Armagedón

“Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?”
“Jeremías 17:9”

La burda exhibición de un perverso corazón
Alfredo A. Calderón Cámara
alfredocalderon1960@gmail.com
La política, cuando se ejerce desde la experiencia y la memoria histórica, debería aportar mesura. Por eso llamó la atención que los análisis que el ex gobernador Manuel Andrade difundía en redes sociales fueran leídos, en un primer momento, como una voz opositora preocupada por la seguridad pública en Tabasco

No era poca cosa: un ex mandatario que rompe el viejo código no escrito de “el respeto al sexenio ajeno es la paz” y decide opinar activamente sobre el gobierno en turno siempre genera ruido. Más aún cuando él mismo, en otras etapas, había sostenido la máxima popular de que “el que ya bailó que se siente”

En ese contraste se empezó a dibujar una tensión. Andrade fue, durante décadas, un político priista ortodoxo y pragmático, formado en la disciplina del sistema, donde las formas importaban tanto como el fondo. Sin embargo, su grave enfermedad y el episodio emotivo que vivió públicamente en Tele Reportaje alteraron esa imagen. El llanto fuera de control, el relato de haber visto la muerte de cerca, humanizaron a quien muchos identificaban como un operador político frío

En la cultura política mexicana, el control emocional es parte del capital simbólico del poder. Llorar en público no es sólo llorar: es alterar la narrativa de fortaleza que sostiene la autoridad política. Ese momento generó empatía social. Incluso adversarios guardaron prudencia. Hubo una especie de tregua moral espontánea. La sociedad, que suele ser feroz con sus políticos, mostró piedad. Y la piedad, en política, es una moneda rarísima

De parte de la sociedad y clase política hubo comprensión, incluso respeto. En un entorno digital proclive a la burla, ningún adversario relevante cruzó la línea del escarnio. Se entendió que la salud no es terreno de disputa política. Ese antecedente vuelve relevante el episodio reciente en torno a la enfermedad estomacal del gobernador Javier May

El mensaje publicado por Andrade —“me comentan que ingresó a urgencias del hospital Ángeles, Javier May. Deseo que no sea nada grave y tenga buena y pronta recuperación”— puede leerse, en apariencia, como un gesto de cortesía institucional. Sin embargo, el contexto importa. En una era de hipersensibilidad informativa y de rumores que se viralizan en minutos, introducir la versión de un ingreso hospitalario sin confirmación oficial es sembrar una semilla de duda

La llamada “psicología inversa” en política funciona precisamente así: se aparenta preocupación mientras se activa la especulación. La reacción posterior terminó por complicar la interpretación. La replicación de memes ofensivos y de imágenes del Ejecutivo en poses agresivas o humillantes no se corresponde con la estatura de un ex gobernador. Un político con experiencia sabe que cada acción comunica, y que en el espacio público digital no hay inocencia

El conflicto se deja sentir cuando quien recibió indulgencia social adopta ahora conductas que parecen contradecir ese capital moral acumulado. Al replicar memes ofensivos o ambiguos sobre la salud del gobernador Javier May, Andrade entra en un terreno políticamente delicado: el de la incoherencia emocional pública

No es sólo un tema de “golpeteo político”, que es normal en cualquier sistema competitivo. Es un problema de simetría moral: si pediste comprensión cuando estuviste vulnerable, pero ironizas o amplificas la vulnerabilidad ajena, erosionas la legitimidad ética que antes obtuviste. La sociedad no siempre exige congruencia… pero cuando la detecta ausente, la castiga con rapidez

Si hubo intención de ironía, esta se perdió entre la marea de comentarios maliciosos que rápidamente circularon sobre el estado de salud del mandatario. La frontera entre crítica política y descalificación personal es delgada, y cruzarla tiene costos

Aquí no se trata de blindar a nadie de la crítica. La oposición es necesaria, incluso incómoda. La revisión de políticas públicas, de estrategias de seguridad o de decisiones administrativas debe ser constante. Pero otra cosa es utilizar la enfermedad —propia o ajena— como catalizador de insinuaciones. En sociedades polarizadas, el capital simbólico de la mesura es escaso y valioso

Cuando un ex gobernador decide participar activamente en el debate, su voz pesa más que la de un ciudadano común; por eso mismo, también su responsabilidad es mayor. La política tabasqueña, de cara a procesos electorales futuros y en un clima ya de por sí cargado, no necesita escaladas innecesarias. La frase popular “el que se lleva se aguanta” puede funcionar en el terreno coloquial, pero en la arena pública cada exceso erosiona la confianza en la clase dirigente en su conjunto

El cruce del Rubicón no siempre es un acto heroico; a veces es simplemente imprudente. El episodio deja varias lecciones. La primera, que la coherencia entre discurso y conducta es un activo político difícil de sostener, pero fácil de perder. La segunda, que la salud debe permanecer fuera del combate partidista. Y la tercera, que la ciudadanía observa con mayor madurez de la que a veces se supone

Cuando la confrontación desciende al terreno personal, el descrédito no distingue colores ni siglas. Tabasco enfrenta desafíos estructurales en seguridad, desarrollo y gobernabilidad que requieren altura de miras. La crítica firme es legítima; la burla o la insinuación sobre la enfermedad, no. Si algo demanda el momento es bajar la temperatura del discurso y elevar la calidad del debate. Porque cuando la política se convierte en intercambio de memes, el único perdedor es el espacio público. Dicho episodio sólo ubicó la burda exhibición de un perverso corazón

SEPTIMO SELLO
Habrá que definir que el problema no es sólo personal entre actores políticos. Es estructural. Cuando la salud física del adversario se vuelve material de combate simbólico, el debate público se desplaza: de la política pública – al espectáculo personal, de la crítica institucional – a la burla corporal y del conflicto ideológico – a la humillación emocional. Eso empobrece la competencia democrática

La política deja de ser confrontación de proyectos y se vuelve combate de percepciones. Y Tabasco, que ya tiene suficiente intensidad política por tradición, no necesita más combustible emocional. Tiene de sobra. Lo que vemos no es sólo un exgobernador criticando a un gobernador. Es el síntoma de algo más profundo: a) La desaparición de códigos informales de contención entre élites políticas. b) La personalización extrema del conflicto político y c) la instrumentalización de la fragilidad humana como recurso de disputa. Cuando esos tres factores coinciden, el debate público pierde altura institucional

SEPTIMA TROMPETA
En Teapa se está dibujando algo bastante claro: el peso político ya no se mide tanto por la sigla partidista como por la memoria que dejó el gobernante cuando tuvo poder real. La gente puede votar por Morena, por tradición o por coyuntura, pero evalúa a las personas por su desempeño, por su “herencia administrativa”. En política local, la reputación es más persistente que cualquier campaña

El 16% de Héctor Raúl Cabrera Pascacio lo coloca, por ahora, como referencia inicial del tablero. No es una ventaja definitiva, pero sí un punto de arranque que indica reconocimiento territorial. En contextos municipales, eso vale oro: el conocimiento previo suele ser más determinante que la narrativa partidista

Tey Mollinedo Cano con 11% refleja otra cosa interesante: presencia formal no siempre equivale a arraigo emocional. Ser diputada federal da visibilidad institucional, pero la política municipal exige cercanía cotidiana, memoria concreta de gestión, contacto directo, queda a deber en todos. Si en su propia tierra no genera entusiasmo mayor, el dato no es menor

SEPTIMA COPA
El dato de Villahermosa añade otra capa. Que el líder de la JUCOPO aparezca con 48.1% en una medición nacional donde Morena encabeza en once ciudades y él figure en sexto lugar sugiere posicionamiento sólido, pero no dominante. Es una cifra relevante, aunque no definitiva. Indica presencia fuerte dentro del ecosistema morenista urbano, pero también evidencia que el liderazgo competitivo es plural y que el terreno sigue abierto

En conjunto, el mensaje es simple, aunque a muchos no les guste: las definiciones formales aún están lejos, pero las percepciones sociales ya comenzaron a fijarse. Y en política, la percepción temprana suele convertirse en profecía si nadie la contradice con hechos. Mientras tanto, los aspirantes restantes hacen lo que siempre hacen los aspirantes rezagados: esperar que algo cambie… o que alguien se equivoque

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