Armagedón

“No nos cansemos de hacer el bien, porque a su debido tiempo cosecharemos si no nos damos por vencidos”
“Gálatas 6:9″

Tabasco sembró en una sola raíz
Alfredo A. Calderón Cámara
alfredocalderon1960@gmail.com
Hubo quien se rio. Hubo quien dudó. Siempre los hay: los escépticos profesionales, esos que sólo saben regar veneno en vez de agua. Pero el sábado, la tierra habló con voz de esperanza. Más de dos millones seiscientos mil árboles comenzaron a escribir una historia distinta para Tabasco, y lo hicieron con el sudor y la fe de un pueblo que decidió ensuciarse las manos para limpiar el futuro

Fue un milagro civil y colectivo. A base de una convocatoria: padres e hijos, soldados y maestros, campesinos y empresarios, gobierno y sociedad, todos juntos con la pala y el corazón. En cada golpe de azadón se clavó una promesa, en cada raíz enterrada se escondió una oración. Porque plantar un árbol es desafiar la muerte; es decirle al tiempo: “todavía creemos en la vida”. La siembra de arboles es una barrera natural

Sólo tierra y propósito. El rector Guillermo Narváez, desde la UJAT, demostró que la educación florece cuando se planta con las manos. Y la presidenta Yolanda Osuna, desde el municipio de Centro, lo dijo con claridad: sembrar árboles es sembrar respeto. Hasta la Chontalpa se vistió de verde esperanza. Tabasco, el mismo que a veces parece dormido entre el calor y la desidia, despertó al sonido de miles de palas golpeando la tierra

No fue sólo una jornada ecológica; fue un esfuerzo común. En un mundo que tala más rápido de lo que siembra, Tabasco eligió sembrar más rápido de lo que duda. Y ese gesto, aunque parezca sencillo, tiene el peso de una profecía cumplida: el renacimiento de un pueblo que entendió que cuidar la tierra es cuidarse a sí mismo. El gobernador ha prometido que cada octubre esta siembra se repetirá

*Ojalá también se replique en la conciencia, porque los árboles crecerán, sí, pero lo que debe florecer es la cultura del bien común. A veces los milagros no vienen del cielo. A veces brotan del suelo, cubiertos de lodo y esperanza. Ese sábado, Tabasco respiró. Y por primera vez en mucho tiempo, el aire olía a futuro.

En otro orden de ideas la presidenta Osuna, con su estilo sobrio y sin estridencias, ha dejado claro que el liderazgo no se mide por decibelios, sino por resultados. Y los resultados hablan: obras adelantadas, recursos bien administrados, colaboración institucional y una población que empieza a ver cómo la transparencia se traduce —literalmente— en agua limpia. Hay administraciones que hablan de progreso y hay otras que lo hacen fluir

En Villahermosa, el agua —ese elemento que da vida y también desnuda la ineficiencia— empieza a correr con un nuevo cauce: el del orden, la gestión y la visión de futuro. Bajo la guía de Yolanda Osuna Huerta, la ciudad no solo repara tuberías: limpia las aguas turbias de la vieja política. Porque donde antes había promesas estancadas, hoy hay obras que avanzan con ritmo de río desbordado

Donde antes había fugas —de recursos, de confianza, de dignidad— ahora hay un flujo constante de resultados. La presidenta municipal ha logrado algo que en política no es de ninguna manera fácil: unir eficiencia con honestidad. Y esa combinación, tan escasa en los tiempos del cálculo y la foto, empieza a dar frutos que el pueblo puede tocar, ver y beber. No es casualidad que el símbolo de esta administración sea el agua

La alcaldesa no grita, no presume, pero erosiona montañas y limpia la suciedad más antigua. Invertir en agua, como dice la señora Osuna, es invertir en la vida, en la prosperidad compartida, en la salud de las generaciones futuras. Mientras otros gobiernos se pierden en discursos o megaproyectos de humo, aquí se construye lo más elemental: la infraestructura invisible que sostiene la dignidad humana

El trabajo coordinado con la Conagua no solo garantiza eficiencia técnica, sino una alianza moral entre niveles de gobierno que entienden que la verdadera transformación no se decreta: se gestiona y se construye. Y en este caso, la gestión tiene nombre, rostro y método. Porque el orden financiero no es frialdad contable, sino justicia distributiva: que cada peso se convierta en bienestar y no en privilegio

Esta visión no flota sola: forma parte del cauce mayor que impulsa la eficiencia y se encuentra en una misma fuente. Porque no hay justicia social sin agua justa, ni transformación sin servicio digno. El agua es símbolo y mensaje. Corre donde encuentra espacio, limpia lo que toca, da vida a quien la recibe. En Villahermosa, esa corriente ya empezó. Y con ella, el murmullo de un nuevo tiempo donde la política vuelve a ser servicio, y el servicio, esperanza

*En la reforestación Javier May Rodríguez no sólo encabezó la jornada: encendió una llama social. En la Piscifactoría de Teapa, bajo el sol que rajaba el monte, habló de conciencia y herencia. Lo escuchaban los niños, los soldados, los jueces, los obreros; y por un momento —sólo uno, pero eterno— todos se sintieron parte del mismo árbol, con ramas distintas. Tabasco sembró hacía el futuro en una sola raíz.

SEPTIMO SELLO
Le mandaron al columnista una joya de foto: el diputado Miguel Ángel Moheno Piñera, pala en mano, sonrisa de concurso de jardinería y un texto que decía: “¿Por qué cuestionas a Euclides y a Moheno ni con el pétalo de una rosa?” Qué pregunta tan romántica para un tipo que posa como si estuviera reforestando el Edén, cuando lo más verde que tiene es el color de su partido

La congruencia de Moheno es admirable en su rareza: defiende la vida de los animales, pero vota a favor del aborto; presume plantar árboles, pero no siembra oportunidades; protege el monte, pero deja sin piso a los sueños juveniles. Porque en Cárdenas, los árboles del diputado crecen derechos… pero las oportunidades para los niños se secan torcidas

SEPTIMA TROMPETA
Qué fácil es amar la naturaleza cuando no se tiene que invertir en personas. Los árboles no piden apoyo, no escriben cartas, no exigen transparencia. Crecen solos, como los seguidores falsos en redes. Y mientras Moheno cultiva su imagen pública a la sombra de los árboles que planta para las fotos, los verdaderos frutos de su distrito —los jóvenes que merecen impulso— se marchitan bajo el sol de su indiferencia

Un hombre que ama la naturaleza: verde, seca o en licuado. Estudió dos veces en la Universidad Oceánica —lo que sea que eso signifique— y ahora presume que su misión es llenar Cárdenas de fotos ecológicas y discursos reciclables. Pero mientras planta árboles para las selfies, deja morir esperanzas de carne y hueso

SEPTIMA COPA
Porque claro, abrazar un tronco da más “likes” que ayudar a un joven. Y como todo político que se baña en clorofila ideológica, Moheno vota a favor del aborto —asesinar fetos, dice él entre una selfie y otra— pero no invierte ni en un boleto de autobús para un niño vivo con futuro. El diputado, defensor de árboles y verdugo de ilusiones, es la metáfora perfecta del ecologismo hipócrita: cuida lo que da sombra, pero no lo que da esperanza

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