Aunque ganaron en las urnas, las alcaldesas y regidoras enfrentan usurpación de funciones y violencia política por parte de líderes locales, reflejando la brecha entre la ley y la realidad en los municipios indígenas.

En Chiapas, ocho alcaldesas de la región de Los Altos y cerca de 60 regidoras y síndicas sufren violencia política, a pesar de haber ganado en las pasadas elecciones, ya que, debido a los usos y costumbres, no pueden ejercer el poder. Desde 2014, la legislación electoral obligó a los partidos políticos a cumplir con el principio de paridad vertical, horizontal y transversal, pero en la práctica, no se ha reflejado.
En la región de Los Altos de Chiapas, las presidentas municipales que sufren este tipo de violencia incluyen a Julieta Gómez de Amatenango del Valle; María Guadalupe López Camacho, de Huixtán; María Velázquez Ortiz, de Mitontic; Manuel Angélica Méndez Cruz, de Ocosingo; Guadalupe Guzmán Villarreal, de San Lucas; Guadalupe Deara López, de Sigala; Catalina Pérez Ruiz, de Aldama; y María de la Luz Hernández, de Rincón Chamula San Pedro, además de otras 60 regidoras y síndicas de mayoría relativa y de representación proporcional.
En las elecciones locales del 2 de junio en Chiapas, y en las listas de ganadores de los 124 ayuntamientos dadas a conocer por el Instituto de Elecciones y Participación Ciudadana (IEPC), 581 mujeres obtuvieron el triunfo, entre presidentas municipales, síndicas y regidoras por el principio de mayoría relativa, frente a 562 hombres. Sin embargo, Ruby Araceli Burguete Cal y Mayor, doctora en Ciencias Políticas y Sociales con especialidad en sociología por la UNAM, afirma que todas las mujeres indígenas no ejercen su cargo, principalmente en la región de Los Altos.
Mujeres indígenas enfrentan desafíos para ejercer su cargo en los municipios de Los Altos de Chiapas, donde persiste la violencia política de género / Adolfo Vladimir / Cuartoscuro.com
“Son visibles los fenómenos de la paridad simulada y la usurpación permitida, como prácticas recurrentes en los municipios indígenas, lo que ha dado lugar a una implementación fallida del principio constitucional de la paridad de género en el estado de Chiapas. Son numerosas las conductas de violencia política en razón de género que no son sancionadas; la usurpación no se limita solo a la presidencia municipal, también afecta a las sindicaturas y regidurías, donde las mujeres son desplazadas, lo que representa un retroceso”, destacó Burguete Cal y Mayor.
“En los municipios indígenas de la región de Los Altos, todas las mujeres no ejercen sus cargos. En todos los municipios indígenas no se respeta el espacio que ganaron las presidentas municipales, las síndicas y las regidoras. En otros estados, se han formado redes de diputadas locales que pueden tener en su agenda la defensa de los derechos políticos electorales de las mujeres indígenas, para tomar una parte activa en la vigilancia de que las mujeres puedan acceder a los cargos”, añadió.
La socióloga precisó que la violencia política en razón de género está tipificada como delito, pero en sentido estricto, a los colectivos no les corresponde la defensa, debe ser tarea de las legisladoras del Congreso del Estado defender los derechos políticos electorales de las mujeres en Chiapas. “En el caso de las mujeres indígenas, todas son violentadas en sus derechos; ni las síndicas ni las regidoras, ninguna ejerce su cargo”, subrayó.
Llama la atención, por la gravedad del delito, el hecho de entregar un bastón de mando a hombres que usurpan el cargo de presidentes municipales, síndicos y regidores en pueblos indígenas, con lo que se legitima el agravio con el pretexto de los usos y costumbres, que en realidad se convierte en un agravio tolerado, precisó la investigadora. “Esta defensa no está en la agenda de las diputadas del Congreso del Estado, ni del Observatorio de Participación y Empoderamiento Político de las Mujeres, del cual soy parte, y no nos han convocado”, narró.
Señala que el problema radica en que no fueron elegidas, esta democracia política es una imposición, hay una racialización del accionar de los partidos políticos que presionan a las mujeres indígenas para “seleccionar” a sus candidatas. Son las fuerzas políticas las que determinan en qué municipio va a encabezar una mujer la planilla, en algunos competían entre sí, pero ya sabían quién iba a ganar, aunque no gobernará, no se le reconoce su ciudadanía, lo que existió fue el registro de la credencial de elector, no de la mujer candidata, y al final, no ejercerá el cargo.
Por su parte, la vicepresidenta del Congreso del Estado, Elvira Catalina Aguiar Álvarez, diputada local de Tapachula por el Partido del Trabajo, expuso que “al final de cuentas, las mujeres son las que tienen la representación de su municipio, son las que firman, las que rinden cuentas. Desgraciadamente, se ha visto que es un problema cultural, y creo que tiene que avanzar un tema cultural para que esta situación se modifique”.
“Es muy difícil para una mujer asumir el poder en un contexto donde las costumbres no son esas, donde a la mujer no se le ha dado la oportunidad de participar, de tener liderazgos, de formar parte de las decisiones de los municipios, y por eso es la falta de confianza arraigada culturalmente hacia las mujeres que lideren. Ya no es una cuestión de la ley, porque existe, es una cuestión que tiene que transitar de lo cultural”, afirmó en entrevista.
La legisladora considera que no todas las mujeres que ganaron elecciones estarían siendo víctimas del despojo y la usurpación. Mencionó casos complejos en años pasados en Chenalhó, Aldama, Mitontic y San Juan Cancuc que son muy lamentables, y subrayó que habría que hacer una defensa de los derechos a partir de una estrategia definida para garantizar que los usos y costumbres no se conviertan en despojo y violación de derechos.
La paridad que ha ido avanzando en Chiapas no ha sido la misma en los pueblos indígenas, donde las cosas son distintas. “Podríamos decir que se trata de usurpación de funciones, pero a ciencia cierta no tenemos el contexto. Hay que hacer una defensa de todos sus derechos. Hay que aprovechar todos los escenarios, y este 2025 es el año de la mujer indígena. Hay que hacer algo por sus derechos”, expuso.
La escritora chiapaneca Chary Gumeta considera que todas las mujeres necesitan un asesoramiento en cuanto a sus derechos y deberes, ya que “les han puesto un nombre que a mí me molesta: las Juanitas. Es un señalamiento hacia nuestro género, y no estoy de acuerdo con eso que pasa en política, en la que las mujeres parecen ser como títeres, porque detrás hay un hombre ordenando y manejándolas”.
En entrevista, hace un llamado a las mujeres que ganaron elecciones el 2 de junio: “Deben emanciparse, tomar el toro por los cuernos e imponerse. Yo no sé mucho de política, porque no me gusta, pero digo las cosas como son. Yo no tengo compromisos con nadie. No estoy de acuerdo con la violencia que sufrimos las mujeres, que nos quitan el derecho de ejercer nuestro cargo, y hay hombres manipulándonos”.
“Generalmente ponen mujeres porque dicen que es fácil manejarlas, pero somos mujeres de carácter, no estamos mancas. Además, somos bastante inteligentes, solo que a veces dejamos que nos manipulen y los miramos desde arriba. Yo estoy de acuerdo en que las mujeres deben tomar la responsabilidad que les han encomendado, evitar que los hombres nos generen violencia al ejercer nuestros cargos”, reiteró.
La violencia política de género continúa afectando a las mujeres indígenas en Chiapas, limitando su participación activa en la toma de decisiones / Adolfo Vladimir / Cuartoscuro.com
Por su parte, el presidente de la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDH), Horacio Culebro Borrayas, expuso que la única forma de defender los derechos de las mujeres que ganaron elecciones el 2 de junio de 2024 es que presenten denuncias, ya que no hay otra forma de hacer valer sus derechos; no se sigue de oficio. “Hay mujeres que ganan una presidencia municipal que el marido maneja, pero nunca denuncian. Se sujetan al marido, y él sale al frente”, aclaró.
“Si hay una denuncia, debemos hacerla del conocimiento del Congreso del Estado para que tomen conocimiento, ya que son los únicos facultados para tomar una determinación en relación con esto. Tiene que haber denuncia, investigación y proceder en contra del que usurpa el cargo”, reiteró en entrevista.
“Deben denunciar porque yo no sé si en Chanal, Huixtán, Huitiupán, Simojovel, Bochil, El Bosque, Chenalhó, Chalchihuitán, entre otros, no sé quiénes están como mujeres siendo presidentas municipales y siendo manipuladas por otros. Entonces, tienen que denunciar, y aquí vamos a estar abiertos. Yo las recibiré personalmente”, reiteró.
Mientras tanto, la diputada Selene Josefina Sánchez Cruz, presidenta de la Comisión de la Cultura y la Chiapanequidad del Congreso del Estado, dijo que la violencia política en razón de género no es nueva; desde 2014 se intensificó, y en 2019 se pidió que no se permitiera que solo se registraran mujeres para llenar el requisito, sino que las listas debían ser verificadas por los partidos políticos y por el IEPC.
El IEPC debe ser el primero en verificar que no se trata solo de cumplir con el requisito de registrar nombres de mujeres. Hace unos meses, el mismo órgano electoral dio a conocer los filtros creados para hacer frente a la violencia política en razón de género, la coacción o presión. En 2012 y 2018, la situación se intensificó, con una ola de mujeres que renunciaron porque fueron obligadas a hacerlo, insistió la diputada de Morena del municipio de Bochil.
Consideró que desde el Congreso del Estado se debe verificar que se cumpla con la ley, o verificar si se presenta la usurpación de funciones, y si hay que reformar leyes para combatir el delito. “Si hay que denunciar, investigar y proceder, que se haga conforme a derecho. Hemos tenido reuniones con servidoras públicas municipales, se les ha capacitado. Duele que haya mujeres víctimas. Las mujeres deben entender que somos bendecidas al estar en un espacio de poder para servir, y que tenemos que hacer lo que nos toca, que no permitamos que haya despojo”, finalizó.
//Tomado de: http://Heraldo de Chiapas
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