
Armagedón
“El corazón alegre constituye buen remedio, pero el espíritu triste seca los huesos”
“Proverbios 17:22”
Otra vez el sarampión azota México
Alfredo A. Calderón Cámara
alfredocalderon1960@gmail.com
El brote de sarampión que atraviesa los estados del norte de México está fuera de control, no es un episodio sanitario aislado ni un fenómeno coyuntural: es la expresión visible de una combinación estructural de debilidades en cobertura vacunal, desigualdad territorial, movilidad poblacional, rezagos institucionales y fallas de confianza social en la política pública de salud. Con 7,131 casos confirmados acumulados y 24 defunciones en 2025, el país enfrenta el mayor evento epidemiológico por sarampión en décadas
Con un patrón de expansión nacional que ya alcanza las 32 entidades federativas, rompiendo de facto la lógica de brotes focalizados y transformándose en un fenómeno de difusión territorial sostenida. La dimensión epidemiológica desde un enfoque técnico, el brote presenta tres características claras: a) Alta concentración geográfica: Chihuahua concentra más del 60% de los casos nacionales (4,491 confirmados), lo que lo convierte en el epicentro epidemiológico del brote
Esta concentración no es casual: responde a rezagos históricos en cobertura vacunal, comunidades con esquemas incompletos de inmunización, movilidad transfronteriza y dificultades estructurales de acceso a servicios de salud. b) Expansión territorial progresiva: El virus no se mantuvo confinado. La propagación hacia entidades como Jalisco (935), Michoacán (261), Guerrero (248), Chiapas (230), Sonora (113) y Sinaloa (112) muestra un patrón clásico de difusión por corredores de movilidad social, económica y migratoria
c) La presencia del virus en entidades con baja incidencia histórica como Zacatecas, Morelos, Colima, Durango y Ciudad de México confirma la dispersión nacional y que el brote dejó de ser regional para convertirse en nacional sistémico, lo que eleva el nivel de riesgo sanitario y la complejidad de contención. El brote ya no debe abordarse como una emergencia localizada, sino como una crisis de salud pública de alcance nacional
Ubiquemos, el sarampión no se distribuye de forma aleatoria. Se propaga donde existen condiciones sociales favorables al contagio: poblaciones con baja cobertura vacunal, comunidades con desinformación sanitaria, zonas con debilidad en servicios de atención primaria: territorios con alta movilidad laboral y migratoria, regiones con fragmentación institucional
El brote revela una verdad incómoda: la inmunización no es solo un acto médico, es un acto social, y cuando falla la estructura social, falla la protección colectiva. Entendamos: aquí el problema no es únicamente el virus. Es la erosión del tejido de confianza entre ciudadanía e instituciones sanitarias, la normalización de la desinformación y la fragilidad de los sistemas locales de prevención
El problema no está en la existencia de herramientas, sino en la velocidad de ejecución, la capilaridad territorial y la adhesión social. Un programa de vacunación solo funciona si la población confía, participa y acude. La biología se controla con vacunas, pero la epidemiología se controla con organización social. El plazo de dos meses impuesto por la Organización Panamericana de la Salud no es un simple trámite administrativo: es una advertencia estructural
Dimensionemos lo que significa perder el estatus de país libre de sarampión: afectación a la credibilidad sanitaria internacional, la revisión de protocolos de movilidad internacional, riesgos en turismo, inversión y cooperación sanitaria cuando está en puerta el mundial de futbol, todo afectado por el daño reputacional al sistema de salud mexicano; aunque Canadá está peor, ya haya perdido ese estatus y que Estados Unidos esté al borde no es un dato menor
Eso habla de una reconfiguración epidemiológica continental, donde la región americana deja de ser el referente global en control del sarampión. Esto convierte el brote mexicano en un problema de salud pública interna y, al mismo tiempo, en un asunto de posicionamiento internacional del Estado mexicano
Revisemos el caso Tabasco porque el sustento ha sido la prevención temprana y control localizado: en contraste con los grandes focos nacionales, Tabasco presenta un comportamiento epidemiológico controlado y técnicamente correcto: 11 casos confirmados totales, diagnóstico temprano, resguardo domiciliario, seguimiento institucional, Vigilancia en los 17 municipios, activación de cerco sanitario -sobre todo con Chiapas-, bloqueo vacunal y búsqueda activa de casos asociados
Esto refleja una estrategia basada en detección precoz, contención rápida y control comunitario, que es exactamente el modelo recomendado en brotes virales de alta transmisibilidad: cada enfermo puede contagiar hasta 19 más. Por ello, aquí no hay improvisación: hay gestión sanitaria preventiva, lo cual reduce el riesgo de transmisión comunitaria sostenida
Ahora bien, este brote no es solo un problema médico. Es el síntoma de tres crisis simultáneas: crisis de prevención, la salud pública dejó de ser cultura cotidiana y se volvió reacción tardía. Crisis de confianza social. México está dividido y la vacunación dejó de ser consenso colectivo y se volvió debate ideológico. Crisis de cohesión institucional. La capacidad técnica existe, pero la coordinación territorial no siempre fluye al mismo ritmo y el sarampión, en este contexto, actúa como un indicador social, no solo como un patógeno
Que solo el 5% de los casos estén activos es un dato positivo. Indica reducción de transmisión. Pero el volumen acumulado y la dispersión territorial obligan a mantener alerta epidemiológica prolongada. El riesgo no es el colapso inmediato, el peligro es la normalización del brote. La idea de que convivir con el virus se vuelva aceptable, es una lógica de resignación sanitaria ¡Eso es lo verdaderamente peligroso!
México no enfrenta una catástrofe sanitaria, pero sí una prueba estructural de su sistema de prevención, su cohesión social y su capacidad institucional. El brote de sarampión es controlable. Técnicamente es posible. Materialmente es viable. Logísticamente está al alcance. Sin embargo, lo que está en juego no es solo la contención del virus. Es la capacidad del Estado para coordinar territorio, confianza social y política pública en un mismo eje
Porque al final, los virus no se detienen con discursos, ni con conferencias, ni con cifras aisladas. Se detienen con organización social, confianza colectiva y disciplina sanitaria. Irónicamente, es más difícil que producir millones de vacunas; por lo mismo con todos los aciertos y errores cometidos, es inevitable reconocer que otra vez el sarampión azota México
SEPTIMO SELLO
Lo que si es viable reconocer es el trabajo en la Secretaría de Salud en la contención del sarampión en Tabasco, recordemos que en el sexenio anterior Tabasco siempre estuvo en los primeros lugares de contagio y cosas peores. Ahora no es el trabajo de una sola persona, es el arduo compromiso que existe en todo el sector salud
SEPTIMA TROMPETA
En el Hospital del Niño Rodolfo Nieto Padrón IMSS-Bienestar, las alarmas están prendidas: la administración fallida, chantaje interno y hartazgo laboral tienen de cabeza el nosocomio. Es un tema a revisar a detalle porque lo que ahí ocurre no es un conflicto personal ni una simple inconformidad de trabajadores. Es el resultado lógico de una administración ineficiente, complaciente y sostenida por intereses internos, no por resultados
SEPTIMA COPA
El administrador en cuestión no está defendiendo un proyecto hospitalario, ni una mejora en servicios, ni una estrategia de rescate institucional. Está defendiendo su permanencia y la permanencia de una directora, aunque el hospital se caiga a pedazos. Literalmente: El deterioro físico como símbolo de la mala gestión, un hospital que luce en condiciones deplorables por fuera, sin pintura, sin mantenimiento básico, con bodegas improvisadas en quirófanos, no es solo un problema estético. Es un indicador de abandono administrativo. Regresamos sobre el tema
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