Armagedón

“Seis cosas aborrece Jehová, Y aun siete abomina su alma: Los ojos altivos, la lengua mentirosa, Las manos derramadoras de sangre inocente”
“Proverbios 6:16-17″

¡Exaltación de ineptitudes!
Alfredo A. Calderón Cámara
alfredocalderon1960@gmail.com
Demasiado lamentable lo que ha sucedido con la actuación de la Fiscalía y la Secretaría de Seguridad Pública y Protección Ciudadana SPPC, tanto esfuerzo del gobernador May Rodríguez por restaurar la credibilidad social y estas dos instituciones tan importantes en ese rubro cometen tan aberrante pifia. En este espacio se ha apoyado el trabajo de Tonatiuh y Serafín Tadeo y también se han cuestionado sus abusos y fallas. Con desasosiego, meditemos:

Cuando un homicidio tan grave tarda nueve días en tener “movimiento oficial”, no se está ante una investigación retrasada, sino ante dos instituciones que se hacen las dormidas mientras les gritan en la oreja. El asesinato del joven universitario Rodrigo Isidro fue el 14 de noviembre. El comunicado del fiscal Tonatiuh llegó hasta el 23. Nueve días. En tiempo político, eso es un siglo. En tiempo de impunidad, es apenas un bostezo más

Pareciera que todo suena a ese viejo truco de tirar el expediente a un cajón para ganar tiempo, a ver si el dolor que desgarra amaina, la indignación social se desinfla, si la gente olvida, si el obispo deja de hablar, si las marchas se secan. Pero no. Esta vez no. La presión social los arrinconó y tuvieron que moverse, no por convicción, sino por instinto de supervivencia administrativa

Lo peor ¿Qué clase de homicidio fue? Ni eso logran aclarar los expertos peritos de la Fiscalía ¡Un balazo en el cuello por la espalda, otro en la mano y con saña el tiro de gracia en el corazón! ¿Homicidio calificado? ¿Simple o accidental? El silencio es el lenguaje favorito de la Fiscalía cuando el caso huele mal. Y este hiede. Cuando la fiscalía evita nombrar el tipo de delito penal, no está protegiendo el debido proceso: está protegiendo a alguien

¡Aguantaron hasta que la presión que los dobló! La marcha, la rabia y dolor de los padres, el clamor del obispo, la indignación social que se volvió marea ¿Por qué extrañamente se “paralizó” el Fiscal? ¿Nueve días para un rústico comunicado? ¿Qué esconden o no quieren decir? Nueve sospechosos días de impunidad y silencio detonaron el caso en nota nacional e internacional ¡Qué obstinada negligencia!

Sólo entonces despertaron los “peritos especializados en criminalística”, que parecen más bien peritos especializados en esconderse. El problema es que la torpeza institucional salpica de fea manera la agenda del gobernador Javier May ¡Que alguien le explique a Serafín Tadeo y Tonatiuh que la seguridad de la ciudadanía es bandera, prioridad y narrativa central del compromiso del Gobernador! Estos funcionarios parecen empeñados en convertir esa prioridad en un chiste involuntario

¿A quién protegían? Esa es la pregunta que nadie quiere contestar. Porque el retraso no fue gratuito: ¿Protegían a mandos? ¿A un grupo dentro del grupo? ¿O simplemente protegían su cuello por haber dejado escapar evidencia, tiempo y credibilidad? La tardanza no fue burocracia. Fue cálculo político. Y si tuvieron que dar el paso fue porque la sociedad ya no les dejó rincón para esconderse

Y ahora, ¿Qué sigue? La disque captura de cuatro elementos no limpia los nueve días de silencio ni borra la siembra del arma, menos la sospecha de complicidad institucional. El daño está hecho. El mensaje también: en Tabasco, la impunidad no se combate por oficio… sino por presión. Así funciona el “sistema de justicia” que presume profesionalismo mientras tropieza con sus propias sombras

Ubiquemos: Tabasco perdió algo más grave que seguridad: perdió el sentido común. Y aquí estamos, otra vez, mirando cara a cara la impunidad ante el cadáver de un muchacho de 20 años mientras las autoridades de procuración de justicia ensayan inexplicables explicaciones como quien practica una coartada frente al espejo. Eso no es casualidad

Esto es el síntoma más claro de una secretaría de Seguridad Pública que ya no otorga seguridad pública menos protección ciudadana, sino que actúa como la aterradora versión dos de la Barredora. Tiene en sus manos Serafín Tadeo un sistema que se quedó sin brújula y un aparato de seguridad que opera con la lealtad moral de una moneda lanzada al aire ¡Rodrigo Isidro Ricárdez no debería estar muerto! Demasiado dolor

Pero lo está, y lo está porque en Tabasco ya se cruzó esa línea que nadie admite, pero todos vemos: la línea donde la policía dejó de ser un escudo para convertirse en una ruleta rusa de ilegales retenes de la muerte. Un día te protegen, otro día te persiguen, y el que sigue quién sabe. Ese vacío es el que transforma a cada patrulla en una interrogante y a cada sirena en un ruido que congela la sangre

El crimen ocurrió en un territorio donde la autoridad perdió el control de sus propios uniformados, donde los jefes se esconden detrás de comunicados cortos y huecos, y donde la SSPPC vive de simular que tiene rumbo. El responsable directo de esa simulación es el titular. Es su firma la que sostiene a una corporación que se extravió en su propia impunidad, que dispara primero, siembra armas y arregla el reporte después

Que opera con protocolos invisibles y patrullajes que son, -para muchos ciudadanos-, simples fantasmas armados. Y mientras la familia del joven enfrenta el dolor como si se tratara de un castigo divino, la Fiscalía juega el viejo juego sucio de manipular la realidad hasta que la gente se canse, hasta que los medios busquen otro caso, hasta que el expediente se vuelva un mueble más en una oficina saturada

¡Porque en Tabasco la justicia se cocina a fuego tan lento que a veces ni hierve! La pregunta real no es ¿Por qué solapan? Sino ¿Por qué tendríamos que sorprendernos que solapen? ¡Es su especialidad! La duda que hoy flota sobre el asesinato es la más peligrosa posible: ¿fue una patrulla del Estado o un comando criminal de “otra corporación” usando el uniforme como disfraz? El hecho de que ambas opciones sean igual de plausibles revela un derrumbe institucional tan profundo que debería provocar renuncias, no ruedas de prensa

La línea entre autoridad y criminalidad se borró, y fue el propio aparato de seguridad el que sostuvo la pluma. Y lo realmente escalofriante es esto: al joven no lo mató sólo un tirador. Lo mató un sistema entero que decidió funcionar sin controles, sin supervisión, sin vergüenza y sin memoria. Un sistema que dejó de proteger y empezó a perseguir, que dejó de actuar a la luz del día y empezó a moverse entre sombras

Un sistema que hoy debe responder, pero que prefiere ocultarse. En Tabasco, el colapso moral de la SSPPC ya no es teoría. Tiene nombre, tiene fecha y tiene sangre. Parece cuento de terror, pero sin el mínimo ingenio literario: sólo sangre, silencio oficial y una cadena de instituciones que ya ni fingen estar despiertas ¿Qué sigue? ¡Sálvese quien pueda! Ante esta evidente ¡Exaltación de ineptitudes!

SEPTIMO SELLO
Porque cuando un ciudadano ya no sabe si está frente a la autoridad o frente a una célula delictiva, lo que está fallando no es la estrategia de seguridad: es la esencia misma del Estado. Lo que estamos viendo es un sistema policial donde la disciplina se rompió, la cadena de mando se oxidó y el criterio moral se evaporó. Donde hay oficiales con licencia para matar y jefes con licencia para encubrir

SEPTIMA TROMPETA
Donde cada operativo podría ser legítimo o podría ser una emboscada, y donde la palabra «retén» dejó de significar orden institucional para convertirse en un paradero de la muerte que nadie quiere enfrentar de noche. Mientras no aparezcan los nombres, categorías y placas de quienes jalonaron los gatillos, mientras la SSPPC siga escondida como si estuviera esperando a que la indignación expire ¡Estaremos peor que la ejecución de Carlos Manso!

Hoy, a diez días de haber cometido ese infame asesinato ni Serafín Tadeo ni Tonatiuh informan nada. Es la prueba de que el sistema ya no distingue entre proteger y atacar, la excusa más burda es que los policías están sujetos a prisión preventiva; pero no hicieron el boletín donde los exhiban como corresponde a derecho y será hasta el viernes -por ampliación del término- en que el juez de la causa determine su vinculación a proceso

SEPTIMA COPA
Pareciera que hay uniformados que operan como sicarios y sicarios que operan como autoridades, y que el ciudadano quedó justo en medio, sin defensa y sin verdad. La muerte de Rodrigo Isidro no es sólo un crimen. Es un mensaje. Y el mensaje es brutal: la SSPPC dejó de garantizar la vida de los jóvenes. En Tabasco, hoy, la realidad es inocultable: un ciudadano puede morir por obedecer o por no obedecer detenerse en un retén de la muerte. Hay demasiada tela dónde cortar, demasiada.

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