
Armagedón
“Por tanto, no tienes excusa tú, quienquiera que seas, cuando juzgas a los demás, pues al juzgar a otros te condenas a ti mismo, ya que practicas las mismas cosas”
“Romanos 2:1”
Purga preventiva, ni perdón ni olvido
Alfredo A. Calderón Cámara
alfredocalderon1960@gmail.com
La renuncia de Adán Augusto López Hernández a la coordinación de Morena no ocurre en el vacío ni por un arrebato ético tardío. Ocurre en un contexto de presión internacional que el oficialismo intenta minimizar, negar o diluir fue vano, ya que rebasó los muros del discurso interno. Cuando la Casa Blanca empieza a filtrar listas, nombres y advertencias, la política mexicana deja de ser un asunto doméstico y se convierte en tema de seguridad hemisférica
La llamada “lista de comunismo negro”, filtrada desde Washington, no es un documento decorativo ni una ocurrencia mediática. Es un instrumento de presión política, diseñado para marcar líneas rojas. El mensaje fue claro y quirúrgico: después del esposo de la gobernadora de Baja California, el siguiente nombre en la mira era Adán Augusto. No por casualidad, no por rumor, sino por cálculo
Y cuando el nombre aparece, el movimiento reacciona con la única fórmula que conoce: sacrificar piezas para salvar la estructura. Que ahora se hable de que Ricardo Monreal tendría que seguir el mismo camino y dejar la coordinación de diputados no es una especulación gratuita. Es la lógica de la purga preventiva. Morena sabe que no puede sostener figuras de alto perfil bajo sospecha internacional sin pagar un costo mayor. El problema no es sólo político, es financiero, diplomático y estratégico
Estados Unidos no necesita intervenir formalmente cuando puede condicionar, exhibir y aislar. Aunque el gobierno lo niegue, el The Wall Street Journal reveló que estas salidas forman parte de instrucciones directas desde la Casa Blanca. No recomendaciones, no sugerencias. Instrucciones. Y cuando un medio de ese calibre publica algo así, no lo hace sin fuentes sólidas dentro del aparato de poder estadounidense
A eso se suma la versión de que Marina del Pilar Ávila, gobernadora de Baja California, se prepara para dejar el cargo, no por voluntad política, sino por presión acumulada. El escenario es aún más delicado. De acuerdo con el mismo medio y confirmado por Fox News, cercana a la Casa Blanca, los gobernadores y la jefa de Gobierno Clara Brugada están bajo vigilancia directa de un equipo especializado de primer nivel, instruido por Donald Trump
No se trata de espionaje tradicional, sino de seguimiento financiero, político y de redes de poder. Washington no mira discursos, mira flujos, vínculos y expedientes. La advertencia es brutal: si no se cumplen las “sugerencias”, México será intervenido, no con marines ni tanques, sino con sanciones, bloqueos, cancelaciones de visas, congelamiento de cuentas y aislamiento internacional. Una intervención silenciosa, legal y devastadora
Morena lo sabe. Por eso las renuncias no son actos de congruencia, sino movimientos tácticos de contención. Este episodio marca un antes y un después. La narrativa de soberanía absoluta choca con la realidad de un mundo donde la tolerancia internacional tiene límites. Lo que hoy se presenta como reacomodo interno es, en realidad, una señal de debilidad estructural
Cuando el poder ya no decide quién se queda y quién se va, sino que obedece presiones externas, el discurso nacionalista se vuelve propaganda hueca. No es persecución. Es desconfianza internacional acumulada. No es casualidad. Es consecuencia política. Y no es el final. Es apenas el inicio de un reordenamiento forzado, donde caerán más nombres, porque cuando el escrutinio viene de fuera, no hay fuero que alcance ni silencio que proteja. Es evidente que Morena sufre una purga preventiva donde Estados Unidos presionara para que no haya: ni perdón ni olvido
SEPTIMO SELLO
Las declaraciones de Gerardo Fernández Noroña ubican perfectamente sin maquillaje la realidad sobre la salida de Adán Augusto López Hernández del control del Senado: “no fue una sorpresa. Fue algo peor.” Deja sentir una confesión de desorden, miedo y daño interno. Cuando desde las propias filas se admite “no sabíamos” y “nos cayó mal, mal”, lo que se está diciendo en realidad es que el poder ya no informa, sólo ejecuta. Y eso, en política, es señal de colapso
Que Gerardo Fernández Noroña califique el movimiento como “un error”, “un pésimo momento” y “un golpe político” no es retórica incendiaria. Es el reconocimiento de que alguien soltó una pieza clave porque ya no podía sostenerla. Adán Augusto no se va porque Morena quiera renovarse. Se va porque su permanencia se volvió insostenible. Porque dejó de ser activo y pasó a ser riesgo
SEPTIMA TROMPETA
El Senado era su trinchera, su feudo, su escudo. Desde ahí operaba, bloqueaba, presionaba y negociaba. Perder esa posición no es un ajuste administrativo. Es una amputación de poder real. Y cuando una estructura política acepta mutilarse en pleno proceso electoral, es porque el daño que busca evitar es mayor que el costo de la caída
El “pésimo momento” no es casual. Llega cuando hay elecciones en puerta, cuando Morena necesita cohesión, disciplina y control del relato. En lugar de eso, aparece la imagen de un partido que no se coordina ni entre sus figuras centrales, que se entera tarde y mal de decisiones clave, y que reacciona con torpeza. El golpe no es solo interno: es electoral
SEPTIMA COPA
El descalabro es doble. Por un lado, se reconoce implícitamente que Adán Augusto era un problema. Por otro, se exhibe que no hubo control político previo, que no se preparó el terreno y que la salida fue abrupta, defensiva, casi forzada. En política, cuando alguien se va así, no se va limpio. Se va señalado. Esta no es una renuncia elegante. Es un repliegue. No es estrategia. Es contención. No es fortaleza. Es daño controlado. Y aun así, el daño existe
Porque cuando un hombre que se comportó como virrey pierde el trono, todo el reino tiembla. La frase clave no es “error”. Es “golpe político”. Porque los golpes no se dan solos. Alguien los provoca. Y cuando vienen desde dentro o desde fuera con tal precisión, es porque el expediente ya pesa más que el cargo. Adán Augusto sale del Senado, sí. Pero no sale del problema. Y Morena, al permitirlo así, no cierra una crisis. La deja abierta, sangrando, justo cuando menos podía permitírselo.
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