
Armagedón
“Por la pereza se cae la techumbre, y por la flojedad de las manos se llueve la casa”
“Eclesiastés 10:18”
Mugre, goteras y humedad en el Hospital del Niño
Alfredo A. Calderón Cámara
alfredocalderon1960@gmail.com
Demasiadas quejas y realidades de indolencia: las paredes sucias del Hospital del Niño no son sólo humedad: son evidencia. No son manchas. No son filtraciones. No son “detalles estéticos” provocados por la desidia del administrador. Son las huellas visibles del abandono, la firma silenciosa de una administración que decidió que la dignidad infantil podía esperar
El Hospital del Niño Rodolfo Nieto Padrón, ese que alguna vez fue símbolo de esperanza y referencia nacional, hoy parece más una casa tomada por el olvido que un espacio de sanación. Un edificio cansado. Una estructura que grita lo que los discursos oficiales intentan maquillar. Las paredes hablan. Y lo que dicen es brutal: indiferencia institucional a los ojos de todos de las autoridades del Hospital
Porque cuando un hospital infantil de este nivel se cae a pedazos, no es sólo infraestructura la que colapsa. Colapsa la ética pública. Colapsa la responsabilidad. Colapsa el pacto hipocrático entre las autoridades del hospital y una ciudadanía lacerada por el dolor que llega buscando alivio y se cumpla la enmienda de proteger a los más vulnerables. Eso es lo que estas autoridades no han entendido
Y aquí el señalamiento no es abstracto. Tiene nombre y apellido. César Octavio Solís Zurita, administrador del Hospital del Niño, no puede esconderse detrás del anonimato burocrático. Su gestión no ha sido omisión pasiva: ha sido negligencia sistemática. Años de administración sin mantenimiento básico, sin dignidad mínima, sin visión humana. La estancia de familiares, que debería ser un espacio de resguardo, se ha convertido en una zona de sobrevivencia
¡Pisos húmedos, charcos permanentes, colchonetas improvisadas, personas durmiendo como pueden, donde pueden, que por su propia vulnerabilidad están siendo tratado de la peor manera porque no hay alternativas! Eso no es pobreza administrativa. Eso es desprecio institucional ¿Cómo se pretende normalizar que madres y padres duerman en el suelo mientras sus hijos luchan por su vida dentro del hospital?
¿Cómo se justifica que un espacio destinado a la niñez enferma funcione como una laguna encharcada más cercana a un refugio de desastre que a un hospital de alta especialidad? Y la pregunta inevitable: ¿Cómo pretende César Octavio Solís Zurita que tanta indiferencia quede impune? Por qué no es solo deterioro físico. Es deterioro moral. Es la lógica del funcionario que administra edificios como si fueran bodegas, no espacios humanos
Es la mentalidad del burócrata que ve paredes, no personas; números, no niños; oficios, no sufrimiento. Pero la degradación no es individual, es estructural. La corresponsabilidad también existe. Silvia Gutiérrez Lucatero, desde la dirección, no queda al margen. La suma de errores, omisiones y silencios ha creado un ecosistema de abandono donde nadie asume nada, pero todos contribuyen. La administración y la dirección forman una ecuación perfecta de deterioro: uno administra sin alma, la otra dirige sin la mínima sensibilidad médica
El resultado es el mismo: un hospital que se cae, una institución que se vacía de sentido. Las quejas públicas no son inventos. Los señalamientos en medios no son exageraciones. Los testimonios de trabajadores no son chismes. Son síntomas. El personal médico y administrativo ya no cree en las decisiones de César Octavio Solís. El descontento se ha vuelto mayoría
No es inconformidad política, es hartazgo funcional. No es intriga interna, es cansancio real. Los abusos, la indiferencia, la falta de liderazgo y la nula capacidad de gestión han generado una necesidad clara: un requerimiento impostergable de cambio. No ajuste. No maquillaje. No simulación. Un cambio real. Porque un hospital infantil no puede ser administrado como una oficina más del organigrama
No puede ser tratado como una dependencia secundaria. No puede funcionar bajo la lógica del “así ha sido siempre”. Aquí no se administran papeles. Se administran vidas. Y cuando la administración se convierte en el principal factor de degradación, deja de ser gestión y se convierte en violencia estructural. Esto ya no es un problema de pintura. No es un problema de mantenimiento. No es un problema de presupuesto. Es un problema de modelo humano de poder
El Hospital del Niño no está sucio por descuido. Está sucio por abandono moral. Los mismos médicos y enfermeras se quejaron ante el columnista: muchas veces hiede el pollo y sabe cómo si estuviera echado a perder. Toda la administración está deteriorada por una lógica burocrática que perdió la noción de servicio. Está degradada porque quienes lo dirigen olvidaron qué están ahí para servir a los más vulnerables
Ni Gutiérrez Lucatero ni Solís Zurita dimensionan que cuando un hospital infantil parece una casa abandonada, no es un accidente administrativo. Es una decisión política por omisión. Y la niñez enferma no puede seguir pagando el precio de esa indiferencia. Ni los familiares pueden seguir durmiendo sobre el abandono. Ni los trabajadores pueden seguir sufriendo y cargando con una administración que estorba más de lo que ayuda
Porque hay ruinas físicas… y hay ruinas éticas. Y el Hospital del Niño Rodolfo Nieto Padrón hoy carga con ambas, porque estas autoridades -sin siquiera cumplir con el perfil del cargo- fueron impuestos por el ex gobernador Adán Augusto López, que demasiado daño hizo a la niñez de Tabasco con estas designaciones. Han fallado hasta en lo mínimo y sus cartas de presentación es clara: mugre, goteras y humedad en el Hospital del Niño
SEPTIMO SELLO
“Es una decisión soberana asumida por Petróleos Mexicanos (Pemex)” -fueron las palabras de la presidenta Sheinbaum- sobre el hecho de retirar de su calendario un cargamento de crudo destinado a Cuba refleja un movimiento relevante en la política energética y exterior de México. De acuerdo con reportes de Bloomberg, Reuters y El País, el embarque estaba programado para mediados de enero a bordo del buque Swift Galaxy, pero fue cancelado sin explicación oficial por parte de Pemex ni de la Secretaría de Energía
Aunque el gobierno mexicano ha insistido en que se trata de una decisión soberana y técnica, el contexto internacional es determinante. La administración estadounidense ha incrementado la presión política sobre La Habana, y Cuba enfrenta una severa crisis energética tras la reducción de suministros venezolanos
SEPTIMA TROMPETA
En este escenario, México se había convertido en uno de los principales proveedores de crudo para la isla, bajo el argumento de ayuda humanitaria y contratos comerciales. El retiro del cargamento sugiere un posible giro pragmático de México para evitar tensiones mayores con Estados Unidos, especialmente en un momento sensible para la relación bilateral, marcada por negociaciones comerciales y temas de seguridad regional
Sin confirmarse si la suspensión será temporal o permanente, el mensaje es claro: la política energética mexicana empieza a reflejar con mayor peso las variables geopolíticas, más allá del discurso tradicional de solidaridad con Cuba. En síntesis, no se trata sólo de un embarque cancelado, sino de una señal de ajuste en el equilibrio entre principios históricos de política exterior y las realidades estratégicas del entorno internacional actual
SEPTIMA COPA
El gobierno está diciendo, con palabras bonitas, que Pemex hace lo que le conviene política y estratégicamente, y luego le pone la etiqueta de “decisión soberana” o “humanitaria” según el clima internacional. No están negando el apoyo a Cuba; están dejando claro que el cuándo y el cómo depende de cálculos políticos, presiones externas y conveniencia interna. El mensaje de fondo es este: México no renuncia a su histórica relación con Cuba, pero tampoco va a pelearse abiertamente con Estados Unidos si el costo es alto
Pemex se convierte así en el instrumento técnico de una decisión que en realidad es política. En otras palabras: no es sólo petróleo. Es diplomacia, presión geopolítica y el viejo equilibrio entre soberanía declarada y realidades económicas. Pemex pone el calendario; la política pone el sentido. Y Cuba queda, otra vez, en medio del ajedrez
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