Armagedón

“El de manos diligentes gobernará; pero el perezoso será subyugado”
“Proverbios 12:24″

Ovidio maniobra ante la crisis social
Alfredo A. Calderón Cámara
alfredocalderon1960@gmail.com
El eco de los disparos todavía resuena en la memoria colectiva de Comalcalco. En los últimos días, la violencia que asomó sus colmillos en el municipio, obligó al alcalde Ovidio Peralta Suárez a moverse con rapidez —o al menos a parecerlo—, con un anuncio que buscó enviar una señal de orden y autoridad. Desde su muro de Facebook, el edil proclamó un mensaje solemne

“En una reunión con la segunda guardia de Seguridad Pública Municipal, la implementación del esquema 24×24 y un salario de 18 mil pesos mensuales para los elementos policiacos, con el argumento de “dignificar su labor y fortalecer la paz”. Ubiquemos: la paz no se decreta con boletines, ni se construye a golpe de publicaciones. La reacción social fue un termómetro helado: 57 comentarios, sólo tres aprobados, y ninguno en tono de respaldo

En el pequeño laboratorio digital del poder local, se reveló algo más profundo que la simple inconformidad: la pérdida de credibilidad del pueblo hacia su autoridad y, peor aún, hacia el cuerpo policiaco que debería protegerlo. El primer comentario, disfrazado de cortesía, fue una fea estocada, Guez Htide los ubicó: “Excelente, sólo un detalle. Igual debería invertir en un buen instructor que los capacite y de paso un buen gimnasio, porque muchos les hace falta hacer ejercicio”

Bajo la aparente sugerencia se esconde una verdad incómoda: la percepción de una policía obesa, torpe y sin mística de servicio. En un territorio que pide eficacia, los ciudadanos ven cuerpos inflados por la rutina, por la grasa de la jícara del pozol y el cansancio de la inercia. Si la autoridad quiere recuperar la confianza, tendrá que empezar por algo tan básico como el estado físico y moral de su tropa. Urge dieta y ejercicio

El segundo comentario público de Witano García Ramírez no tuvo anestesia: “Se reunieron, pero para ponerse de acuerdo y seguir sangrando al pueblo.” Aquí no hay ironía, hay hartazgo. La gente no distingue ya entre el político honesto y el corrupto, entre el que actúa con intención y el que simplemente posa. Ovidio Peralta, pese a su posición social y su trayectoria fuera del lodo de la política tradicional, ha sido absorbido por la percepción general del desprestigio heredado

Ese pantano donde todos los servidores públicos parecen iguales. En Comalcalco, la distancia entre el escritorio del palacio y la esquina del mercado se ha convertido en un abismo moral. El buen nombre del ex senador que aspira a ser gobernador se ha visto “abollado” ante los hechos delincuenciales. El desgaste se deja sentir y la sentencia social no perdonó en el tercer comentario que fue un tiro de gracia

Luisito Pérez fue lapidario: “Los premia a esa bola de rateros.” No lo dice un opositor ni un periodista incómodo: lo dice el pueblo. “Bola de rateros”, tres palabras que resumen años de desencanto con una policía que no inspira respeto, sino miedo y rabia. Para muchos, el uniforme no representa autoridad sino complicidad con el delito. Duro trabajo tiene el alcalde, el último año ya bajo su responsabilidad no cambio la percepción social

Los abusos, las mordidas, los operativos fingidos, los pactos con la delincuencia, han erosionado el último hilo de confianza que un ciudadano puede tener en su guardián. Entendamos: la propuesta del alcalde es, en el papel, loable. Un mejor salario puede ser una herramienta de dignificación, siempre y cuando venga acompañada de depuración, capacitación y resultados visibles. Pero en Comalcalco el reloj corre más rápido que los comunicados

La violencia no espera, y la desconfianza ciudadana tampoco. El aumento salarial no es una medalla, es una apuesta: o mejora el desempeño policial, o se convertirá en una nómina dorada para la ineficacia. El municipio vive una encrucijada. Por un lado, un gobierno que intenta mostrarse activo, con discursos de paz y cercanía; por el otro, una sociedad que ya no cree en la palabra, sólo en los hechos

El crimen organizado, las ejecuciones, los asaltos y la desconfianza se han instalado en el paisaje urbano con la naturalidad de una rutina. Si la autoridad no rompe el círculo, terminará atrapada en él. Ovidio Peralta tiene frente a sí una batalla más simbólica que material: la de rescatar el sentido moral del poder, la de demostrar que el dinero y los planes no bastan si no hay un cambio profundo en la conducta pública

El ex senador es un hombre que sabe de iniciativas; pero, “la fe sin obras es muerta”: necesita limpiar la imagen de su policía, blindar sus calles y, sobre todo, escuchar el pulso de la gente que no se refleja en los boletines. Porque los ciudadanos ya no leen los comunicados oficiales: leen los cadáveres, los robos, las extorsiones, las miradas cansadas de quienes patrullan sin alma

En este Comalcalco que clama por justicia, el mensaje es claro: no basta con pagarle más al policía si el pueblo sigue pagando con miedo. El futuro político del municipio no vendrá por la falta de recursos, sino por la falta de credibilidad. Y en ella, el señor alcalde, es la moneda más cara de todas. El boletín en Facebook muestra que Ovidio Peralta maniobra ante la crisis social

SEPTIMO SELLO
Es evidente que el alcalde de Comalcalco no se sienta a esperar que los problemas del municipio se disipen como humo. La violencia ha tocado la puerta y no piensa retirarse sola. En medio de esa sombra, el edil intenta levantar el escudo, reunir a sus fuerzas y convencer al pueblo de que aún hay orden en el caos. Pero la fe del ciudadano, tantas veces traicionada, ya no se compra con discursos ni fotos en redes sociales: exige hechos, no promesas

SEPTIMA TROMPETA
Comalcalco vive su propia prueba de fuego. Las calles, los mercados, los caminos rurales, en Aldama todos respiran el mismo aire de zozobra. Y aunque las iniciativas del gobierno municipal se anuncian con ímpetu, sólo el tiempo dirá si son semillas de paz o simples palabras que el viento se llevará. Porque el miedo no se combate con propaganda, sino con justicia, y la justicia sin valor es sólo papel mojado

SEPTIMA COPA
Definamos: “Porque no en vano lleva la espada el que gobierna, pues es ministro vengador para castigar al que hace lo malo” — Romanos 13:4. El poder, cuando olvida ese principio, se convierte en cómplice del mal que dice combatir. Por eso Comalcalco no necesita guardianes de discurso, sino hombres de verdad, con manos limpias y corazón firme. El reloj ya empezó a marcar el juicio: o la autoridad vence a la oscuridad, o la oscuridad terminará gobernando. Compás de espera

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