Armagedón

“Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepuja largamente a la de piedras preciosas”
“Proverbios 31:10″

Tabasco espera el retorno de su reina
Alfredo A. Calderón Cámara
alfredocalderon1960@gmail.com
Aunque este espacio es de análisis político, la dimensión de la victoria de Fátima Bosch Fernández reclama y amerita la reflexión siguiente desde el sentir de la tierrita, máxime cuando en un país saturado de temores, donde cada mañana pareciera amanecer con un sobresalto político, un golpe económico o desencuentro social, la coronación de la teapaneca Fátima Bosch irrumpió como una bocanada de aire fresco

A sus 24 años, esta joven tabasqueña logró algo que en tiempos de crisis y polarización social pocos pueden conseguir: unir a un país acostumbrado a la división, recordándonos que tenemos sangre azteca y México es más grande, que -innegable es que la clase política vive resentimientos irreconciliables-; pero, en la sociedad no todo está perdido, que la excelencia y belleza todavía provocan aplausos que no nacen de la conveniencia

Su triunfo no es accidental. Se construyó desde una preparación sólida, sostenida y sin improvisaciones. Fátima estudió Diseño de Indumentaria y Moda en la Universidad Iberoamericana, se pulió en la Nuova Accademia di Belle Arti en Milán, Italia y complementó su formación en el Lyndon Institute, Vermont, Estados Unidos. No estamos hablando de alguien que llegó al escenario internacional por carisma únicamente, sino de una mujer que decidió profesionalizar hasta la forma de pararse frente a una cámara

De Teapa a conquistar el mundo es un ascenso que no cabe en la narrativa fácil. Ubiquemos, el 26 de abril del 2018, representando a su municipio Fátima se coronó como Flor de Oro, siendo la décima joven de ese municipio en lograrlo. Ese triunfo ya había anunciado que su historia aspiraba a capítulos más grandes. Siete años después, el 13 de septiembre de 2025, en Zapopan, Jalisco, ganó Miss Universe México, obteniendo el derecho de representar al país en el certamen internacional

Era la primera tabasqueña en la historia en llegar al escenario de Miss Universe. Hasta ahí, la historia caminaba sobre una línea impecable. Pero los tiempos que vivimos no permiten que nada sea tan simple porque en Tailandia el choque con Nawat Itsaragrisil destapó la mezquindad global. El 4 de noviembre de 2025, durante la imposición de bandas, apareció la primera tormenta. Nawat Itsaragrisil, director nacional de Miss Universe Tailandia, la reprendió públicamente, llamándola “tonta” por seguir supuestas instrucciones de la organización mexicana

El acto, además de bochornoso, fue una evidencia de cómo el ego en estos escenarios es más frágil que una cerámica china. Llamar a Seguridad para expulsar a Fátima del recinto fue una exageración que provocó un terremoto mediático internacional. Concursantes abandonaron el evento. La reina anterior, Victoria Kjær Theilvig, manifestó su rechazo y se fue también

El circo no pudo estar más completo. Fátima apagó el fuego y respondió con claridad: “un malentendido”. Quedó claro que Bosch Fernández había mantenido la compostura y Nawat Itsaragrisil había perdido la cabeza. Esa diferencia, aunque no se mida con puntuaciones oficiales, siempre pesa. De ahí a una corona mundial a base de mérito, esfuerzo y un triunfo innegable

El certamen de Miss Universe 2025 se celebró entre polémicas, murmullos y sospechas artificiales. Aun así, la tabasqueña ganó. México obtuvo su cuarta corona. El país celebró. Tabasco enloqueció y se volcó tras su nombre. Y el mundo tuvo que reconocer que, más allá del ruido, la presentación de Fátima era impecable. Pero como este país tiene la creatividad suficiente para arruinar hasta las buenas noticias, algunos grupos comenzaron a insinuar que su victoria había sido producto de influencias, conexiones, palancas

Que si el cargo de su padre en PEMEX, que si los vínculos políticos, que si la sombra de Morena. Nada nuevo. La política mexicana tiene el extraño talento de convertir el talento ajeno en sospecha. La realidad es otra: no existe un argumento sólido que empañe su triunfo sin caer en el terreno de la especulación absurda. Quienes intentan descalificar su logro lo hacen desde la polarización visceral que domina la conversación nacional

La presencia y apoyo de su tía, Mónica Fernández Balboa, ex senadora, ex Flor Tabasco 1984, mujer de trayectoria reconocida, fue también usada para sembrar nuevas sospechas. Que si sus gastos. Que si sus apariciones públicas. Que si su acompañamiento. Como si la excelencia, por el simple hecho de compartir sangre con alguien que tuvo un cargo público, quedara automáticamente desacreditada. El argumento es tan pobre que raya en lo ofensivo

Pretender que el legado, disciplina y talento de Fátima se explican por un apellido es desconocer la historia, el trabajo y la formación que ella misma se labró. Porque lo que ganó en Tailandia no lo compra nadie: lo dan los jurados cuando no encuentran a alguien mejor. Lo peor, estamos viviendo tiempos en un país tan receloso y escamado que no sabe celebrar sin desconfiar

Fátima Bosch logró lo que pocos: convertirse en símbolo, inspiración y orgullo en un país cansado. No lo hizo desde el privilegio político, sino desde la preparación, la resiliencia y la dignidad con la que enfrentó un episodio humillante en público sin perder la compostura. Su triunfo no es una distracción. Es una señal de que incluso en tiempos de sospecha y polarización, el mérito todavía existe

Por eso, Tabasco, este Tabasco nuestro al que tantas veces miran por encima del hombro, puede decirlo con claridad: una de las nuestras es la mujer más bella del mundo. Aunque les arda a los escépticos y le cueste a los polarizados admitir que, por una vez, la belleza ganó sin trucos. Se entiende, que todo el control de su agenda está en poder del Comité organizador de Miss Universe; pero, aun así, Tabasco y Teapa esperan el retorno de su reina

SEPTIMO SELLO
La discusión en redes y medios revela un México fracturado, donde la desconfianza es más fuerte que la verdad, y donde todo logro se somete al escrutinio del resentimiento. Nos cuesta aceptar que alguien venza con mérito. Nos cuesta creer en triunfos legítimos. El país está tan acostumbrado a los escándalos que cuando aparece algo genuino, muchos sienten que debe ser falso. Fátima ganó. Ganó bien. Es reina de belleza mundial y es orgullosamente teapaneca, tabasqueña y mexicana

Este triunfo, por más que intenten ensuciarlo, pertenece a Fátima Bosch, a su papá y mamá, a su hermano Bernardo y su tía la arquitecta Mónica Fernández Balboa. Este triunfo pertenece también a Tabasco, un estado que por años ha sido subestimado en lo cultural, lo artístico y lo mediático. Tabasco y los tabasqueños tienen derecho a celebrar sin recelos y sin pedir permiso. Politizar o morenizar un triunfo de tal magnitud y naturaleza carece de sentido

Recordemos: cada vez que México gana en un escenario internacional, aparece el mismo reflejo condicionado: “seguro hubo fraude”. Es casi una tradición no escrita que acompaña a nuestras coronas, medallas y reconocimientos, como si el éxito nacional únicamente pudiera explicarse por conspiraciones, conveniencias o favores en lo oscurito. Y lo más curioso es que estas teorías nunca cambian, solo se reciclan según la época

SEPTIMA TROMPETA
En 1991, Lupita Jones “ganó porque convenía al TLC”. En 2010, Ximena Navarrete “fue el regalo del Bicentenario”. En 2020, Andrea Meza “triunfó gracias a Telemundo”. Y en 2025, Fátima Bosch “fue coronada porque su papá trabaja en Pemex y Pemex habría beneficiado al dueño de Miss Universe”. Todo esto describe en la grilla de redes: una incapacidad estructural de ciertos sectores para aceptar que México, de vez en cuando, hace las cosas bien

La versión de 2025 raya en el absurdo. La narrativa intenta pintar a Pemex como un ente capaz de alterar concursos en el extranjero, como si la empresa pública más observada y quebrada del país estuviera disponible para regalar miles de millones para influir en un certamen. Lo más risible es que quienes repiten estas versiones nunca presentan evidencia sólida, solo insinuaciones: lo suficiente para sembrar sospecha, nunca para sostener un argumento

En cambio, el dato que sí existe es mucho más simple. Bernardo Bosch, padre de Fátima, al inicio no quería verla en certámenes, porque a ningún padre le emociona que su hija entre a un mundo que suele ser cruel, competitivo y lleno de críticas. Pero cedió cuando vio talento, disciplina y determinación. Ese dato humilde y humano, por supuesto, no genera clics, así que es desechado por quienes necesitan llenar la narrativa de villanos

SEPTIMA COPA
Aquí aparece otro ingrediente: el síndrome de «México no puede ganar limpiamente». Cuando México triunfa, se cuestiona. Cuando pierde, se festeja. Y cuando lo sabotean, se callan. Es una mezcla de prejuicio externo y autoderrota interna. La ironía final: este país, que recibe extranjeros con una generosidad que a veces raya en lo ingenuo, termina siendo blanco de discursos que lo minimizan, incluso en espacios tan superficiales como un certamen internacional. México siempre paga peaje moral, incluso cuando gana

Por eso el triunfo de Fátima Bosch, más allá de la corona, revela un malestar global. Ella no sólo cargó un vestido y una banda. Cargó el eterno juicio anticipado contra todo lo mexicano. Lo que queda, por fortuna, es lo que sí importa: Tabasco presume a una de sus hijas, México presume a su reina, y el resto del mundo tendrá que acostumbrarse a que, este país también gana por mérito. Y no, no hay conspiración que pueda anular eso. Regresaremos a la política local, examinando el crimen de Rodrigo Isidro Ricardez.

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