Armagedón

“Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen»
“Romanos 1:28

“La princesa de papá”
Alfredo A. Calderón Cámara
alfredocalderon1960@gmail.com
Todo México sabe que en estos tiempos apocalípticos de fin del mundo que llamamos “vida pública mexicana”, la sociedad ya se ha topado en el pasado y de nuevo tarde o temprano se toparía con otro abismo similar. Un grupo de Facebook con 20 mil hombres escondidos detrás de teclas, dándole vueltas a su miseria moral mientras comparten fotos de niñas como si el pudor fuera un lujo opcional ¡Qué espectáculo!

Es necesario intentar ordenar este lodazal con un tono mesurado, aunque por dentro esté bufando como un servidor mal refrigerado. Lo que revela el caso “La princesa de papá” y lo que la sociedad no quiere mirar. Hay casos que no explotan de golpe. Se filtran, se arrastran, se dejan ver en susurros. “La princesa de papá” es uno de ellos

Un rincón digital que durante meses operó a plena luz, como si la impunidad fuera una función predeterminada del sistema. El grupo estaba ahí, público, abierto, con más de 20 mil 600 miembros, muchos de ellos presumiendo ser padres, docentes o personas con acceso cotidiano a menores de edad. Ese detalle es quizás lo que más hiela la sangre. Este no es un caso aislado. No es un accidente. Es un síntoma

Un espacio digital como territorio sin ley real. Facebook, ese eterno espejismo de “comunidad”, volvió a demostrar su incapacidad para anticipar, detectar o frenar dinámicas que lesionan directamente la integridad de los menores. El grupo no compartía pornografía infantil explícita, según los reportes iniciales, pero eso no atenúa nada: eran fotos normales de menores, capturadas en contextos cotidianos, sobre las cuales adultos con suficiente tiempo libre y cero escrúpulos escribían comentarios con una carga sexual evidente

Cómo siempre pasa en este país, la bomba explotó no por un sistema de seguridad, no por algoritmos que detectan riesgos, no por vigilancia estatal, sino porque colectivos de mujeres y madres lo encontraron, lo denunciaron y lo empujaron al escrutinio público. Otra vez la ciudadanía limpiando la casa que nadie quiere limpiar. Lo menos malo: la reacción institucional: entre lo correcto y lo tardío

La Fiscalía General de Justicia de Nuevo León abrió una carpeta de investigación bajo sospechas de trata de personas, porque sí, este tipo de comunidades digitales suele incubar redes más amplias, más turbias y más antiguas de lo que aparece en la superficie. Confirmando dos cosas inquietantes: La mayoría de los miembros eran de Centroamérica; pero, también había un número considerable de Nuevo León, aparentemente identificados por perfiles públicos

Que un grupo con este volumen, con este tipo de contenido, haya existido tanto tiempo sin intervención sugiere dos fallas: primero, el monitoreo débil de la plataforma; segundo, la falta de una política nacional efectiva que se tome en serio la explotación digital de menores. El país sigue atrapado entre declaraciones de buenas intenciones y realidades en donde el delito evoluciona más rápido que la burocracia

El incómodo juego de los espejos de la periodista Lidia Cacho: ¿Quiénes eran los miembros? Aquí está lo más perturbador y lo que la sociedad intenta no verbalizar: no eran perfiles marginales, no eran “monstruos” ocultos en sótanos, no eran caricaturas, ni millonarios impunes. Muchos eran padres, maestros, entrenadores, vecinos, hombres con vida normal que encontraban en el anonimato un espacio para liberar la podredumbre que llevan dentro

Ese dato destruye la fantasía que este país tiene de “los depredadores como figuras excepcionales”. No, están ahí, integrados en la vida diaria, y muchas veces gozan de proximidad con los menores a los que dicen proteger. Pedofilia y delito: la línea que la sociedad no entiende. La pedofilia, como condición psicológica, no es el delito. El delito es la explotación, la distribución de imágenes, el abuso, el acoso, la compra y oferta de contenido, la manipulación de menores

En este caso, lo que había era un ecosistema de normalización. Jovencitas subiendo sus “selfies” con escasa ropa o bailes sensuales: ese es sólo un paso previo al delito. Ese es el terreno fértil donde germina la pederastia organizada. La sociedad cree que la pedofilia se expresa sólo mediante actos físicos. No. Primero se construye un discurso que legitimiza, que erotiza, que normaliza

Ese fue “el caldo de cultivo” de “La princesa de papá”: un salón digital para validar conductas que deberían escandalizar a cualquiera con dos dedos de ética -la cultura moral de las abuelas lo hacía-. La filtración: el anonimato se desmorona, aunque Facebook permite comentar de manera anónima en ciertos grupos, la lista de miembros es visible. Eso bastó para que internautas filtraran nombres, perfiles y capturas

Ahí surge el inevitable caos digital: entre los depredadores reales aparecieron también usuarios bajo el manto “del señor de la lujuria” que tal vez entraron por curiosidad, por ignorancia o por error, olvidan que “un poquito de levadura leuda toda la masa o que una mosca daña el perfume del perfumista” y aun así quedaron marcados. La filtración expuso algo que este país teme discutir: la justicia digital por mano propia puede arrasar con culpables y no culpables al mismo tiempo

La raíz sigue siendo la misma: el Estado permitió que el grupo existiera y creciera. Cierto es: el grupo ya fue suspendido. La Policía Cibernética trabaja con las plataformas. La Fiscalía investiga el origen, las dinámicas y los posibles delitos. Pero todos sabemos cómo suele acabar esto en México: el caso se desinfla, el escándalo se agota, la narrativa oficial se diluye y la memoria social pasa a otro incendio

Si este episodio debiera establecer o marcar una diferencia, tendrá que hacerlo no por la indignación momentánea, sino por la creación de protocolos serios para vigilar grupos similares, para tipificar mejor la explotación digital y para obligar a las plataformas a actuar con rigor. La sociedad sabe poco del caso porque estos temas incomodan, porque destapan rincones que preferimos imaginar inexistentes

Entendamos: lo que ya es evidente basta para tomarlo como una advertencia, los depredadores dejaron de operar en la sombra. Ahora se organizan, comentan y validan entre ellos en espacios públicos. Y el mundo digital les facilita la comunidad que la vida real les negaría. Meditemos, esto es otro recordatorio de que la decadencia moral que fingimos no ver tiene 20 mil miembros y opera a plena luz

Día de análisis doloroso, parte de la sociedad sigue horrorizada, el columnista escribiendo trozos degradantes de llagas ulceradas y muchos de mis lectores indignados y tratando de que la humanidad no se descomponga más de lo que ya está como exhibe sus miasmas “la princesa e papá”

SEPTIMO SELLO
Tema impostergable porque “los demonios andan sueltos”. El país insiste en escribir capítulos que uno juraría imposibles incluso para un periodista de nota roja. Sin embargo, ha bañado de sangre la agenda política y aquí estamos: un coche bomba en pleno centro de Coahuayana, cinco muertos, doce heridos y un gobierno que hace contorsiones verbales para no pronunciar la palabra que la gente ya gritó desde el primer minuto

Habrá que decir las cosas con la compostura que exige un análisis mesurado, aunque por dentro esté tirando chispas como la camioneta esa antes de estallar. Coahuayana no es un punto aislado en el mapa: es la línea del frente de un país que ha normalizado lo anormal. Lo que ocurrió ahí el fin de semana es un recordatorio doloroso de que la violencia en México ya no se conforma con balaceras, emboscadas o bloqueos carreteros

SEPTIMA TROMPETA
Ahora llega con artefactos improvisados, con drones, con minas, con explosivos adaptados, y a veces, como ahora, dentro de una camioneta estacionada frente a una policía comunitaria. El saldo hasta ayer domingo: cinco muertos, doce heridos y un Estado que vuelve a tropezar consigo mismo al intentar explicar algo que hace años dejó de entender: que la escena del estallido: una advertencia diseñada para resonar a nivel internacional

La explosión ocurrió a plena luz del día, en el corazón de una localidad costera que ya venía asfixiada por la presencia simultánea de varios cárteles. Tres de los grupos mexicanos que Estados Unidos ya declaró organizaciones terroristas operan en esa región, y aun así las autoridades parecen sorprendidas ante la sofisticación del ataque. La Fiscalía de Michoacán confirmó que la camioneta explotó frente a la policía comunitaria y que dos cuerpos quedaron irreconocibles en el lugar

SEPTIMA COPA
El conductor era uno de ellos. Los otros tres fallecidos eran policías comunitarios. Algunos de los heridos también lo eran, reforzando la hipótesis más evidente: no fue un acto al azar, fue un mensaje dirigido. Los cárteles llevan meses utilizando explosivos en drones, en caminos rurales, en artefactos caseros. Pero colocar una bomba en un vehículo frente a una corporación, en pleno centro urbano, eleva el nivel de desafío. No es improvisación, es intención

El forcejeo político, el que tanto irrita a la sociedad y tanto alimenta a los burócratas. Para los pobladores no hay duda: lo que ocurrió fue terrorismo. No porque quieran sonar dramáticos, sino porque el ataque busca generar terror colectivo, paralizar a la comunidad y doblegarla. Esa es la definición sociológica, si no la jurídica

El sábado, la recién nombrada titular de la Fiscalía General de la República, Ernestina Godoy, publicó en su cuenta oficial un documento donde se afirmaba que el ataque ya se investigaba como terrorismo. Veinticuatro horas después, su propia dependencia la contradijo: no es terrorismo, es delincuencia organizada. Ups

Deja un comentario

Tendencias