Los hallazgos ocurrieron durante un proyecto arqueológico desarrollado entre 2008 y 2012 revelan que servían para actos ceremoniales

Los espejos mesoamericanos, lejos de ser simples instrumentos de vanidad, cumplían funciones mágicas y ceremoniales, según explicó el doctor Emiliano Gallaga Murrieta, arqueólogo y profesor de asignatura en la Universidad Autónoma de Chiapas (UNACH), al presentar avances de su investigación sobre estos objetos rituales.

Gallaga detalló que dos espejos de pirita, uno hallado en Bonampak y otro en Chiapa de Corzo, forman parte de su estudio sobre la producción y el simbolismo de estos artefactos en la época prehispánica. “Una de nuestras hipótesis de trabajo es considerar que los espejos en Mesoamérica no fungieron como un artefacto estético, un artefacto para verse”, afirmó.

Según el especialista, los espejos reflejaban no solo imágenes, sino también creencias profundas sobre la relación entre el mundo terrenal y el espiritual.

“Pensamos que, en realidad, los espejos en la época mesoamericana, más que objetos estéticos, eran de uso mágico y ceremonial. Eran como portales o instrumentos de comunicación con los dioses y las fuerzas de la naturaleza”, explicó.

Gallaga subrayó que estos objetos eran escasos y exclusivos. “La fabricación de espejos era algo especial, reservado únicamente para las élites. Estamos hablando de gobernantes, reyes, príncipes, grandes comerciantes, militares de alto rango, sacerdotes y nigromantes”, añadió.

Respecto a la antigüedad de los hallazgos, el arqueólogo precisó que los espejos de Bonampak datan del Periodo Clásico (300 al 700 d.C.), mientras que el de Chiapa de Corzo es aún más antiguo. “Son espejos muy tempranos. Estamos hablando de alrededor del 400 a.C.”, comentó.

Destacó que, por su técnica de manufactura, el espejo hallado en Chiapas representa una transición entre las tradiciones olmecas y los modelos del periodo clásico: “Pensamos que ahí es cuando comienza a jugarse con la idea de cambiar la forma de fabricación de los espejos”.

Los hallazgos ocurrieron durante un proyecto arqueológico desarrollado entre 2008 y 2012, en el que se excavó una tumba de élite en el Montículo 11 de Chiapa de Corzo. “Se localizó a un personaje adulto de unos 50 años, con una joyería impresionante. También había dos sacrificados: un adulto joven, de entre 20 y 25 años, y un infante, posiblemente de pocos meses de edad”, reveló Gallaga.

El estudio de estos artefactos sigue aportando valiosas pistas sobre las complejas prácticas rituales y el uso del simbolismo en las antiguas civilizaciones mesoamericanas.

//Tomado de: http://Heraldo de Chiapas

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