
Armagedón
“No opriman a las viudas ni a los huérfanos, ni a los extranjeros, ni a los pobres. No maquinen el mal en su corazón”
“Zacarías 7:10”
Cárdenas, anarquía uniformada al estilo Tequila
Alfredo A. Calderón Cámara
alfredocalderon1960@gmail.com
La coartada favorita de los gobiernos mediocres cuando la realidad los rebasa. Ocurre en a diario en Cárdenas con visos de ser algo mucho más grave: la normalización del abuso, la sustitución del Estado de derecho por la fuerza bruta y la convivencia obscena entre autoridad depredadora y la mirada complaciente de las autoridades. Eso tiene un nombre incómodo, pero preciso: anarquía con uniforme al más puro estilo de Tequila, Jalisco
La sucesión de hechos indica que la ciudadanía cardenense no está ante un “incidente aislado”. El sábado la policía dejo de ser autoridad para convertirse una vez más, en una colosal amenaza social. El operativo en la colonia Infonavit Deportiva no fue un error táctico ni un exceso menor. Fue una violación frontal a derechos constitucionales básicos. Sacar a golpes a ciudadanos de su domicilio sin orden de aprehensión
Detener con violencia a un tercero por grabar y defender, y hacerlo con total impunidad, revela tres cosas demoledoras: a) La policía municipal actúa sin controles internos reales. b) No existe temor a consecuencias legales o administrativas. c) El abuso ya es parte del método. Cuando la autoridad entra a una casa sin orden judicial, deja de ser autoridad y se convierte en asaltante con placa
Cuando golpea para imponer “respeto”, la policía de Euclides Alejandro no está previniendo delitos: está aplastando la sociedad y fabricando resentimiento social. Y cuando detiene a quien documenta el abuso, confirma que el problema no es la inseguridad, sino la evidencia. El mensaje es claro y brutal: “Aquí manda la policía, no la ley”. Cierto es que el alcalde ha remodelado algunos aspectos de la ciudad, pero el abuso sistemático también es imparable. No se puede gobernar sobre la extorsión oficial
Anote Usted el siguiente dato: que esto ocurra en la víspera del Carnaval no es anecdótico. Los eventos masivos siempre han sido usados por gobiernos locales incapaces como cortinas de humo o como zonas de recaudación informal. Más gente en la calle significa más oportunidades para el abuso: retenciones arbitrarias, revisiones selectivas, amenazas veladas, “cooperaciones” forzadas. No es seguridad preventiva. Es control social por intimidación
La sociedad ve cara a cara, dos Cárdenas: el ciudadano extorsionado y las ejecuciones intactas. Mientras la policía municipal se dedica a cazar ciudadanos, un hombre es ejecutado a balazos en la vía pública, con el clásico sello del crimen organizado. Técnica 48. Ejecución limpia. Mensaje enviado. Y aquí aparece la contradicción que desnuda al poder municipal de Euclides Alejandro: Ciudadanos comunes: golpeados, detenidos, hostigados. Delincuencia organizada: ejecuta en la calle sin que nadie la moleste
Eso no es incapacidad. Eso es priorización torcida. Cuando la autoridad se vuelve feroz con el débil y dócil con el violento, el problema ya no es operativo, es político y estructural. La policía deja de ser un instrumento de seguridad y se convierte en una herramienta de extracción, una especie de “derecho de piso institucionalizado”. No logra dimensionar el alcalde que gobernar con miedo es gobernar mal
El alcalde Euclides Alejandro no puede esconderse detrás del silencio administrativo. Si estos abusos ocurren “sin su conocimiento”, entonces no gobierna. Si ocurren con su tolerancia el asunto es peor porque entonces él es responsable directo. Se quiere reelegir, necesita dinero y se entiende; pero, lo que hoy se percibe en Cárdenas es un modelo de desgaste: Hostigamiento a comercios y restaurantes. Persecución de clientes que salen a tomarse una cerveza. Fiscalización selectiva a empresarios y microempresarios
Eso en Cárdenas no es el combate al crimen. Eso es destruir la economía local. Un municipio donde el comerciante tiene más miedo a la policía que al delincuente es un municipio condenado al colapso social. Es el empresariado y comerciantes en lamentables condiciones de gobierno. Del otro lado de la calle la gente se pregunta ¿Y el silencio cómplice del diputado Moheno?
Aquí la pregunta ya no es retórica, es política ¿Qué está haciendo el diputado Miguel Moheno Piñera ante esta cadena de abusos? ¡Nada! ¡Silencio cómplice total! Ni un posicionamiento. Ni una exigencia pública de respeto. Ni una defensa mínima de la ciudadanía que dice representar. Y ese silencio no es neutral. Es un vulgar cálculo detestable que no puede ser soslayado. Moheno Piñera ni ve ni oye el clamor ciudadano
Quien aspira a gobernar y guarda silencio frente al abuso, ya está gobernando en su cabeza, pero no para la gente, sino para no incomodar a los que hoy detentan el poder. La omisión también es una forma de traición política
¿En qué se parece Tequila, Jalisco y Cárdenas, Tabasco? Uf. La comparación con otros casos nacionales no es exageración. Es advertencia. Cuando un gobierno local empieza a usar impuestos unilaterales, extorsión disfrazada de inspección y violencia policial como método, entra en una pendiente peligrosa donde la autoridad se mimetiza con aquello que dice combatir. Ahí el ciudadano deja de distinguir entre policía y delincuente. Y cuando eso pasa, el Estado ya perdió
Ubiquemos: el sentir ciudadano no se contiene a golpes. Una gran mayoría de la sociedad de Cárdenas no está enojada por capricho. Está harta. harta de la inseguridad real. Harta del abuso institucional. Harta del silencio de quienes quieren el poder, pero no asumen el costo de defender a la gente. El pueblo puede aguantar muchas cosas, menos la humillación constante
La historia política lo demuestra una y otra vez: los gobiernos que gobiernan con miedo terminan cayendo con furia. Aquí no se trata de “entrar de frente”. Se trata de inteligencia, organización y memoria. Porque el ciudadano puede parecer desarmado, pero no es ingenuo. Y cuando llegue el momento, sabrá quién abusó, quién calló y quién miró hacia otro lado. En Cárdenas, hoy, el problema no es solo la inseguridad. El problema es que la autoridad decidió convertirse en parte del peligro. Y ven en Cárdenas, la anarquía uniformada al estilo Tequila
SEPTIMO SELLO
Esta semana, se revisará que el Hospital del Niño Rodolfo Nieto Padrón no está ante rumores ni percepciones: hay hechos administrativos graves que configuran un patrón de corrupción sostenida. Primero, una nómina inflada con aviadores y usurpadores de profesiones no es desorden, es daño patrimonial, fraudes sostenidos, delitos penales y riesgo directo para los pacientes. Cada plaza irregular es un recurso menos en insumos, mantenimiento y personal real
Segundo, el silencio institucional no es neutralidad. Cuando las máximas autoridades del Hospital del Niño que deben cuidar la correcta administración de los recursos, auditar, sancionar y corregir callan, validan. Ese silencio huele a complicidad comprada y a controles internos capturados. La complicidad entre Rene Ovando, Silvia Gutiérrez Lucatero y César Octavio Solís tiene prendida una mecha que está a punto de detonar
SEPTIMA TROMPETA
Tercero, la ley pisoteada en la cúspide del nosocomio confirma que el problema no es operativo, es de mando. Si arriba se tolera, abajo se reproduce. El clamor de médicos y enfermeras es claro y legítimo: esto debe terminar en un gobierno que se dice diferente. Si no hay denuncias formales, investigaciones y sanciones, la impunidad seguirá administrándose como costumbre. Y conviene recordarlo sin adornos: el artículo 222 del CNPP no es poesía decorativa. Obliga a denunciar. No cumplirlo también tiene consecuencias
En el Hospital del Niño Rodolfo Nieto Padrón se configura un presunto fraude administrativo de manual: una persona cobra como “médico especialista C” sin ser médica ni cumplir el perfil profesional. No es un error de captura ni un desliz burocrático. Es usurpación funcional con cargo directo al erario que lleva años. El “detalle técnico” que algunos pretenden minimizar es, en realidad, el núcleo del problema: el sueldo sale de recursos públicos en un hospital sin medicamentos, sin insumos y con filtraciones que convierten la lluvia en amenaza clínica
SEPTIMA COPA
Cada pago indebido no es abstracto: se traduce en camas sin material, cirugías diferidas y riesgo para pacientes. El cinismo institucional escala cuando se conoce el vínculo de poder: la persona señalada es esposa del líder sindical del SUTSET, René Ovando. Aquí el conflicto de interés no es sutil. Es estructural. Si el control sindical invade la nómina clínica, el hospital deja de ser un centro de salud y pasa a ser caja de favores
De acuerdo a documentos a los que Armagedón tuvo acceso, esta situación exige auditoría inmediata, verificación de cédulas, perfiles y funciones, y responsabilidades administrativas y penales si se confirman los hechos. La legalidad no es negociable. Y el dinero público, menos. Cuando un hospital paga lo que no existe, la enfermedad es el sistema. A petición popular de médicos y enfermeras, esta semana sin falta
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