Armagedón

“No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman más bien al que puede destruir alma y cuerpo en el infierno”
Mateo 10:28

Crónica de un infierno blanco: el Hospital Pemex Comalcalco
Alfredo A. Calderón Cámara
alfredocalderon1960@gmail.com
Hay lugares donde la enfermedad no viene de los pacientes, sino del poder de directores, sub directores médicos y supervisoras. Donde los pasillos del hospital no sanan, sino desgastan. Donde las batas blancas se vuelven grises de cansancio, humillación y arbitrariedad. Y así, en este tiempo de dolor y tribulación, llegó la hora de levantar la voz: los abusos claman justicia desde el suelo del Hospital General Pemex de Comalcalco

No es una epidemia vírica, sino de autoritarismo, indiferencia y corrupción. El mal tiene rostro y cargo: el director José Antonio Aguilar Ramón, su subalterno, el subdirector conocido como “Mota Feria”, y dos supervisoras que se han ganado a pulso su reputación de déspotas sin alma: Rosa Jovita Alcudia y Gabriela Javier. Sus nombres no se pronuncian en susurros. Se dicen con rabia contenida, con la angustia por quienes llegan a trabajar hasta 32 horas seguidas sin descanso, sin justicia y sin humanidad

¿Hasta cuándo se va a permitir este régimen de terror disfrazado de supervisión? Porque esto ya no es un problema interno. Es una crisis de derechos humanos. Es un atentado contra la dignidad, la salud mental y física del personal. Y lo que es peor: es una bomba de tiempo que también pone en riesgo a los pacientes. Porque cuando se agota al cuidador, el descuido se vuelve inevitable y los errores los pacientes los pagan con la muerte

La queja generalizada es clara: “No se puede seguir tolerando que una “compañera” ajena a esta sección con número de registro F529100, no puede seguir oprimiendo a las enfermeras como si fueran su propiedad y desde estas líneas, no se hace una petición. Se hace un llamado urgente, un grito de justicia al Lic. Felipe de Jesús Jiménez León, quien está obligado a actuar. No con comunicados tibios, sino con hechos concretos o la narrativa trascenderá con videos hasta la mañanera presidencial”

El hospital no puede seguir siendo un campo de concentración laboral donde reina el miedo y la impunidad. La salud no sólo se cuida con jeringas y medicinas, sino con respeto, empatía y condiciones dignas. Y eso, hoy, todo eso brilla por su ausencia. El juicio ha comenzado. La plaga está en casa. Y no hay vacuna contra la indiferencia. El reino del miedo laboral en bata blanca: está en el hospital Pemex Comalcalco

Como en las páginas del Apocalipsis, este hospital se ha convertido en pasillos de lamentos y valle de sombra de muerte. Las enfermeras —esas mujeres de manos firmes y corazones cansados— son obligadas a cumplir funciones que no les corresponden, a desempeñar tareas indignas ajenas a su formación, a exponerse a enfermedades, violencia y agotamiento, mientras sus superiores se esconden detrás del biombo de la burocracia

Las órdenes, dicen -a manera de excusas-, no son “personales”, sino “de arriba”. Como si la injusticia se justificara con el nombre del verdugo. Como si la cadena de mando lavara las manos de los responsables. Como si el miedo fuera una política institucional. Pero esta vez, las voces se han alzado. Esta vez, el silencio se ha roto. La supervisora Rosa Jovita Alcudia, vieja conocida del acoso laboral, ha vuelto a sus andadas

Su historial no es nuevo. Su estilo de “liderazgo” —si así puede llamarse— es la amenaza, el castigo, la humillación, el aplastar la dignidad de las demás. Y lo que es peor: ni siquiera pertenece a esa sección sindical. Está allí por las grietas de la complicidad, amparada por un sistema que protege a los que abusan y abandona a los que sirven ¿Dónde está el sindicato? ¿Dónde está el “guanabanón” del secretario general de la sección 29, Felipe de Jesús Jiménez León?

En algún momento, el uniforme blanco de una enfermera significó esperanza. Hoy, en los pasillos del Hospital General Pemex de Comalcalco, ese blanco se ha manchado de abuso, cansancio y humillación. Lo que debe ser un templo de salud, se ha convertido en una torre de Babel donde reina el abuso de poder, la soberbia y el desprecio por la dignidad humana. No es una exageración el decirlo: están viviendo el Armagedón laboral

Todo amparado en cargos de dirección, instauraron una dictadura disfrazada de administración, un régimen del miedo que ha contaminado cada turno, cada pasillo, cada guardia. Las supervisoras señaladas en la queja —las nuevas plagas de Egipto— se escudan diciendo que “sólo cumplen órdenes”. Como si eso fuera suficiente para justificar el maltrato sistemático, el acoso y la destrucción del espíritu de todo un cuerpo de enfermería que grita con impotencia: ¡basta ya!

Ubiquemos: no es una rebelión. Es un grito de supervivencia. El personal está trabajando jornadas de hasta 32 horas seguidas, sin refuerzos, sin derechos, sin respeto. Y para completar la ironía, los pocos elementos que quedan son colocados en cargos inútiles, como si se burlaran de la lógica, del cansancio y del sentido común. Las funciones asignadas no están en ningún manual: están en la imaginación retorcida de quienes usan el poder como látigo

La peste no es biológica. Es moral. Y como si eso no fuera suficiente, de nuevo vuelve a aparecer el nombre maldito de: Rosa Jovita, la supervisora reincidente, la del historial manchado con denuncias de acoso y abuso de poder. Hoy se pasea como reina de un imperio en ruinas, ostentando un cargo que ni siquiera le corresponde dentro de esta sección sindical. También hoy inicia una guerra que nadie sabe cuándo se detendrá, la crónica de un infierno blanco: el Hospital Pemex Comalcalco

Séptimo sello
Parece una historia de terror que en el Hospital Pemex Comalcalco haya una extraña entre hermanas, una intrusa con poder, con número de registro F529100, amparada por la indiferencia de los que deberían defender a las enfermeras ¿Dónde está el sindicato? El inútil secretario general de la Sección 29 no debería seguir siendo cómplice ni sordo ni mudo. No puede seguir escondido tras las cortinas del protocolo mientras su gente es ultrajada

Una especie de parásito elegido para mirar hacia otro lado. Porque esto no es un conflicto laboral cualquiera. Esto es un grito colectivo en medio del desierto, un clamor de mujeres y hombres que están siendo pisoteados mientras salvan vidas ajenas. ¿Quién salvará ahora las suyas? Este hospital, símbolo de salud y cuidado, ha sido secuestrado por una estructura enferma que pone en riesgo tanto al personal como a los pacientes

Séptima trompeta
En el Hospital Pemex Comalcalco no hay ética, no hay piedad, no hay dirección. Lo que hay es una plaga de arrogancia que amenaza con devorar lo que queda de humanidad. Levantaron la voz, porque callar es morir. Esperan que el sindicato rompa complicidades y esté a la altura

Que no se siga siendo cómplice por omisión. Ni olvide que la lucha sindical nació para frenar al poder cuando se vuelve tiranía. Que no diga mañana que nadie advirtió el colapso: porque la séptima trompeta ya sonó y vienen las copas de la ira de “fuente ovejuna”. Regresamos

Séptima copa
Ayer nos hicieron llegar un video en el cual una persona trata de pagar su multa en la Dirección de Tránsito de Paraíso: la empleada con su uniforme de agente de tránsito ante el cuestionamiento de quien va a pagar: “si le van a entregar algún comprobante que acredite la cantidad de lo que está pagando” y así, sin el menor ápice de vergüenza la policía de caminos le dice: “si quieres comprobante ve a pagar al ayuntamiento y pague completa la multa”

¿En qué tiene convertida la agencia municipal de Tránsito, el alcalde Alfonso Baca? En una alcancía a la mano donde no le rinde cuentas a nadie de los dineros de las multas de Tránsito, que por cierto están convertidos en verdaderos “perros de rancho”, ven las llantas de un carro o moto: lo persiguen, se prenden y muerden, hasta que “paga la cuota” ¡Esa es la cuota de honestidad de Movimiento Ciudadano en Tabasco!

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