
Armagedón
“Y pondré sobre vosotros oprobio eterno y humillación eterna que nunca será olvidada”
“Jeremías 23:40”
La degradación de Adán: desolada y humillante
Alfredo A. Calderón Cámara
alfredocalderon1960@gmail.com
En política, como en la vida, hay mudanzas que no se explican con cajas, elevadores y tarjetas magnéticas. Son mudanzas simbólicas. Castigos silenciosos. Mensajes sin oficio ni sello, pero perfectamente entendibles para cualquiera que haya olido el poder aunque sea de lejos. Y la mudanza que le tocó vivir a Adán Augusto López Hernández después de perder la coordinación de Morena en el Senado pertenece a esa categoría incómoda: la del menosprecio elegante
No solo entregó el bastón de mando parlamentario. No solo dejó de repartir tiempos, favores y silencios. También le cambiaron la oficina. Y con ello, algo más grave: le cambiaron el vecindario. Pasó de los pasillos donde se decide a los corredores donde se sobrevive. De pronto, el exsecretario de Gobernación, el operador fino, el hombre que hablaba en nombre del presidente, apareció despachando en la zona donde se acomodan los senadores del PRI. Sí, del PRI. Como si el edificio mismo se burlara
No es un detalle menor. En el Senado, la geografía es jerarquía. Quién está cerca del coordinador, quién ve pasar a los secretarios, quién se cruza con los enviados de Palacio. Mover a alguien de ahí no es logística: es narrativa. Y la narrativa fue brutal. El mensaje fue: aquí ya no mandas. Y peor aún, aquí ya no estorbas lo suficiente como para expulsarte, pero tampoco importas lo bastante como para quedarte, apestas
El episodio no pasó desapercibido. Y quien decidió subrayarlo con plumón venenoso fue otro de su misma calaña, Alejandro “Alito” Moreno, dirigente nacional del PRI y senador profesional del escándalo. Fiel a su estilo, sin rodeos ni anestesia, lanzó la frase que terminó de convertir la mudanza en escarnio público: “¿Cómo por qué nos pusieron al apestado de vecino? Si ya no quieren al narcosenador… ¡háganse cargo!”
Más allá del exabrupto, que en boca de Alito es casi una forma de cortesía, el mensaje fue claro. Adán Augusto ya no es bienvenido ni siquiera entre los suyos. Y Morena, el partido que todo lo acomoda, lo regresó a su origen, parece no saber dónde guardarlo sin que huela demasiado. La escena es reveladora por contraste. Hace apenas unos meses, López Hernández era uno de los hombres más poderosos del régimen. Secretario de Gobernación con chequera política
Interlocutor con gobernadores, militares y fiscales. Aspirante presidencial sin decirlo, pero dejándolo entender. Ahora su mudanza forzada lo coloca en tierra de nadie: sin liderazgo, sin interlocución privilegiada, sin blindaje visible. Así se ve el ocaso cuando no viene con comunicado. En otras palabras, el famoso “equipo heredado” de López Obrador empieza a perder no solo posiciones, sino símbolos. Oficinas. Espacios. Accesos
Porque el poder real no se mide por el cargo que aparece en el currículum, sino por quién te abre la puerta… y quién deja de hacerlo. Y el fenómeno no es exclusivo del Senado. En la Cámara de Diputados el mensaje fue igual de claro, aunque más fino. Durante el reciente diálogo México–Estados Unidos, donde legisladores de todos los partidos se sentaron con representantes estadounidenses para hablar de seguridad, migración y T-MEC
Hubo una ausencia que hizo más ruido que muchos discursos: Ricardo Monreal, coordinador de Morena en San Lázaro, simplemente no estuvo. Monreal, otro sobreviviente del viejo círculo obradorista, otro operador curtido, quedó fuera de una mesa clave justo cuando Morena necesita mostrar orden, disciplina y alineación absoluta con la nueva presidenta. No hubo explicación. No hubo justificación. No hizo falta. En política, no te sacan del edificio. Basta con no invitarte a la reunión
El patrón se repite. No hay purgas espectaculares ni expulsiones dramáticas. Hay silencios. Reacomodos. Sillas que ya no te reservan. Oficinas que ya no te corresponden. Mesas donde antes eras indispensable y ahora eres prescindible. Es una depuración quirúrgica, sin sangre visible, pero con efectos duraderos. Así, ambas cámaras parecen estar en un proceso de limpieza política donde los nombres que cargan desgaste, conflictos o lealtades pasadas empiezan a ser desplazados con una cortesía cruel
El nuevo poder no grita. No acusa. Simplemente reorganiza el espacio y deja que el mensaje haga su trabajo. Porque en política, el poder verdadero no siempre se anuncia en conferencia. A veces se mide en metros cuadrados. En pasillos. En puertas que ya no se abren. En reuniones a las que ya no te llaman. Y sobre todo, en el incómodo momento en que descubres que nadie sabe muy bien dónde ponerte… ni siquiera fue invitado a la marcha de la lealtad, para qué. La degradación de Adán: desolada y humillante
SEPTIMO SELLO
El acto conmemorativo por el 113 aniversario de la Marcha de la Lealtad sirvió no sólo como ceremonia cívica, sino como un mensaje político claro en el actual momento de reacomodo del poder nacional y estatal. Ojo: una vez más la marcha sirvió para comenzar a definir posiciones y definiciones. El gobernador Javier May Rodríguez encabezó una movilización que firmó y reafirmó cohesión, identidad histórica y alineación política con su proyecto de gobierno. En política todo cuenta
El evento tuvo una carga simbólica evidente. La Marcha de la Lealtad remite a uno de los episodios fundacionales del Estado mexicano moderno, cuando los cadetes del Heroico Colegio Militar escoltaron al presidente Francisco I. Madero frente a la amenaza golpista. Al retomar esta referencia histórica, el gobierno estatal colocó el concepto de “lealtad” como eje central del discurso político: lealtad a las instituciones, al proyecto de nación y a la autoridad constitucional
SEPTIMA TROMPETA
El mensaje oficial estuvo a cargo de la secretaria Anticorrupción y Buen Gobierno, Mileyli María Wilson Arias, reforzó el respaldo explícito tanto al gobernador como a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo. Su discurso subrayó dos líneas estratégicas: la defensa de la soberanía nacional frente a presiones externas y la apelación a la memoria histórica como antídoto frente a la desinformación y la manipulación política. En términos políticos, se trató de cerrar filas y enviar una señal de disciplina y unidad en torno al nuevo liderazgo nacional
No fue un acto estático ni reservado a élites políticas, sino una marcha que buscó proyectar respaldo popular, presencia territorial y continuidad histórica. Desde una lectura política mesurada, el evento cumplió varias funciones. En lo interno, fortaleció la imagen del gobernador como conductor legítimo de un proyecto alineado con la presidencia
SEPTIMA COPA
En lo externo, envió un mensaje de estabilidad y cohesión en un contexto nacional marcado por tensiones políticas, reacomodos y disputas narrativas. Además, al colocar la lealtad como valor central, el gobierno estatal fija un marco discursivo que delimita quiénes están dentro del proyecto y quiénes quedan fuera. Más allá de la liturgia cívica, la conmemoración funcionó como una demostración de fuerza simbólica y política
No se trató únicamente de recordar un episodio histórico, sino de resignificarlo en el presente: lealtad como compromiso con el mandato popular, con la transformación institucional y con una visión de país que el actual bloque gobernante busca consolidar desde los estados hacia el centro del poder nacional
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