Son agujeros muy reducidos donde la lámpara o linterna no funcionan, se dice que son minas encantadas donde los mineros tienen que ingresar con velas benditas

El ámbar es una resina fosilizada conocida en todo el mundo, pero se extrae de las minas en un proceso muy laborioso y de alto riesgo en el municipio de Simojovel de Allende al norte de Chiapas. Los mineros se internan en agujeros profundos sin equipo, con herramientas rudimentarias, por lo que algunos han decidido migrar a los Estados Unidos ante el alto riesgo de su labor.
La artesana del ámbar Irma Ramos Sánchez, narra que los mineros para introducirse a las minas lo hacen caminando, no llevan protección por lo que su labor es de mucho riesgo. Van con su punzón, martillo, marro, cincel y sus velas porque las lámparas no les funcionan. “Las minas son encantadas”, destaca la mujer quien añade que cada minero va escarbando las paredes y el techo de los pequeños túneles que ellos crean, en busca de la resina. Y cita que la actividad se realiza desde hace años, pues de acuerdo a investigadores el ámbar se ha formado desde hace 40 millones de años o más.
Dijo en entrevista que desde muy pequeña empezó su aprendizaje en la artesanía a base del ámbar, a los 15 años comenzó a perfeccionar su elaboración y lleva 60 años en el oficio, donde para la limpieza del producto ocupa limas de fierro y lijas de diversos calibres.
Comenta que un kilogramo en bruto del ámbar ellos lo compran entre 15 mil a 20 mil pesos, del cual sólo se aprovecha 750 gramos y la ganancia es otra cantidad similar al costo de inversión.
Ramos Sánchez menciona que le fascina la industrialización del ámbar, aprendió con su familia, su tía hermana de su padre y su progenitor que fue su segundo maestro. Ella es la tercera generación de la familia dedicada a la transformación de la resina fosilizada, le sigue su hija y su nieta, por lo que su familia lleva un promedio de 200 años haciendo piezas de esta resina.
Irma Yesenia Suárez Ramos, su hija, cuenta que lleva 40 años transformando el ámbar, ha podido llevar sus joyas a España, Estados Unidos, Canadá, entre otras naciones. “La satisfacción es que traemos economía para la población de Simojovel de Allende, para nuestras familias y para las zonas donde compramos el insumo que es Tuxtla Gutiérrez”, destaca.
Comentó en entrevista que ha habido una sobrexplotación por parte de chinos que llegaron a Simojovel de Allende hace unos 8 años comprando muy caro la resina. No podíamos hacerles competencia, les pedimos a los mineros que no podían hacer eso, por eso estamos siempre exhibiendo nuestros productos.
Dijo que un industrial puede introducirse a las minas hasta 200 metros de profundidad porque el oxígeno empieza a perderse pero los mineros al estar ya acostumbrados logran entrar hasta mil metros sin equipo, con el riesgo permanente de un colapso, mientras las linternas no aguantan mucho tiempo y a los 150 metros ya no funcionan.
“La vela es resistente, puede tardar unas tres o cuatro horas dependiendo cómo esté el oxígeno por dentro, pero es peligroso y rudimentario, tienen que llevar velas benditas para que puedan extraer el ámbar porque los cerros son encantados, hay ocasiones que sacan un puñito, un cuarto, una sola pieza, hay quienes extraen un kilogramo, hay quienes no sacan nada”, insiste Suárez Ramos.
En su colección y aparadores exhibe joyas con insectos incrustados, piezas muy pequeñas como aretes para recién nacidas, pulseras pequeñas para evitar el mal de ojo a los niños, anillos, collares, pulseras, dijes para damas, extensibles para relojes, crucifijos, rosarios, entre otras piezas.
//Tomado de: http://Heraldo de Chiapas
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