
Armagedón
«No se puede servir a dos señores: porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro»
Mateo 6:24
Melchor y su mimetismo: de maletero a hacendado
Alfredo A. Calderón Cámara
alfredocalderon1960@gmail.com
¿Un sindicato lame pies y entregado a la “operación alfombra”? Ubiquemos, desde que Melchor Hernández se sentó en la silla sindical, el Sindicato de Profesores Investigadores de la UJAT dejó de ser un contrapeso y se volvió un apéndice de rectoría. Antes con José Manuel Piña, ahora con Guillermo Narváez, el guion siempre es el mismo: los intereses del patrón por encima de los derechos de los académicos. No hay defensa, no hay voz; solo complacencia servil
La gestión de Melchor se distingue por el retroceso. Servicios médicos que parecen caricatura: medicamentos genéricos de dudosa eficacia, pasantes improvisando como doctores, sólo faltan “comadronas atendiendo partos” y un sindicato que calla mientras los profesores son tratados como desecho humano ¿La transparencia? ¡Desaparecida! Los recursos de las cuotas sindicales se manejan como botín. Nadie sabe cuánto entra, cuánto sale ni en qué se gasta
Lo que es del dominio público es que los uniformes de los profesores son otro negocio redondo en manos de Melchor, con sobreprecios y opacidad. Lo peor, un señalamiento sumamente grave y sujeto a investigación: haber permitido que rectoría echara mano del fideicomiso de jubilaciones, ese fondo sagrado que debía garantizar la vejez digna de los académicos. Convertido en caja chica, lo que se perdió no son pesos: es el futuro de cientos de familias
La realidad innegable de Melchor Hernández: al más puro estilo de Nicolás Maduro en Venezuela, acá de ¡Maletero a hacendado! La metamorfosis personal del líder sindical es digna de un corrido ranchero. Pasó de cargar la maleta de José Juan, su padrino político, a posar como hacendado en banquetes de ganaderos. El brinco de la mediocridad a la abundancia repentina solo tiene una explicación: vivir del sudor ajeno y del silencio cómplice
Ese es el innegable milagro del hacendado lame pies: su transformación personal es un insulto a la inteligencia colectiva. Ahora es la imagen misma de comer de ambrosías en la fina mesa del Ganadero, presumiendo haciendas y ganado. Prosperidad exprés con la misma fórmula de siempre: el sudor de muchos convertido en el privilegio de uno
Tiempos son estos en los que Melchor Hernández busca reelegirse por tercera traición. Una burla abierta, cínica y descarada a la democracia sindical y a la dignidad universitaria ¿Con qué argumentos? Sus resultados no lo sostienen: promesas vacías, falta de rendición de cuentas y una representación que en los hechos ha dejado a los maestros huérfanos. Sus cómplices desde la Rectoría ya afilan las garras para repetir la fórmula: dinero, presión y coacción para imponerlo de nuevo
Meditemos: los profesores no son ciegos. Ya se cansaron de la simulación. Quieren un sindicato democrático, transparente y combativo. La democracia no se reelige tres veces. Lo que Melchor pretende no es continuidad: es perpetuarse como capataz de la rectoría, al precio de despojar a los académicos de lo poco que aún les queda
En la UJAT, la transformación no se mide en discursos ni en boletines: se mide en la resistencia de los profesores a no dejarse vender como reses en el mercado del poder. La última gran guerra sindical está a la puerta, y la batalla no será entre rectoría y Melchor, sino entre los maestros y la cadena de corrupción que los ha convertido en rehenes: el libreto es idéntico en cada gestión: servilismo a rectoría y abandono a los maestros
El resultado: un gremio debilitado y profesores sometidos a un retroceso brutal. El SPIUJAT se encuentra en el umbral de su propia auto destrucción. Lo que está en juego no es la figura de un líder desgastado, sino la posibilidad de que los maestros recuperen su sindicato. La lucha no es contra un hombre, sino contra el sistema de complicidades que lo sostiene. Si los académicos callan, serán rehenes eternos de rectoría
Si levantan la voz, comenzará la verdadera transformación universitaria. Porque el poder sindical no es herencia ni hacienda: es un mandato que solo la base puede otorgar y, cuando se traiciona, también puede arrebatar. Los ánimos están caldeándose al observar el descaro de Melchor y su grotesco mimetismo de maletero a hacendado
SÉPTIMO SELLO
El Hospital Regional de Alta Especialidad “Dr. Juan Graham Casasús” siempre fue tenido en estima por el columnista, se reconoció decenas de veces el trabajo de todos: desde la dirección hasta el intendente durante la pandemia; sin embargo, derivado de la entrega de ayer, más de 25 personas plenamente identificadas bajo el compromiso de ser guardadas sus identidades en el anonimato, el 60% tuvieron comentarios en el mismo sentido: es un hospital convertido en mercado
Lo que se supone debe ser un faro de atención médica para quienes luchan contra la enfermedad más cruel: el cáncer y que debería ser un santuario de esperanza se ha convertido en un mercado grotesco. Empleados y empleadas invadiendo los pasillos que huelen más a fritanga y chatarra que a desinfectante: palomitas, dulces y refrescos se venden con la misma naturalidad con que debería brindarse la atención médica
SÉPTIMA TROMPETA
La constante en sus dichos: “No es exageración, los pacientes llegan con el alma rota, esperando un trato humano y se topan con empleados indiferentes, irritados por tener que cumplir con su deber. Un hospital de “alta especialidad” que parece más bien un tianguis de bajezas. Los pacientes son tratados como estorbo. El testimonio es claro: en el Juan Graham, muchos —no todos— de los trabajadores se comportan como carceleros más que como servidores de la salud
La mayoría de los pacientes son vistos como si llegaran a comprar o fueran animales. Los enfermos de cáncer que deberían recibir compasión y apoyo psicológico, hay que decirlo, psicólogos hay de sobra en la Secretaría de Salud, pero encerrados en oficinas, en el clima, lejos de quienes en realidad los necesitan, muchos pacientes son procesados bajo la frialdad de un sistema que se deshace de ellos como un mueble viejo. Los empleados y empleadas que se la pasan jugando en el celular -varias fotos de ellos-
SÉPTIMA COPA
La corrupción y el derecho de piso ya no es privativo de la delincuencia organizada. La podredumbre llega a niveles de extorsión. Hay fotos de trabajadores que piden dinero, comida o refrescos a los pacientes para darles la atención. Un “derecho de piso” que enferma más que la propia enfermedad. Otros -los peores- se dedican a prestar dinero con intereses dentro del mismo hospital, como si el dolor humano fuera un negocio más
Y mientras tanto, si llega algún recomendado: el boicot aflora, indiferencia y que se pudra en las bancas. Desde la llegada de Carlos Madrigal Leyva a la dirección, el caos se profundizó. Ya nadie sabe si el Juan Graham es hospital, mercado o banco clandestino. Lo cierto es que se ha perdido el sentido de la vocación médica: servir al más débil, proteger al enfermo, aliviar el dolor
El Juan Graham es en estos momentos un espejo de lo peor del sistema de salud: indiferencia, corrupción y desprecio por la vida. Mientras Madrigal Leyva se acomoda en su privado y los trabajadores hacen negocio con la desgracia ajena, los pacientes siguen cargando solos su cruz. La plaga llegó a este hospital, y no lo trajeron las enfermedades, sino los hombres que juraron curarlas. Indudable es que: “cuando el gato duerme, los ratones hacen fiesta”. Todo es un desastre dónde no hay orden ni gobierno.
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