
Armagedón
“¿Acaso me faltan locos, para que hayáis traído a éste que hiciese de loco delante de mí? ¿Había de entrar éste en mi casa?»
“1ª de Samuel 21:15”
La mente de un demente
Alfredo A. Calderón Cámara
alfredocalderon1960@gmail.com
El Departamento de Justicia de los Estados Unidos recibió la mañana de este viernes 9 de enero instrucciones para analizar las implicaciones y justificaciones de una intervención militar en México para atacar a los cárteles mexicanos. Parecía -ya no-, ahora es real: Donald Trump va en serio y que la intervención de drones o bombardeos militares sobre objetivos definidos de carteles mexicanos: es un hecho
Ubiquemos: el discurso del gobierno de Estados Unidos y del presidente Trump con México en la relación bilateral en la intervención militar en territorio nacional o no contra los cárteles de la droga, van de la mano. La información es delicadísima y por su trascendencia resulta obligado voltear a mirar el tema, ya que no se trata de una balandronada más de Donald Trump, sino de una embestida progresiva
Textual la información dicta que la instrucción la recibió la Oficina Legal del Departamento de Estado apenas este viernes 9 por la mañana: “La Oficina Legal del Departamento de Estado recibió la instrucción de analizar las implicaciones y justificaciones legales disponibles para que Estados Unidos pueda justificar mandar tropas militares a México, lo que llaman: “boots on the ground” o “botas sobre el terreno”
Tal parece que las piezas de los rompecabezas las están acomodando en Washington, lo cual deja sentir cómo el momento más execrable en las relaciones México-Estados Unidos. Respiremos y analicemos: no porque no sea grave, sino porque el pánico nunca ha sido una buena herramienta de análisis y Washington lo sabe usar mejor que nadie. Lo que están describiendo no es menor y tampoco es una ocurrencia de café político
Cuando la Oficina Legal del Departamento de Estado recibe la instrucción de explorar justificaciones jurídicas para un escenario de “boots on the ground”, no se habla de retórica electoral ni de bravatas de campaña. Hablan que preparan el terreno, no necesariamente para actuar mañana, pero sí para tener el expediente listo cuando convenga. El Comando Norte de Estados Unidos tiene información total de dónde están los jefes de los carteles y cada uno de sus movimientos
Ellos entienden los puntos claves que conviene poner sobre la mesa, sin gritos, pero sin ingenuidad: 1. Analizar no es decidir, pero tampoco hay que pecar de inocentes, Washington no mueve a su aparato legal por deporte intelectual. Cuando pide a sus abogados que revisen “implicaciones y justificaciones”, lo que busca es responder tres preguntas frías: a) Bajo qué marco legal internacional podría hacerlo, b) Qué narrativa de amenaza puede sostenerlo y c) Qué costos políticos tendría no hacerlo frente a su propia opinión pública
Así son los gringos, sus películas, su naturaleza, sus genes y su historia. Esto es planeación estratégica, no improvisación. 2. El concepto “boots on the ground o botas sobre el terreno” no es simbólico: ese lenguaje no se usa para cooperación, para asesoría, ni para intercambio de inteligencia. Es el vocabulario de la intervención directa. Puede ir desde fuerzas especiales hasta operaciones “limitadas”, pero siempre con una lógica: control operativo propio, no subordinado
3. El pretexto no sería México. El enemigo serían -los carteles mexicanos que llenan de drogas el mercado estadounidense: la mentalidad y el discurso de Donald Trump es que Estados Unidos no suele intervenir “contra países”, sino “contra amenazas”. El discurso no sería “invadimos México”, sino: destruimos organizaciones criminales transnacionales, terrorismo narcótico y amenazas directas a la seguridad nacional estadounidense”
Los argumentos de México quedan reducidos en esa narrativa, a territorio donde opera el problema, no a socio soberano ¡Y eso es lo verdaderamente peligroso! 4. De allí que el momento político es pésimo, ahí sí todos coinciden ¡El momento político es malísimo! Gobierno en transición, tensiones internas, presión migratoria, fentanilo convertido en bandera electoral y un Trump que gobierna desde la lógica del golpe de timón o manotazo en la mesa, no del consenso
Todo eso hace que México sea visto no como aliado débil, sino como riesgo no controlado. Y Washington, cuando percibe riesgo, no pide permiso. Primero arma el argumento, luego mide el costo, después actúa o amenaza con hacerlo. Revisemos la parte incómoda que pocos quieren decir: México llega a este punto sin narrativa internacional sólida, sin una estrategia clara de contención diplomática y con un discurso interno que durante años negó el tamaño del problema criminal
Eso no justifica para nada ante ningún mexicano la intervención militar norteamericana: no entrarán tanques ni miles al país, de seguro serán: “operaciones quirúrgicas, milimétricos bombardeos sobre ubicaciones definidas donde se ubiquen los jefes de los carteles”; ello explica por qué el margen de maniobra es tan estrecho. Cuando un país no controla su narrativa, alguien más la escribe. Y Washington escribe con abogados, generales y encuestas
Conclusión fría, no alarmista: Sí, es un momento de alto riesgo estratégico. No, no significa que mañana crucen tanques la frontera. Pero sí significa que Estados Unidos quiere tener la llave legal lista, por si decide abrir esa puerta. Y cuando el vecino más poderoso empieza a revisar el marco jurídico para intervenir, lo sensato no es gritar ni minimizar
Es entender que el tablero cambió y que México está jugando una partida donde no puede darse el lujo de improvisar ni de fingir normalidad. En el columnista no hay paranoia. Hay lectura de señales. Y las señales, cuando vienen de Washington, nunca son casuales. El país entero está atrapado en el juego político del ajedrez de Donald Trump: y ahí si estamos jodidos, ni la presidenta Claudia Sheinbaum ni México entero pueden entender lo que piensa y decide la mente de un demente
SEPTIMO SELLO
La jornada encabezada por el gobernador Javier May hoy en el poblado Aquiles Serdán forma parte de una estrategia política clara que busca consolidar un estilo de gobierno basado en la presencia territorial, la atención directa y la reducción de intermediarios, tres conceptos que en Tabasco tienen el peso simbólico considerable de cerrar la brecha después de años de distancia entre autoridad y ciudadanía
Estrategia que envía un mensaje doble. Uno, hacia la población: que May Rodríguez no gobierna desde el escritorio ni desde la capital exclusivamente. Dos, hacia la clase política y burocrática, deja claro que el tono del 2026 será de cercanía obligatoria, no opcional. El anuncio del secretario de Ordenamiento Territorial y Obras Públicas, Daniel Casasús Ruz de un primer paquete de obras por 90 millones de pesos para Macuspana, con la proyección de superar los 195 millones ejercidos en 2025, cumple también una función política precisa: aterrizar el discurso
SEPTIMA TROMPETA
En un contexto donde la palabra “transformación” corre el riesgo de desgastarse, el dato presupuestal actúa como ancla. No se promete, se calendariza. No se generaliza, se focaliza. La presencia del alcalde Gaspar Díaz y del gabinete completo refuerza otro mensaje importante: la coordinación es institucional. El gobernador no se presenta sólo ni como figura aislada, sino como eje articulador de un gobierno que pretende operar de manera sincronizada
SEPTIMA COPA
En términos políticos, estas jornadas cumplen tres funciones estratégicas: 1. Legitimación del gobierno a través del contacto directo. 2. Control de narrativa, al desplazar la agenda del rumor a la gestión visible. 3. Advertencia interna, porque quien no acompañe esta lógica territorial quedará desfasado del proyecto. No es una revolución administrativa, pero sí un método. Y en política, el método suele revelar más que el discurso
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