
Armagedón
“El que encubre su pecado no prosperará; mas el que lo confiesa y se aparta alcanzará misericordia”
Proverbios 28:13
Silencio que huele a miedo
Alfredo A. Calderón Cámara
alfredocalderon1960@gmail.com
La cúpula tiembla. El manto de impunidad que durante años se tejió con hilos de lealtad ciega y pactos en la penumbra, comienza a rasgarse. El caso de Hernán Bermúdez Requena, exsecretario de Seguridad Pública de Tabasco y hoy prófugo con ficha roja de Interpol, no es un simple “tema judicial”. Es el clamor del juicio que llega. Y la espada ya apunta hacia el pecho de su mentor: Adán Augusto López Hernández
No es casualidad ni azar. Bermúdez Requena fue el hombre de confianza del entonces gobernador López Hernández. Dueño del brazo armado institucional, operador del miedo y custodio de los secretos de la noche. Hoy, señalado como presunto cabecilla de La Barredora, brazo regional del crimen organizado, tejió redes de protección, pactó silencios, amasó dinero y sembró terror. A cambio, recibió poder, fuero de facto y silencio oficial
¿Y Adán? Calla. Se le fue la voz o se le llenaron de lodo las cuerdas vocales. La responsabilidad política no se esfuma como perfume en el viento. El que nombra, sostiene. Y el que sostiene, responde ¿O acaso nos quieren hacer creer que durante los años de violencia, extorsiones, casinos ilegales, licitaciones amañadas y fortunas exprés, el entonces gobernador —y después secretario de Gobernación— no sabía nada? ¡Cuidado! La ignorancia en política no exime, condena
El poder y la complicidad. Lamentable: en Morena Luisa María Alcalde y cúpula hacen como que no ven, se tapan los ojos y juran que “no hay carpeta”. Pero el problema no es penal, es moral. La responsabilidad no se mide sólo en códigos, sino en principios. Un funcionario que estuvo al frente de la seguridad estatal, hoy prófugo, exhibe la desnudez ética del lopezobradorismo de segunda generación
El evangelio de la 4T decía: “No mentir, no robar, no traicionar”. Pero ahora parece leerse: “No ver, no preguntar, no tocar al ungido”. Se equivocan. Porque Claudia Sheinbaum realmente quiere gobernar —no solo administrar—; por lo mismo, no puede permitir que los cimientos de su proyecto se pudran por proteger a un Adán Augusto cada día más hundido y caído en desgracia
Ubiquemos ¿Qué sigue? ¿Omisión o encubrimiento? La figura de Adán Augusto fue erigida como la roca firme del obradorismo, recordemos, en sus tiempos de secretario de gobernación, él sostenía, abría y cerraba la puerta. Pero hoy esa roca está resquebrajada. Si hubo alertas sobre Bermúdez y no actuó, es cómplice por omisión. Si la esfera del poder le impidió ver si había alertas, es culpable de incompetencia
De cualquier forma a estas alturas Adán Augusto ya perdió el juicio del pueblo, y el tribunal de la historia ya redacta el veredicto. La etiqueta de «narcopolítico» en su frente es inamovible. Y esto apenas va es el inicio de la gran tribulación: el nombre de Bermúdez es sólo uno de los siete sellos. Vienen más. Alejandro Moreno es otro otro sello en puerta al encender la pira con las siete actas constitutivas de empresas ligadas a la red de corrupción
Notarios, prestanombres, empresarios “del esfuerzo” con jets privados… todos están en el radar. Y el radar no miente. El lodo que salpica ¿Quién protegerá ahora al que protegía? Adán Augusto creyó que el 90% de equivocada lealtad era blindaje eterno. No entendió que el poder, cuando huele sangre, muerde. Y hoy el colmillo se afila. En Tabasco, en el Senado, en el gabinete, empresarios, notarios y remoras, todos huelen a miedo
Adán Augusto hiede, Morena lo sabe y enfrenta su séptimo sello: o se limpia y lo desecha o se pudre desde dentro. Porque el silencio de Adán ya no es prudencia, daña y lacera, es afrenta. Y todo el grupo que calla en medio de la tormenta, lo hace porque tiene demasiado que ocultar e imposible de tapar. Temen y con razón, porque es inocultable que la llaga día a día crece, contamina y devora como una mancha voraz
Séptimo sello
La seguridad de Tabasco era sagrada. Adán sabía que todas esas vidas de inocentes daños colaterales no debió delegarlas en manos de traidores, ni encárgalas a criminales. El pueblo en las urnas le entregó la confianza y en reciprocidad recibió oscuridad y muerte. El silencio de Adán Augusto no es un accidente: es una confesión que grita en el limbo, que él no se atreve a hablar
Séptima trompeta
Entendamos: si no habla, otros ya están hablando y seguirán hablando por él. Sabe que se sostiene con alfileres, le apuesta a no caer; la presión y la pudrición lo arrastrarán. Porque la historia ya abrió el libro, sus antecedentes y ligas con los malandros son demasiado evidentes. Y la sentencia es cuestión de tiempo; además, viene escrita en fuego
Séptima copa
“Del fuero al lodo” podría ser el título del siguiente capítulo de un personaje que esgrimió el despreció a los medios como estandarte, un bumerang que ha regresado con potencia inaudita en su contra, no tiene amigos porque los que tenía los ofendió. “Porque el poder que se lava las manos a costa del dolor y muerte de los demás, también deja huellas de sangre. Y el que calla y guarda silencio cómplice en medio de la tormenta, tarde que temprano será alcanzado por el relámpago y caerá fulminado por el trueno del rayo”
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