
Armagedón
“Sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios”
Romanos 1:21-22
¿Usted le cree al pichurriento PRI?
Alfredo A. Calderón Cámara
alfredocalderon1960@gmail.com
La escena tiene algo de liturgia antigua: un partido tricolor que fue maquinaria hegemónica durante décadas, reunido -según ellos- para reorganizarse como quien junta y recompone los restos de un naufragio. En la toma de protesta de los nuevos Comités Seccionales, el diputado local Fabián Granier sostuvo que el PRI atraviesa una “reorganización profunda” y rechazó las actas de defunción anticipadas
Suena cómico escuchar discursear al PRI, que habla de una disque “reorganización profunda” ¿Cuántas veces lo han repetido? Son semejante a un viejo general desvencijado, jurando que esta vez sí aprendió la lección después de perder la batalla. No es imposible. Pero tampoco es automático. Sobre todo, cuando esa declaración viene de un Fabián Granier -que cobijado en la sombra paterna secuestró al PRI-, sin gloria ni trayectoria
Lamentable y “agónica patada de ahogado” que sólo cumple la función de enviar la señal de una oposición que jadea fatigosamente, aunque se saben casi infartados. El diputado pluri -nunca ha ganado nada-, reconoce tácitamente que les han “extendido actas de defunción anticipadas”, confesión implícita que en el ánimo público: el PRI dejó de ser el eje del sistema político y hoy -en condiciones de indigencia y pena ajena- lucha por no convertirse en nota al pie de la foto
La frase, aunque abatida y lastimosa, es necesaria. Refleja la triste realidad: porque el partido de ser sistema hegemónico pasó a convertirse en última minoría, la narrativa refleja agónica supervivencia. Decir “nos han subestimado” implica dos cosas: reconoce que son casi nada: “un periódico de ayer, que casi nadie procura ya leer” -dijera Willie Colón, hoy ya no son el eje del poder e intenta mimetizar la debilidad
El problema no es discursivo, es estructural. El PRI no enfrenta sólo una horrorosa crisis electoral, sino una aterradora crisis de credibilidad, autoridad moral e identidad. A su lado, un dirigente que se cada día se parece más a la botarga del Dr. Simi que al mismo Alito. Durante décadas el PRI fue partido de Estado, constructor de instituciones, pero también símbolo y estandarte de saqueo, corrupción y cinismo, prácticas que la sociedad vomitó y castigó en las urnas
La derrota tricolor no fue un accidente coyuntural, fue un ajuste histórico ante la implosión destructora que inició con Miguel Romero, Adrián Hernández y de ahí la imparable “bola de nieve cuesta abajo”. La disyuntiva no es si todavía no entienden su realidad o la subestiman, sino que aplican las mismas rancias recetas queriendo obtener guisos nuevos que ofertar a una sociedad que tiene memoria y no olvida el saqueo
Reorganizar comités seccionales es necesario, pero insuficiente. Los mismos administradores del desastre, el mismo chiquero: sin una verdadera renovación de cuadros, sin deslinde claro de las viejas prácticas de intolerancia, vividores del sistema aferrados a un descarnado hueso, sin una narrativa que conecte con nuevas generaciones, la radiografía aterra: una reorganización maquillada, convertida en simple administración de la nostalgia ¿Alguien les cree?
Dimensionemos: en política, nadie muere por decreto, pero tampoco revive por discurso. La reorganización profunda que anuncia el PRI sólo podría ser real si implica una transformación ética y programática visible, deben desaparecer del escenario y posiciones de poder todos los desacreditados, saqueadores y corruptos que todos saben quiénes son. De lo contrario, las “actas de defunción” no serán anticipadas, serán simplemente postergadas
En estados como Tabasco, donde el mapa político cambió de forma drástica, el PRI ya no compite con la fuerza de su estructura territorial de antaño. Compite con memoria social acumulada y con una ciudadanía que los reprobó horrible y ahora de entrada ¡Exige coherencia, legitimidad y transparencia en sus procesos! El reto no es sobrevivir; es exhibir que las llagas de la antidemocracia han sanado y con rostros nuevos demostrar utilidad pública
Fabián Granier apuesta por el orgullo herido como motor semi desvielado. La “cuerda” podría funcionar hacia adentro, como mecanismo de cohesión si el maquillaje no se le corriera. Pero hacia afuera la ciudadanía exige más que una desacreditada resistencia. Exige propuestas, autocrítica y credibilidad: aspirar a gobernar en Centro es cómo pretender volver volar en “el avioncito de las juergas con sus amigas”, sólo que, ahora con las hélices quebradas
Entendamos: la política mexicana es cíclica. Los partidos caen y sólo algunos regresan. Pero regresan distintos. Si el PRI pretendiera regresar, debería demostrar que aprendió de su caída. Porque el electorado ya no compra cascajo como resiliencia retórica; Tabasco quiere comprar congruencia -que no hay-. Y hoy, la prueba mayor del tricolor es la letal respuesta social ante el espejo con veracidad ¿Usted le cree al pichurriento PRI?
SEPTIMO SELLO
La política tabasqueña tiene una cualidad fascinante: nunca muere, sólo cambia de disfraz, se maquilla un poco y vuelve al escenario con el mismo guion, pero con distinto eslogan. Y en ese teatro eterno reapareció -otra vez-, el ex gobernador Andrés Granier Melo, figura que representa no sólo un político, sino a toda una época del poder en Tabasco que se niega a quedar archivada
Su declaración sobre la elección de 2027 no es un comentario aislado. Es un mensaje cargado de memoria histórica, ajuste de cuentas simbólico y lectura estratégica del presente. Vamos por partes, porque esto tiene más capas que una cebolla política: es una voz del pasado que reclama el presente, Granier no habla como un exgobernador retirado que opina desde la nostalgia. No
La parte interesante del discurso de Andrés Granier es que reconoce que la gente dejó de confiar en su partido y “en gran parte fuimos culpables”. Eso es políticamente relevante porque rompe con la narrativa tradicional del victimismo opositor. Reconoce el colapso moral del sistema priista en Tabasco que él gobernó, la grotesca depredación del compadre “Salas” y el saqueo y depredación desmedida de Sainz Pineda y su cerebro financiero de Medina Sonda. Documentos hay
SEPTIMA TROMPETA
Hoy, el matiz estratégico: la autocrítica no es para cerrar el pasado, sentarse en la mecedora a cuidar nietos; no, es para justificar el regreso. Es el clásico argumento de restauración política: “Sí fallamos, pero aprendimos, ahora somos necesarios”. La historia está llena de infértiles regresos construidos exactamente sobre ese discurso
La paradoja histórica del personaje: aquí aparece la ironía más poderosa del momento. Granier representa un modelo político que fue desplazado precisamente por el hartazgo social que dio origen al nuevo régimen dominante. Es decir: el sistema que él encarnó generó las condiciones de su propia derrota, el movimiento que lo sustituyó se construyó sobre ese rechazo, sobre esas nauseas, ahora él intenta capitalizar el desgaste del nuevo sistema
SEPTIMA COPA
Es el ciclo clásico del poder en México: manipular desgaste del contrario e intento de restauración. Uf, nada nuevo bajo el sol, sólo actores distintos interpretando el mismo libreto estructural. Cuando dice que el 2027 “está cabrón”, en realidad está reconociendo tres cosas que cualquier analista serio entiende
1. Morena conserva hegemonía estructural en Tabasco. 2. La oposición carece aún de una narrativa dominante clara y con autoridad moral. 3. El desgaste del poder no garantiza alternancia automática. Granier sabe que no basta el desgaste del gobierno, el PRI necesita reconstruir organización territorial, liderazgo creíble y base social movilizada para lo cual el PRI no tiene fuerzas ni credibilidad. Eso no se logra con memoria, se logra con estructura
Ubiquemos: más allá de lo electoral, su discurso busca algo más ambicioso: redefinir la interpretación del pasado político de Tabasco. No quiere que la historia lo recuerde como parte de un sistema derrotado que dejó el sistema de salud en Terapia Intensiva, sino como parte de una generación desplazada que aún tiene algo que decir
La intervención de Granier no es solo una declaración política. Es un síntoma del momento que vive Tabasco. Significa que: desde su estado catatónico el antiguo poder piensa que ya no está derrotado psicológicamente, que el nuevo poder ya no es incuestionable, el sistema político entra en fase de disputa narrativa, eso todavía está muy lejos de la alternancia
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