
*Armagedón*
*“Porque cualquiera que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido”
**Lucas 14:11
**La mesa del privilegio**
Alfredo A. Calderón Cámara
**alfredocalderon1960@gmail.com**
En Tenosique, el festejo de las fiestas patrias dejo como lección a la gente, que hay tenosiquenses de primera, de segunda y de tercera; por ello, el pueblo bautizó con amarga ironía aquel rincón de exclusividad “pegada a las mismas barbas” del cantante que le cantaba a la alcaldesa Sandra Hernández Jiménez y la familia “bara, bara” de Nahún Vázquez, el consorte y mandamás como: “la mesa del privilegio”**Allí, bajo luces y conciertos, no reinaba la democracia ni la sencillez republicana, sino un ceremonial grotesco y ofensivo de poder de una alcaldesa que exhibe lo que espera a quien vuelva a votar por ella -aspira a reelegirse-. El escenario parecía sacado del libro de Daniel: una mesa larga, como el banquete de Belsasar, donde se celebraba no a Dios ni al pueblo, sino a los ídolos del parentesco de la familia del diablillo de “Abelito” y la vanidad**Sin autoridad alguna, Gabriel Vázquez Carrera, cuñado de la presidenta, se erigió como un nuevo Herodes en versión provinciana. No blandía espada, pero sí la palabra déspota que hiere más que el filo. Con voz tajante ordenaba a los humildes tenosiquenses que pretendían saludar a Sandra Jiménez: “Ustedes no pueden subir, la presidenta no saludará a nadie”. El pueblo miraba atónito: no era la distancia natural entre alguna autoridad oficial y los ciudadanos**Era el despiadado e inhumano desprecio de un poblano avecindado aplastando la dignidad de los tenosiquenses, un comerciante exiliado de San Martín Texmelucan por el que ningún ciudadano voto, convertido en un energúmeno imponiendo su propio protocolo: tratando como “tenosiquenses de cuarta” al pueblo justo y bueno. Y detrás, una valla de Protección Civil se levantaba como el muro de Jericó, no para derrumbarse con trompetas, sino para sostener el inaccesible trono de “la reina del sur” y sus cortesanos**La gente no entendía: cómo si la Feria era de todos pagada con recursos públicos. Por qué ese cancerbero poblano en forma infame despreciaba y le cerraba el paso a los hijos del pueblo del “Caballero de la Lealtad” que sólo querían estrechar la mano de su autoridad. Al bajar la alcaldesa a su palco reservado “para los escogidos”, nadie en Tenosique se explica ¿Con qué autoridad Gabriel ordenó a Protección Civil levantar vallas, -no para proteger vidas-, sino para blindar la pompa de “su Alteza Real Serenísima: la reina del sur”, para los Farias?**Y así, ante los ojos de los más vulnerables y desprotegidos, se llevó a cabo: “El festín de los elegidos”, el banquete para pocos y las migajas para muchos; allí, en la mesa del privilegio, la familia de Nahum Vázquez se entregó a viandas y bebidas, en aquella mesa se servían ambrosías abundantes, platos llenos, vasos colmados de todo, mientras detrás de las rejas improvisadas, el pueblo sólo tenía derecho a mirar a distancia cómo se derrochaba el dinero del pueblo en unos cuántos**Esa es la nueva realidad de Tenosique, la familia de Nahum Vázquez, por la que nadie voto, comió con voraz apetito: el festín fue de ellos, al pueblo le tocó ver de lejos, apestados, fueron tratados como campesinos malolientes, separados por vallas y por jerarquías inventadas por el ego de la alcaldesa. Los directores del ayuntamiento, los que diario sostienen el Ayuntamiento: humillados, sin derecho a los alimentos: reducidos a convidados de piedra, apenas les dieron un vaso de agua o un refresco**Sin embargo, la humillación más alta fue para la señora Mercedes Jiménez ¡Una verdadera dama la madre de la alcaldesa! Lamentable es que poco o nada le importó a Sandra Hernández tanta lealtad y el que haya prestado millones de pesos a una financiera para ayudarla, Tenosique fue testigo de la forma tan lamentable en que doña Meche fue relegada al fondo, desterrada del banquete como si no existiera, los comentarios han sido lacerantes: “¿Sí eso le hizo a su mamá, qué se puede esperar de la maestra Sandra?**La escena evoca el reproche de Proverbios que la alcaldesa nunca aprendió en los consejos del pastor Ocaña le dio: “Honra a tu padre y a tu madre, para que se alarguen los días que Jehová tu Dios te da”. Letra muerta, “nadie puede servir a dos señores, a uno amará y al otro lo despreciará”. Nahún manda y gobierna y doña Meche no tuvo acceso a la mesa del privilegio porque no alimentaba cuerpos, sino egos. No nutrió a la comunidad, sino al pequeño círculo que cree que gobernar es lo mismo que coronarse**El problema no fue la mesa en sí, sino lo que representó: el portazo en la cara y la negación al pueblo, la burla al cargo público, el uso de un puesto para alzar altares a la soberbia. Tenosique no necesita reyes ni cortesanos, sino servidores que caminen entre la gente, que suden en la calle y no se escondan detrás de vallas. Cada evento, cada gesto, fue un recordatorio de que en la política local no gobierna la humildad, sino como una moderna “Juanita” disfrazada de autoridad**A la distancia, integrantes del equipo de Armagedón observaban: el banquete terminó, como terminó el de Belsasar aquella noche en Babilonia, cuando una mano misteriosa escribió en la pared: “Mene, Mene, Tekel, Uparsin”. “Ponderada fue tú gobierno en balanza, y fue hallado falto”. Ubiquemos, todo privilegio levantado sobre la exclusión y el menosprecio, es fugaz: -ni siquiera honró a su propia madre-**La perfidia de quienes fueron predilectos esa noche brotará al final del trienio y el juicio del pueblo —que vio todo ese pandemónium, que escuchó las alegres voces que el vino corriendo en las gargantas sacaba, -lo inevitable-, se recordará por años—; será la ineludible e imperecedera etiqueta que acompañará siempre la memoria histórica de la alcaldesa: la mesa del privilegio**SÉPTIMO SELLO**Al otrora secretario de Seguridad de Tabasco, conocido en las sombras como el “Comandante H” o el “Abuelo”. No lo regresaron a México por la solemne vía de la extradición, sino por la puerta chica de la expulsión migratoria, como quien barre la casa para echar fuera a un intruso indeseado. Paraguay no quiso mancharse las manos con sus papeles judiciales; prefirió entregarlo como trofeo humano, como advertencia: en su tierra no hay refugio para capos**Durante años, Hernán “N” encarnó el rostro doble de la seguridad: impecable uniforme y charola para el pueblo, pero poder mafioso en la retaguardia. Se paseaba en Tabasco como el Leviatán de Hobbes, prometiendo orden, mientras al amparo de Adán y Carlos Manuel incubaba violencia y negocios turbios. Hoy, las cadenas migratorias paraguayas revelan que no era más que un prófugo sin entrada legal, un huésped indeseable al que expulsan como se arroja al traidor del banquete**SÉPTIMA TROMPETA**Eso genera ecos en la política tabasqueña porque no es sólo la caída de un hombre poderoso; es el temblor que sacude a toda una clase política. Porque detrás de cada capo con charola hay alcaldes filmados que firmaron, notarios que solaparon, diputados que callaron, secretarios que compartieron la mesa y gobernadores que bendijeron su sombra. Si las autoridades logran demostrarle algún crimen —y los expedientes huelen a sangre— caerán nombres que hoy todavía presumen fuero, curules y cuentas bancarias**La expulsión del “Comandante H” es un espejo. En él se miran quienes juraron defender la seguridad, pero que en realidad entregaron plazas, cuerpos y presupuestos al mejor postor. Ahora tiemblan los exalcaldes, los exsecretarios y los empresarios que cabalgaron con él, porque saben que los expedientes no se entierran: esperan su hora para hablar**SÉPTIMA COPA**El mensaje de los tiempos no es casual, es letal. No es casualidad que el anuncio se diera tras la instrucción directa de la presidenta Claudia Sheinbaum. El poder central busca purgar las cloacas del sexenio pasado y don Hernán es sólo la primera pieza en caer. La pregunta es ¿Seguirán Adán y Carlos Manuel? Innegable es que “El que siembra viento, cosecha tempestades” (Oseas 8:7). Hoy Tabasco cosecha las tempestades de haber confiado su seguridad al crimen vestido de funcionario**Su habitación será en la celda del Cefereso 1, el Comandante H no sólo enfrenta la justicia mexicana, enfrenta también la memoria de los ejecutados, extorsionados y desaparecidos. Los políticos que compartieron mesa con él deberán decidir: confesar antes de que cante el gallo, o negar hasta el último aliento. Porque la caída de un hombre tan poderoso como Hernán, nunca es solitaria: arrastra a todos los que se colgaron de su sombra. Ya habrá tiempo para el análisis más profundo*.
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