
Armagedón
“Cuando hablare amigablemente, no le creas; Porque siete abominaciones hay en su corazón»
“Proverbios 26:25
“Dime de qué presumes y te diré de qué careces!
Alfredo A. Calderón Cámara
alfredocalderon1960@gmail.com
Bufonada postal infernal la que viven en Cárdenas. Cualquier ciudadano pensaría que algún día las autoridades de ese municipio dejarían de jugar a los “soldaditos con drones” y entenderían la diferencia entre gobernar y extorsionar. Pero aquí está la gente, viendo cómo la ciudad se debate entre dos botas que ya no pisan: trituran. Al columnista sólo le toca escribir la autopsia política, mientras el terror social sigue metiendo el dedo en la herida como si no ardiera suficiente
Vaya cuadro a los ojos de ciudadanos de a pie. Terrible. Cárdenas ya no camina, sólo se arrastra como un animal herido mientras dos botas le aprietan la cabeza contra el pavimento caliente. Una es oficial, con su brillante charola de autoridad mal entendida. La otra viene del subsuelo criminal que ya perdió la vergüenza de esconderse. Entre ambas exprimen a un municipio que dejó de respirar hace rato, aunque todavía se atreve a quejarse
El alcalde Euclides Alejandro presume recaudaciones como si fueran trofeos de guerra, sin darse cuenta de que el único enemigo al que está derrotando es su propio pueblo, al que le dio la confianza en las urnas y ahora sufre la opresión oficial. Dos millones de pesos, dice orgulloso, y la gente responde con la crudeza que duele: la charola oficial a asaltado más que muchos ladrones que hoy descansan en el CERESO
Detenciones arbitrarias, ciudadanos esposados como si fueran capos, multas de siete mil pesos por una pequeña carne asada en casa -habría salido más barato ir a comer al Rodizio toda la familia-, drones vigilando ventanas ajenas con un descaro que ni en novelas distópicas se atrevieron a imaginar Agatha Christie, Hercule Poirot, Arthur Conan Doyle, creador de Sherlock Holmes o Edgar Allan Poe. La autoridad convertida en mirón aéreo, el Big Brother metiche por decreto y abusivo por entretenimiento
Mientras tanto, la otra bota, la que no presume cifras, está ocupada en un oficio más sangriento: el ataque armado de la madrugada del martes volvió a recordarle a Cárdenas que aquí ni el centro es seguro. Un conductor muerto. Un copiloto muerto. Un joven herido que sobrevivió quién sabe cómo. Los nombres ya están escritos: Israel, Chuchín y Eduardo Josafat
Sus vidas chocaron contra el terror que llegó en moto, disparó a quemarropa y se esfumó sin que una sola cámara, un solo dron, una sola patrulla tuviera la mínima decencia de existir. Y es curioso, porque para esposar señoras de la tercera edad y muchachos de 20 años sí aparecen cuatro unidades en menos de cinco minutos. Para detener sicarios, ya nadie sabe cuál es el protocolo, pero claramente empieza por voltear a ver hacia otro lado
La escena se repite como mala película: el alcalde presume tecnología de punta, pero las cámaras se quedan ciegas cuando la sangre cae donde debería haber seguridad. Los drones vuelan sólo cuando se huele una multa fácil, nunca cuando se huele pólvora. Y las patrullas, esas máquinas último modelo que deberían ser símbolo de protección, se limitan a llegar cuando los cuerpos ya están fríos. Acomodados, dóciles, reportando lo inevitable porque lo necesario jamás lo hacen
La gente lo siente en la piel: en Cárdenas no se distingue si el enemigo viene en moto o en patrulla. Lo único seguro es que entre unos y otros te pueden vaciar el bolsillo, la tranquilidad o la vida. Las redes sociales ya rugen: “las cámaras sirven sólo cuando conviene”, “los drones son para humillar, no para proteger”, “las patrullas solo llegan cuando ya no se necesita a nadie”. No son exageraciones, son diagnósticos de una población que dejó de creer en su autoridad y empezó a sobrevivirle
Y luego está la escena final, la que evidencia que el teatro nunca se detiene: el día 7, dicen, vendrán los camiones llenos de acarreados a aplaudirle al alcalde para intentar lavar la sangre con porras mediante su presencia en el Zócalo capitalino. Qué ironía tan triste. Mientras las ejecuciones se acumulan como estampas macabras en el libro del municipio, él cree que unas fotografías desde en el zócalo lo absolverán ante la presidenta
Cómo todo aprendiz de político, petulante cree que las porras maquillan la incompetencia. Cree que la gente es tonta, cuando la única torpeza evidente se ve en las calles del municipio abandonado a su suerte: Cárdenas vive con miedo. Un miedo espeso, feo, que se pega al aire como humedad de abandono. Si no te mata un comando, te arruina la vida económica una multa indecente. Si no te quiebra la delincuencia, te humilla la policía
Y en medio de esa paz ficta, un alcalde que juega a ser fuerte con los débiles y débil con los violentos. Así se llega al final del día: un pueblo con la cabeza en el suelo, dos botas sobre la nuca y un gobierno que, en lugar de levantarlo, usa el cuerpo caído para presumir que sabe caminar. La mayoría social en Cárdenas corre la voz: Euclides, “dime de qué presumes y te diré de qué careces”
SEPTIMO SELLO
El episodio desencadenado por la filtración de la reunión entre el alcalde Alfonso Baca y un grupo de policías inactivos terminó generando más ruido político que certezas administrativas. Como suele ocurrir en tiempos de ansiedad económica, un comentario sacado de contexto basta para que el imaginario colectivo construya narrativas de inminente colapso, aunque los hechos duros muestren un panorama menos dramático
La alcaldía de Paraíso reiteró que las prestaciones de fin de año están garantizadas y llamó a revisar el comunicado oficial para evitar especulaciones. Más allá del lenguaje administrativo, el punto central es claro: el municipio no ha dicho que no pagará aguinaldos y, legalmente, sigue dentro de los plazos permitidos. La Ley Federal del Trabajo establece que el límite para entregar aguinaldos es el 20 de diciembre. Es decir, aún no existe retraso, incumplimiento ni violación normativa
SEPTIMA TROMPETA
El video filtrado no contiene ninguna afirmación explícita que sugiera un impago. El alcalde intenta explicar una situación administrativa y financiera ante un grupo reducido, no emite un decreto municipal. Sin embargo, el clima social propio de fin de año tiende a generar alarma porque la gente ya tiene mentalmente gastado un dinero que todavía no tiene en la mano. Ese punto, aunque incómodo, es real: cada diciembre se repite la misma tensión entre expectativa y realidad financiera, tanto en el sector privado como en el público
Ubiquemos: lo sucedido en Paraíso no es una rareza. En varios municipios y dependencias estatales ha ocurrido históricamente que, cuando los recursos federales no bajan en la fecha prevista, el pago de aguinaldos se recorre a los tiempos legales. No se trata de mala fe ni de improvisación, sino de un desfase administrativo que todos los gobiernos, de todos los colores, han enfrentado alguna vez
SEPTIMA COPA
El gobierno estatal había prometido pagar antes del plazo legal para mejorar la satisfacción laboral, pero la realidad financiera puede no ajustarse a esas expectativas. Si el flujo de recursos no llega en la fecha proyectada, el margen de maniobra se reduce. Se entiende que la inquietud de los empleados municipales es comprensible. El aguinaldo no es un favor, es un derecho. Y para muchos hogares representa la diferencia entre cerrar el año con estabilidad o con sobresaltos
La administración pública tiene la responsabilidad de comunicar de manera clara y oportuna para evitar que las interpretaciones distorsionadas ocupen el espacio que debería tener la información oficial. En síntesis, no hay elementos que indiquen un incumplimiento por parte del Ayuntamiento de Paraíso
El mensaje oficial confirma que las prestaciones están garantizadas, el video no contiene señales de alarma y los plazos legales aún permiten el cumplimiento sin contratiempos. La mezcla de filtraciones, interpretaciones apresuradas y expectativas económicas adelantadas generó una tormenta mediática donde, por ahora, no hay fuego real. Lo prudente es observar, no sobre reaccionar y exigir claridad sin caer en el amarillismo que tanto daña al debate público
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