
Armagedón
“Si eres débil en día de angustia, tu fuerza es limitada”
Proverbios 24:10
Ricardo Monreal, débil y derrotado
Alfredo A. Calderón Cámara
alfredocalderon1960@gmail.com
La Reforma Electoral enviada por la presidenta Claudia Sheinbaum en este tipo de escenarios revela uno de los rasgos más característicos del parlamentarismo contemporáneo en México: la distancia que puede existir entre la voluntad política del Ejecutivo y la aritmética legislativa necesaria para concretarla de acuerdo a los intereses de cada quién. En este caso, la presidenta ha cumplido con el compromiso político que asumió públicamente al enviar la iniciativa de reforma constitucional
Desde el punto de vista institucional, ese gesto tiene un valor importante, porque de una u otra forma Sheinbaum Pardo cumple entre el discurso de campaña y la acción de gobierno. En política, cumplir con lo prometido fortalece la narrativa, aun cuando el desenlace legislativo no esté garantizado. Ahora, una vez presentada, el centro de gravedad está inevitablemente en la Cámara de Diputados como cámara de origen
Allí -de acuerdo a los intereses de cada partido, aun los aliados- ya no operan solamente las decisiones del Ejecutivo, sino las reglas del juego parlamentario: correlación de fuerzas, negociación entre bancadas, tiempos legislativos y, sobre todo, la exigencia constitucional de mayorías calificadas cuando se trata de modificar la Carta Magna. Aquí aparece el primer obstáculo estructural. Las reformas constitucionales en México requieren el voto favorable de las dos terceras partes de los legisladores presentes en la sesión
En términos prácticos, esto implica 330 votos. Morena, aun siendo la fuerza mayoritaria, cuenta sólo con 253 legisladores. Esa cifra es suficiente para impulsar reformas legales ordinarias, pero resulta insuficiente para modificar la Constitución sin el respaldo de aliados. La dificultad se acentúa porque los partidos que tradicionalmente han funcionado como satélites parlamentarios del oficialismo, particularmente el Partido Verde y el Partido del Trabajo, han emitido señales ambiguas o incluso severas críticas respecto a la iniciativa
Cuando los aliados naturales muestran reservas, el margen de maniobra se reduce a casi nada. La oposición, ha manifestado su negativa a acompañar la reforma, lo que vuelve prácticamente imposible alcanzar la mayoría calificada sin una negociación política profunda. Esto convierte el proceso legislativo en un ejercicio de aritmética política simple. No se trata únicamente de defender el contenido de la reforma, sino de construir una coalición parlamentaria suficientemente amplia para aprobarla, lo cual es improbable
Ahora hay un elemento central: el papel de los coordinadores parlamentarios y de las comisiones dictaminadoras. Las comisiones son el primer filtro institucional. Allí se analiza el contenido de la iniciativa, se elaboran dictámenes, se discuten reservas y se abren espacios de deliberación técnica y política. Las comisiones deben garantizar tiempos razonables de discusión y permitir que los distintos grupos parlamentarios expresen sus argumentos a favor o en contra
El coordinador morenista, Ricardo Monreal se nota derrotado y menciona un aspecto relevante: “la importancia de establecer reglas claras para el debate”. El asunto está tan espinoso que ahí, el control del procedimiento legislativo es tan importante como el contenido de la iniciativa. Definir tiempos de discusión, ordenar el desahogo de reservas y garantizar que el debate se desarrolle dentro de cauces institucionales es fundamental para evitar que el proceso se convierta en un enfrentamiento caótico entre bloques políticos
A esto se suma la presión del calendario electoral. El marco constitucional establece que debe aprobarse 90 días de anticipación al inicio del proceso electoral. Ese límite temporal introduce un factor adicional de complejidad. Si el proceso electoral comienza en septiembre, el plazo práctico para aprobar la reforma se ubica hacia finales de mayo. El Congreso dispone de una ventana de tiempo muy corta para dictaminar, debatir y votar la iniciativa
El tiempo, también juega en contra de la reforma. Cada día que pasa sin acuerdos parlamentarios reduce las posibilidades de alcanzar la mayoría calificada. En política legislativa, los calendarios suelen ser implacables: si los consensos no se construyen con suficiente anticipación, las iniciativas terminan atrapadas entre la presión del reloj y la polarización política
Desde su llegada la reforma enfrenta un escenario complicado que puede interpretarse como una señal de realismo político. Ricardo Monreal reconoce las limitaciones de la correlación de fuerzas y prepara el terreno para un debate que probablemente será intenso, polarizado y sin esperanzas. Ubiquemos: desde una perspectiva partidista -cada partido (PT y Verde) “jalará agua para su molino”, eso pone a prueba la capacidad deliberativa del Congreso mexicano
La reforma sigue dividiendo en “buenos y malos” “aliados y traidores”, los intereses de grupo impiden que haya serenidad y espacio para la discusión profunda sobre el rumbo del país. Ahora el debate se reduce únicamente a cálculos de votos, el proceso ya perdió parte de su legitimidad democrática. Las bancadas -en lo suyo-, presentan argumentos, justifican posiciones y explican a la ciudadanía las razones de su voto y cumplen su función representativa acorde a intereses propios
En síntesis, la reforma electoral está chapaleando en un panorama legislativo difícil y complejo. La presidenta ha cumplido al presentar su iniciativa, pero ahora el desenlace depende del equilibrio de fuerzas en el Congreso. Con 253 votos propios y “unos aliados” que se mantienen distantes, la construcción de una mayoría calificada exige una negociación política intensa y rápida, especialmente considerando el límite temporal impuesto por el calendario electoral
La diputada panista y abogada que preside la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, Kenia López Rabadán llevará la apertura del debate en las comisiones y en el pleno al máximo nivel, no sólo definirá el futuro de la reforma, sino también mostrará hasta qué punto el Congreso mexicano puede funcionar como un verdadero espacio de deliberación democrática. Máxime cuando en la batalla que viene todos de antemano han visto al coordinador morenista, Ricardo Monreal, débil y derrotado
SEPTIMO SELLO
La oposición priista parece atravesar uno de esos momentos en que la crítica política termina volviéndose en su contra. Su intento de cuestionar el uso de colores vinculados a Morena en las placas vehiculares revela más improvisación que estrategia. El problema no es sólo el fondo del reclamo, sino el detalle técnico: las placas utilizan un tono morado, mientras que el color oficial de Morena está definido legalmente como un Pantone específico. Es decir, son parecidos a simple vista, pero jurídicamente distintos
Ese descuido evidencia una debilidad más profunda: la falta de rigor al momento de construir argumentos legales y políticos. Cuando una oposición recurre a tribunales o presenta denuncias públicas, se espera que lo haga con sustento sólido. Si el planteamiento se cae por un detalle técnico que pudo haberse revisado previamente en la normativa electoral o en los registros oficiales del partido, el efecto termina siendo contraproducente
SEPTIMA TROMPETA
En política, los errores de forma pesan tanto como los de fondo. Y en este caso, la oposición no sólo pierde la discusión jurídica, sino también credibilidad frente a la opinión pública. Más que un golpe político contra Morena, el episodio proyecta a un PRI que todavía busca rumbo, estrategia y precisión en su papel de contrapeso. Mientras tanto, Morena observa el episodio con ventaja: cuando el adversario falla en lo básico, el debate deja de ser ideológico y se convierte simplemente en un error de cálculo político
Otra falla horrible: la reacción de Fabián Granier llega tarde, demasiado tarde. Señalar posibles irregularidades del gobierno de Arturo Núñez ocurrido siete años atrás, cuando los plazos legales de responsabilidad administrativa o penal ya se encuentran prácticamente prescritos, revela más improvisación política que una estrategia seria de rendición de cuentas. En política, el tiempo es determinante. Si una denuncia no se presenta cuando existen condiciones jurídicas para investigarla, termina convirtiéndose en un discurso sin consecuencias
SEPTIMA COPA
Y eso es lo que ocurre aquí: el señalamiento pierde fuerza porque llega cuando el marco legal ya no ofrece margen real de acción. El problema no es solo jurídico, también es político. Una oposición eficaz necesita conocimiento de la ley, precisión en los tiempos y claridad en sus objetivos. Cuando esas tres cosas fallan, el resultado es una crítica que no incomoda al adversario y que, por el contrario, exhibe debilidad propia
Por eso la frase popular: “lo que natura no da, Salamanca no lo presta” termina retratando la situación: cuando falta oficio político y conocimiento legal, ni las mejores intenciones alcanzan para sostener un argumento sólido. Y en ese escenario, quien pretendía golpear al adversario termina debilitando aún más la posición de su propio partido ¿Alguien se acordó y celebró ayer de los 97 años de haber sido fundado ese cascajo llamado PRI?
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