estructural del oficialismo
De cara a las elecciones del 2027 a Morena no le hace falta inventarse una conspiración sofisticada cuando los adversarios están ocupados peleando entre ellos. El fondo del asunto y la frase final del discurso de casi todos, habla de “parar la simulación”. Una expresión fuerte, aunque algo irónica viniendo de la clase política. Porque la simulación electoral en México no empezó ayer ni pertenece a un solo partido
Es parte de una cultura política que lleva décadas mezclando: dinero público, dinero privado, dinero ilícito de procedencia opaca, clientelismo y marketing político. La reforma electoral que México necesita es mucho más profunda que lo que hoy discuten los partidos. Pedirle a los partidos que diseñen reglas que reduzcan su propio poder es como pedirle a un gato que redacte la ley de protección a los ratones
No es imposible. Sólo tremendamente improbable. Y aun ahí, sí, la ciudadanía sigue esperando que algún día la política mexicana decida comportarse como un sistema democrático adulto. Los ciudadanos pueden soñar. Claro, la presidenta Claudia Sheinbaum lo definió bien, todos tienen: puntos de vista distintos
SEPTIMO SELLO
La crítica sobre el financiamiento público excesivo a los partidos no es nueva. Desde hace años se cuestiona que México tenga uno de los sistemas más costosos del mundo para sostener a los partidos. El señalamiento de que Morena ha recibido 30 mil millones de pesos es real en términos acumulados, pero también es una consecuencia directa del modelo constitucional que reparte recursos según votación obtenida
En otras palabras: los partidos grandes reciben más dinero porque la ley premia el respaldo electoral. No es un privilegio diseñado para Morena, aunque hoy lo beneficie. Ahora, el discurso de los partidos pequeños intenta convertir ese punto en una narrativa: “los partidos millonarios cierran el paso a los ciudadanos”. Suena bien, pero hay una contradicción evidente: quienes dicen eso también son partidos que viven del financiamiento público. Es decir, todos maman de la misma teta
SEPTIMA TROMPETA
Aunque, ahí, el argumento se vuelve más retórico que histórico. En México, muchas reformas electorales sí surgieron por presión de la oposición, pero también han sido impulsadas desde el poder. La gran reforma de 1977 con Jesús Reyes Heroles salió desde el gobierno para abrir el sistema. La reforma de 1996, que fortaleció al entonces IFE, también tuvo impulso del Ejecutivo y negociación entre partidos
Así que decir que “ninguna reforma electoral emana del poder” es más bien una frase para el debate mediático, no una descripción exacta de la historia política. Ahora, el punto real del conflicto: es quién controla en estos momentos el sistema. Y ahí la discusión deberá llevarse hacia tres banderas: Reducir financiamiento a partidos, abrir espacio a candidaturas ciudadanas y blindar elecciones contra el crimen organizado
SEPTIMA COPA
Dimensionemos: todas son causas legítimas. El problema es que en la arena política cada bloque usa estas banderas para proteger su propio terreno. Morena busca modificar reglas que considera heredadas del viejo sistema. La oposición intenta evitar cambios que puedan debilitar contrapesos o fortalecer al partido gobernante. Y el choque no es filosófico. Es una disputa por el control del árbitro y de las reglas del juego
Vale la pena revisar a conciencia un tema realmente serio: la violencia electoral. Un punto mucho más profundo. La idea de MC de anular elecciones cuando asesinan a un candidato aparece como respuesta a una realidad brutal: el crimen organizado ya interviene en procesos electorales. México ha vivido cientos de agresiones contra candidatos en los últimos procesos. El problema es que anular elecciones automáticamente podría provocar otro efecto perverso. Bonito fin de semana.
Deja un comentario